¿cupido o Destino?

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Capitulo Seis

Anoche no pude dormir, luego de varias semanas me volvió a visitar. Se instalo aquí conmigo y no se quiso ir en toda la noche, me regalo su compañía pero es que yo no la quiero, no es bienvenida.

Los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana y deberían parecerme lo más hermoso pero lo veo gris, me agarro a la cobija haciendome más pequeña, queriendo quedarme ahí para siempre. Mi cuerpo no parece responder, mi mente no ayuda y es ella la primera que me obliga a no moverme, el insomnio salio de su escondite y las voces en mi cabeza volvieron para jugar conmigo.

La fiesta comenzó cuando me metí en la cama, pero no es la fiesta en la que quiera estar. Ella, ella tiene la culpa, la ansiedad que me mantiene despierta, me amarra a la cama y me tortura pero no viene sola, no ella jamas esta sola, llama a la depresión y juntas juegan conmigo al juego que no quiero ser parte.

Una lágrima cae por el rabillo de mi ojo y se siente tan pesada como si ella también estuviese cansada, la misma pesadez que siento yo, en esta soledad de mi habitación, de mi vida.

Me siento cansada, harta y sin ánimos. Ellas se lo han llevado todo. Me siento patética, miserable y tonta, ellas me han hecho creerlo cada vez más.

La noche fue eterna y me torturo cada minuto. Se que debo levantarme, debo ir a casa de mi mamá, eso debería ponerme feliz, pero no, no lo hace. Me cuesta salir de la cama, el cuerpo pesa y cada movimiento es un gran esfuerzo, que al final me cansa más. Saco un pie y luego el otro, a empujones me levanto y me arrastro por la habitación hasta el baño.

Dentro de la regadera solamente dejo que el agua caiga sobre mi cuerpo, las gotas golpean toda mi piel, y en un segundo mis lágrimas se confunden con el agua. Agarro mi cabello y lo halo intentando entender como llegue hasta aquí, como volví a esto. 

Al salir mi reflejo en el espejo me hace sentir peor, y es que no encuentro algo que me guste ahí.

Me visto con lo primero que encuentro y agarro mi cabello en una cola alta.

El timbre suena, alguien esta en mi puerta, tocan una vez más.

— ya voy — contesto sin ánimos de ver a nadie

Una vez mas tocan, y otra y otra.

— ya.. ya voy

Al abrir intento cambiar mi cara. Es Raúl, me sorprendo al ver en su mano dos cafés. El sonríe, y yo intento hacer lo mismo.

— Buenos días — saluda él primero

— Buenos días — me hago a un lado para que el pase y luego sierro la puerta.

— no sabia como te gusta el café, así que te traje un late — dice mientras me lo entrega

— me gusta, gracias — me siento en un sofá.

Él revisa un estante colocado junto a la ventana que tiene todos mis libros. Los examina con mucho interés y luego pregunta.

— ¿Los leíste todos?

— no, me falta Prisión Verde y Cien años de soledad de Gabo — contesto con la verdad

— ¿porqué? — se sienta frente a mí

— no tengo mucho tiempo ya...

— ¿Trabajo.?

— si — me siento peor

Él me ve y siento que quiere decir algo, juega con el baso en su mano y habla.

— aún me debes una 

— ¿por eso viniste? — me decepcioné un poco

— así es... ya se como la pagaras

— ¿que queres que haga.?

— aceptar una cita conmigo

— a... eso.. 

Una cita, tanto tiempo desde la ultima vez, y siempre se viene a mi mente por el trabajo.

— ¿Tengo otra opción? — pregunte sabiendo la respuesta

Él negó con la cabeza y una sonrisa entre picara e inocente.

— ¿hoy..?

— voy a ver a mi mamá

— ¿Cuando podes?

— el sábado... — pensé en el único día que salgo temprano.

Estuvimos media hora más platicando, bueno él haciendome platica. Tenemos poco en común, como dos mundos distintos terminamos el café y es hora de irme.

— cuidate — dice desde el pasillo

— igual, gracias — respondo antes que el ascensor se cierre.

Y me apoyo en la pared esperando salir para continuar mostrando la mejor versión de mi sonrisa, mi mamá debe seguir pensando que estoy bien y soy feliz.



Sol

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En el texto hay: juvenil, vidas cruzadas, amor

Editado: 17.07.2019

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