Cupido S.A de C.V.

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CARTA A QUIENES SE MARCHARON

Aquel día, cuando llegaron con la noticia de tu partida, no lloré. 

No lloré, aun cuando todo mundo se empeñó en hacerme ver a mi como la victima. No hubo una sola persona que no corriera a abrazarme y decirme "todo va a estar bien". No entendía, no comprendía el por que de aquellas palabras. Dijeron que te habías ido, que no volverías, pero yo no les creí. Tu nunca me habías dejado, tu siempre estuviste ahí. Ellos solo mentían. Mentían porque no eran capaces de aceptar, el brillo que emanábamos juntos. No lloré ni siquiera cuando mi madre me abrazó fuertemente y mi padre apoyo su mano sobre mi hombro, ni cuando mi hermano me vio con lastima esperando que fuera fuerte. 

Verte por ultima vez, acostado en ese maldito ataúd, dormido, en paz, como hacía mucho no te veía, me destrozo por dentro. Un maldito cristal se interponía entre nosotros, lo golpee con la esperanza de sacarte de ahí, aun a sabiendas de que eso no cambiaría nada. Te había perdido, pero me negaba a aceptarlo. Mi mente se cerró a toda idea que implicara aceptar tu perdida. 

En el cementerio, muchos lloraban, otros hablaban sobre la maravillosa persona que fuiste, ¡como si te hubiesen conocido de verdad! Todos me veían de mala gana "No dijo que lo amaba, ¿como es que no llora?", los escuchaba que murmuraban a mis espaldas. No les preste atención y continué observando aquella fosa que alguien había cavado. Unos tipos vestidos con trajes de apariencia, caros, corrían de un lado para otro y entonces volví a la realidad. 

No volvería a escuchar tus consejos, no volvería a perderme en tus ojos, ni a ser participe de tus alegrías. No podría volver a acudir a ti cada vez que necesitara consuelo. Tampoco ibas a estar ahí, en los momentos mas importantes de mi vida. En aquel hermoso futuro que por años, habíamos planeado.

Fue entonces cuando mis fuerzas me abandonaron. Corrí con la esperanza de detener el tiempo, de impedir que te sepultaran y te perdiera para siempre. Una pesada carga comenzó a formarse en mi pecho, haciéndose cada vez mas pesada, conforme mas tierra caía sobre el ataúd. Grité, pues pareciera que nadie era capaz de entender la magnitud de aquello. La gente a mi alrededor lloraba en silencio, mientras mi familia hacía lo posible por controlarme. 

No recuerdo como llegue a casa, pero soy consciente de todo lo que lloré la primera noche sin ti. Cada recuerdo feliz que se tiño de tristeza y parecía tan vivo y a la vez tan irreal. 
Me sentía tan incompleta, como si una gran parte de mi alma me hubiese sido arrebatada. Me sentía inmune, desprotegida. Tenía miedo de todo y de todos. Te fuiste en una abrir y cerrar de ojos, haciendo que todo pareciera solo una horrible pesadilla de la que quería despertar con desesperación.

   

Una vez me dijiste, "Puedes cortar la copa de un árbol, pero si este a echado raíces, te sera difícil deshacerte de él", y creo febrilmente que tu has echado raíces en mi. En cada consejo, en cada palabra de aliento, en cada recuerdo que compartimos juntos y en cada promesa que nos hicimos. He de admitir que, al principio deseé con todas mis fuerzas abandonar aquellas promesas, ¿que caso tenia? tu ya no estarias aqui de todas formas. Pero paso el tiempo, y a la fecha, no logro explicarme, ¿como es que logre vivir tanto tiempo con tu ausencia?

Las promesas que nos hicimos, llegaron a tomar demasiada fuerza, al grado de ser la unica razon que me mantuvo viva por mucho tiempo. Siempre me dijiste que no debía arrepentirme de ninguna de mis acciones, pero el hecho de permitir que te marcharas sin haber sido capaz de despedirme de ti, siempre sera algo de lo que me arrepentiré. Quisiera que pudieras abrazarme de nuevo como solías hacerlo para aprisionarte en mis brazos y no permitir que te alejes de nuevo, pero soy consciente de los límites que existen para todo. 
Dejo de importarme lo que los demás decían a mi alrededor, a pesar de saber que, muchos de ellos solo trataban de ayudarme. Tal vez, me negaba a darme cuenta que había más personas, ademas de ti, a quienes les importaba.

Debí decir tantas cosas la última vez que nos vimos. Debí abrazarte más fuerte, debí mirarte a los ojos y hacerte saber cuan importante has sido y seguirás siendo para mi sin importar nada. La vida continúa, pero extrañamente, se torna de un color extraño. Ya no veo el brillo en las cosas tan comunes que solíamos hacer. Se perdió la emoción por las fechas que solíamos compartir. Hoy solo me quedan fotografías, donde quedó la evidencia de que alguna vez logre sonreír. 
Compartimos gran parte del camino juntos, pero olvidaste enseñarme como continuar sin ti. 
Hoy, no queda ni rastro de aquella persona que conociste antes. Cambie, y aunque no soy consciente de que tan bueno sea ese cambio, estoy segura que en muchos aspectos logre madurar. 
Por mucho tiempo viví engañandome a mi misma, haciéndome creer que estaba bien y que podria con todo. Fingiendo una sonrisa con todo mundo, aún cuando al llegar la noche lo único que hacía era llorar. Traté de olvidarte hasta que me dí cuenta que era imposible. No puedo, ni quiero hacerlo. Recordarte es la única manera en la que puedes seguir vivo dentro de mi y me niego rotundamente a dejar atrás esa oportunidad. 
Me dí cuenta que incluso respirar dolía, pero aún así, me esforzaba por continuar. Quería protegerte como lo hacías conmigo, pero no fui capaz. Tal vez, aun era demasiado débil, tal vez no necesitabas que yo te protegiera. En mi vida fuiste un bello ángel, que llegó a mi vida para cambiarla y enseñarme cientos de cosas que, he de admitir, aun no logró comprender del todo.
Agradezco haber coincidido contigo. Agradezco cada risa, casa lágrima, cada bendito recuerdo que compartimos, cada consejo,cada canción. Por mucho tiempo no fui capaz de hablar de ti, sin que las lágrimas escaparan de mis ojos y ensuciaran tu recuerdo. Hoy, en cambio, me he armado de valor para decirte todo lo que jamas te dije. Aunque te conozco lo suficiente como para saber, que tu siempre supiste todo esto. Nosotros no necesitábamos palabras, siempre nuestras acciones dijeron más. Sin embargo, hoy no hay acción que logré que regreses a mi lado, y aunque las palabras quedan cortas, hoy algo dentro de mi ha sanado. 
No trato de decir que te olvidaré, eso jamás pasara, pero aprenderé a vivir con tu ausencia. Aprenderé a ser la persona que tu querías que fuera y dedicaré cada día de mi vida, a convertirme en alguien mejor. Donde quiera que estés, jamas te voy a olvidar y aunque ahora no estés aquí para guiarme, siempre caminaré por el camino que trazamos juntos.



Mariiah Cisneros

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En el texto hay: desamor y amor, amistad, amistad y drama

Editado: 23.07.2019

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