Cupido S.A de C.V.

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REALIDAD

Era mentira, tenía que serlo. Era yo quien había muerto, esto era solo una maldita farsa. Si, eso era. Era imposible que fuera real. De todas las personas del mundo, yo era una de las mas inútiles ¿Por qué tenía que ser yo quien continuara con vida, en lugar de, el? «fue mi culpa. Fue mi culpa. Yo lo mate. Fue mi maldita culpa» me repetía una y mil veces. Estaba acurrucada sobre el sofá, mientras abrazaba mis rodillas y me mecía para calmar mis nervios. «es mentira. ¡tiene que ser mentira! Los cielos debieron de haberse equivocado! Si, eso es. Me regresaran a Ness, solo tengo que esperar»

Es curioso, como a lo largo de mi vida, nunca me había comportado de manera tan acertada en el comportamiento de una persona "loca" como en aquella ocasión. Esperaba ver a mis compañeros de clase. Quería que, de alguna manera me hubiesen visto así, quería retarlos y decirles «¡atrévanse a llamarme loca de nuevo!»

Me había desmayado y mis padres me habían recostado en mi habitación. No me habían dejado sola. Cuando desperté, la mayor parte de mi familia estaba reunida ahí. Dicen que hice un berrinche horrible, el primero y único de toda mi vida hasta ahora. Grite y abofetee a mi prima, empuje a mis sobrinos e insulte a cuantos pude. Fue, el verdadero y autentico comportamiento de alguien loco. Sin embargo, no lo recuerdo. Recuerdo muy poco de aquel tiempo. Pero, lo poco que recuerdo, lo recuerdo con una claridad tremenda. Dicen que tuvieron que darme calmantes. Que me hablaban y no respondía, que falto poco, para que yo también muriera. No lo sé, tal vez eso pudiera ser posible.

Mi mente seguía repitiéndose, una y otra vez «yo lo mate. Murió por mi causa. Soy una asesina» dicen que comencé a decir eso en voz baja. Dicen que incluso ellos mismos lo creyeron. Dicen que parecía como poseída. Pero no, no lo estaba.

Continuaba abrazando mis rodillas y meciéndome. Era el único mecanismo de defensa que tenía y lo agote hasta donde pude.

Ya era viernes treinta de octubre ¿Cómo es posible? No han pasado siquiera unas horas desde que él se fue. Tenía que ser una pesadilla, solo en las pesadillas, el tiempo transcurre tan rápido. 

─ ¿Mey? ─ escuche que alguien me llamo, pero no respondí. ─ iré a la escuela para avisar que hoy no asistirás. ─ levante la vista, era Nina. Mi mente se volvió confusa.

─ no, si iré. Hoy saldremos temprano. ─ respondí instantáneamente. Me puse de pie y busqué mi ropa, me vestí y Salí. No desayune, bueno, en realidad, no recuerdo haberlo hecho. Llegue al escuela y todo parecía transcurrir de forma normal. Los prefectos custodiaban la entrada, yo entre sin problemas, como siempre. Llegue hasta mi salón, no recuerdo haber visto a ninguno de mis compañeros. Solo recuerdo, haberme sentado en mi lugar y haber sacado mi viejo cuaderno de matemáticas y haberme puesto a garabatear. Estaba como ida. Mi mente no encontraba paz con nada. Volteé levemente hacia el otro lado del salón y vi al grupo más popular del salón, riendo y jugando. Me dio rabia. ¿Cómo es posible? La vida de un ser tan maravilloso había terminado, y seres tan podridos y huecos, continuaban con su vida riendo y siendo felices. ¿Por qué? La vida, debe continuar, lo sé, bueno, ahora lo sé. Pero, sigo sin entenderlo. La vida se extingue en un instante, se va. Se nos escapa, como el agua entre nuestras manos. No somos capaces de retenerla, podemos alargarla un poco, pero, tarde que temprano terminara por desvancerse.

No me había dado cuenta, pero sin querer mi cuaderno había caído al piso y yo había dañado el pupitre al querer rayar en él.

─ ¿Qué te ocurre? ─ me pregunto Pita, otra de mis amigas, sentandose en el pupitre frente a mí. Voltee a verla y su estúpida y fingida cara de preocupación me hicieron enojar.

Quería decirle que se guardara su falsa preocupación, que no la necesitaba, pero en eso llego Charlotte.

─ ¿te sientes mal, Mey? ─ me pregunto. Su voz me sonó un poco más sincera, sin embargo, yo no quería responder. Levante mi cuaderno y me dispuse a continuar con mi rayadero. Roger, otro viejo amigo me tomo de la muñeca y me vio con lastima.

─ ¿Qué te pasa? ─ me pregunto. No quería responder. Sabía que me echaría a llorar. Y no quería darles ese gusto. Me quede callada. No supe cuando, pero las clases comenzaron. Fingí todo lo que pude, puse atención e ignore todo cuanto estaba a mi alcance, pero logre ver como, a pesar de no querer llamar la atención, era el blanco de todas las miradas, incluso de los propios maestros quienes, en más de una ocasión, me pidieron que fuera a prefectura por alguna pastilla. Estaba harta. Quería mandar todo al demonio. Estaba decidida en golpear a la siguiente persona que se atreviera a hablarme. ¿Por qué tenía que importarles mi comportamiento? ¿no habían sido acaso ellos, quienes me habían declarado como loca? Pues bien, me había vuelto loca al fin. Loca de verdad, con todo lo que eso implicaba, ¿Por qué demonios les causaba tanto interés?

Faltaban cincuenta minutos, un módulo más y podríamos salir de clases. Volteé de reojo hacia mi izquierda y vi a Agustín, mi antiguo amor platónico. Lo vi concentrado en su cuaderno. Con su negro cabello cayéndole sobre la frente y cubriendo sus ojos. Lo vi con cuidado. El, había sido el único que, aun no me preguntaba cómo me sentía Tengo que admitir que, eso me llego a decepcionar ligeramente. De todas las personas que se encontraban en el aula, a él, era a quien menos le importaba la vida de un adefesio como yo. Lo vi con cuidado, en verdad, ¿Qué era lo que me atraída de, el? No era nada del otro mundo. Si, era y es guapo, pero, no teníamos mucho en común. «tú, no me gustas. No puedes gustarme» me dije. Es simplemente estúpido. Confundí el cariño y tal vez la lastima, con algo más. ¡que tonta fui! ¡Qué tonta he sido siempre!



Mariiah Cisneros

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En el texto hay: desamor y amor, amistad, amistad y drama

Editado: 23.07.2019

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