Cupido S.A de C.V.

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ANGELES

Empezó noviembre y con ello, mis planes para el próximo cumpleaños de Charlie. Su fiesta de quince años seria postergada hasta Diciembre pero, como su "mejor amiga" deseaba darle el mejor regalo de todos. Aunque de sobra sabía que, la situación de mi familia me lo impediría.

Fingí lo mejor que pude que nada de eso me afectaba. Tanto en mi empleo como en mi nuevo colegio.

Aunque mi salario era verdaderamente deprimente. Trabaja más, para matar el tiempo que por otra cosa. La frutería de mis padres estaba cayendo poco a poco y no era consciente de ello. Las cosas se complicaban y ahora con la bendita colegiatura de mi nuevo colegio las cosas empeoraban.

Creí haber hecho amigos, pero la verdad es que no fui así. Desde el primer día de clase me convertí en lo que ahora se conoce como una marginada. Sin embargo, no me daba cuenta de ello. Me convertí en la favorita de los profesores por entregar a tiempo mis trabajos y siempre responder bien. Trataba siempre de acercarme, tanto a Mariela como a Delfi y Gustavo. Pero ellos eran unos niños ricos, que vestían ropa de marca, zapatos de edición limitada y todas esas cosas que, yo no era capaz de costear. Era más que obvio que me tenían lastima. Mis ropas se habían puesto más y más deterioradas con el paso del tiempo y mis zapatos siempre estaban sucios, o en muchos de los casos, me quedaban excesivamente grandes ya que ni siquiera eran de mi talla. Siempre usaba cosas que habían pertenecido a alguien más. Y mi cabello era un verdadero desastre que no se controlaba con absolutamente nada. Era más que obvio que, chicos como aquellos no voltearían a verme por ningún otro motivo más que por lastima. ¡Que estúpida debo de haberme visto! Aun así, fingía lo mejor que podía. Me hice a la idea que ellos eran mis amigos, aun cuando de sobra sabía que no era verdad. Mi madre sabía muy bien que algo malo me ocurría pero no dijo absolutamente nada (creo que esperaba que yo le dijera algo), en lugar de eso, hizo que mi prima Sophia entrara al mismo colegio. Lo cual, aminoro un poco la carga. Cada semana, antes de salir a tomar el autobús, ella me vestía con algunas de sus ropas y me arreglaba el cabello, haciéndome ver menos deprimente.

Ella había entrado en la carrera técnica de belleza y estaba en un salón distinto al mío, una planta arriba. Era muy obvia la diferencia entre ella y yo. Ella, alta de cabello oscuro y largo, ligeramente ondulado. Piel blanca y ojos grandes. Yo, de baja estatura, de piel morena, cabello horriblemente maltratado y ojos apagados. Si, éramos muy distintas.

Me di cuenta que, desde que ella llego al colegio, tanto Mariela, como Gustavo y Delfi comenzaron a acercarse más a nosotras. Comían con nosotros y nos trataban como si fuéramos parte de ellos. Ahora que lo pienso, todo esto me molesta demasiado. No soy una persona que tolere con facilidad, semejante acto de hipocresía. Pero en aquellos años, mi mente estaba tan pérdida que, cualquier muestra de afecto, por pequeña o falsa que pudiera ser, me hacía demasiada falta.

Aun con todo esto, yo no había dejado de ser una marginada. Esos chicos solo eran mis amigos, cuando Sophi estaba cerca. En el salón las cosas cambiaban. Procuraba siempre sentarme cerca del profesor para evitar que los demás me hicieran las bromas a las cuales estaban acostumbrados. Cambiaban mi asiento, dañaban mi computador o me lanzaban bolas de papel en la nuca. No tenía amigos reales (salvo por Sophi, claro) y eso me deprimía. Una tarde, cuando era la hora de salida, me quede unos instantes más para entregar un trabajo y note como los cuadernos de mi profesor, tenían estampados con varios animes que yo, de sobra conocía. Sonreí para mí. Estaba decidida a convertirme en la amiga del profesor. ¡Al fin había encontrado a alguien con los mismos gustos raros que los míos! Sobra decir que, en aquellos años, mis gustos eran algo verdaderamente mal visto, sobre todo en una chica. En la primaria tenía que ocultarme para que mis compañeros no supieran que me gustaban esa clase de cosas. (Aunque eso fue algo verdaderamente fácil, ya que prácticamente todos me ignoraban) Mis primos siempre las vieron conmigo. Cuando era niña, y enfermaba casi todo el tiempo, sin poder salir y jugar como una niña normal. Viendo desde la ventana como el resto de los niños podían correr y reír y ser eso, niños. Yo no tenía más consuelo que ver aquellas series e imaginar que yo también podía ser como aquellos súper héroes que tanto admiraba. (Era una niña, no me juzguen)

Muchas de las personas que me conocen, me llaman infantil, bueno, aparte de llamarme loca. Y sé que puedo llegar a serlo, y que muchos pueden sentirse agobiados por esto, pero, n o pediré disculpas por serlo. Queridos, ¡pase toda mi bendita infancia rogando por poder jugar como los demás niños! No era capaz de correr sin cansarme en un instante y sentir que moriría porque no me llegaba suficiente aire a los pulmones. No podía jugar en la lluvia, ni mucho menos comer un helado en el verano. Ahora al fin soy capaz de hacer todo eso y más, no me pidan que me comporte como cuando un adulto, cuando lo que más falta me hace, es comportarme como una niña.

A la mañana siguiente, Salí a comprar un broche con el anime que había visto en los cuadernos de mi profesor. Siempre fui buena para hacerme amiga de mis maestros. En la actualidad, puedo hablar con varios de ellos, muchos de los cuales siempre me apoyaron para convertirme en escritora. Ellos siempre tuvieron fe en mí y eso es algo por lo que siempre estaré eternamente agradecida.



Mariiah Cisneros

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En el texto hay: desamor y amor, amistad, amistad y drama

Editado: 23.07.2019

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