Dance with the dragon

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Recluida contra su voluntad.

 

El hombre de mirada de hielo la saco de la taberna. Monica estaba tan asustada que no logro emitir ni una queja.

No debí venir. Esto fue un error. Debí escuchar a mi madre...

Sus reprimendas hacia sí misma resonaban en su cabeza aunque su cuerpo parecía no obedecerla. Actuaba por sí solo, como... como si...

-Por favor... - logro decir entrecortadamente cuando el hombre la dirigía del brazo por la calle alumbrada con faroles.

El hombre de mirada gélida se volvió. La miro a los ojos tan asombrado que cualquiera hubiese pensado que le había dicho alguna grosería en lugar de una súplica. Se volvió con el ceño fruncido y continuo guiándola por la calle empedrada.

Llegaron al fin, a una enorme mansión al final de la calle. Monica la observo con atención, todas las casas eran hermosas, y espaciosas, estaban hechas de ladrillo, como en un pintoresco pueblito sin maldad. Aquella mansión era de ladrillo también, pero el detalle era precioso, tenía muchos lujos, para empezar, un enorme jardín, al que ponía fin un enorme portón chirriante, se dio cuenta de esto cuando el hombre de sombrero de copa lo abrió, Monica creyó ver el portón brillar ante el toque del hombre pero pensó que seguro deliraba.

Sería tan sencillo creer eso, drogada, tal vez, pero jamás bebió o comió nada. Lo único que hizo fue mirar fijamente los ojos azul cielo de aquel hombre.

Cuando traspasaron el enorme portón, este se cerró tras de ellos y el brillo se volvió a presenciar. Caminaron por el camino de baldosas grises hasta llegar a la entrada de la mansión. El hombre apenas la toco, pero la enorme puerta blanca se abrió de par en par. Monica estaba cada vez mas asustada y no se había dado cuenta de que lagrimas escurrían por sus mejillas.

-¿Tienes idea... de cuantas personas vienen aquí buscando algo que en realidad no comprenden? Y peor... ¿Qué ni siquiera necesitan? – susurro al fin el hombre.

Monica se dio cuenta de que al fin, su cuerpo le partencia de nuevo y podía manipularlo. Aun así, se quedo quieta. Pensó que correr ahora seria peligros, mas aun porque el hombre le bloqueaba la salida. Si tan solo lograra que se moviera un poco...

Pero el hombre pareció leer sus pensamientos porque de golpe, cerró la puerta tras él. Mónica cerró los ojos con frustración.

-¿Sabes... cuantas personas se han perdido por el sendero que lleva al pueblo?

-Lo... lo siento – logro articular – lo lamento, no sabía que no sería bien recibida, yo... escuche que aquí... podrían... ayudarme.

-¿A qué... exactamente?

-A olvidar.

La mirada del hombre de pronto se incendio. El frio se esfumo, el hielo se derritió, dejándole paso a un infierno.

-¡No tienes idea... de lo afortunada que eres al recordar!

Mónica se pego a la pared más cercana y se cubrió el rostro con los antebrazos pues sintió que una oleada de calor exploto contra ella.

-Lo siento... lo siento...

El calor se fue, y el frio volvió. El hombre, impecable como si jamás hubiese perdido los estribos se acerco a ella lentamente y tomo sus mulecas. Las observo con cuidado, Mónica solo quería apartar sus antebrazos marcados por la desesperación. Siempre odio que las personas miraran sus marcas detenidamente.

-¿Por qué tienes esas marcas?

No quería responder, no quería recordar eso.

-¡Responde!

-Yo... yo... me herí a mí misma. Trate... de... de... matarme.

El hombre frunció el ceño. Tenía el rostro pálido, delgado, de mandíbula cuadrada, labios carnosos, tremendamente carnosos y nariz retorcida. El cabello largo, lacio y negro lucia tremendamente bien bajo ese sombrero que parecía cosido a su cabeza pues no se movía ni un centímetro.

De pronto, sonrió. Mostro unos perfectos dientes blancos y sus labios crearon la más sensual curvatura. Y también la más fría.

-Que chica tan más estúpida.

Se dio la vuelta y con una señal le ordeno que lo siguiera.

Mónica pensó que ahora que estaba distrito seria el momento perfecto para escapar. Pero no logro que su cuerpo la obedeciera de nuevo. Sus pasos en vez de dirigirse hacia la salida, lo siguieron, adentrándose más en la mansión.

La desesperación volvió. Se dio cuenta de lo anormal de la situación. El hombre estaba controlándola, controlaba su cuerpo. El miedo la invadió que de haber estado en control de su cuerpo, seguro hubiese caído de rodillas.

El hombre la dirigió hasta una habitación. Abrió la puerta y la miro. Esta será tu habitación mientras tanto.

Mientras tanto ¿mientras qué?

Logro mover su cabeza en señal negativa y esta vez, el hombre no solo pareció sorprendido, sino divertido.

-Descuida, estarás a salvo. Lo prometo. – y cuando hizo la promesa, sus ojos destellaron en rojo.

La encerró en la habitación y Monica escucho sus pasos alejarse.

Rápidamente comenzó a buscar una salida, pero no encontró ninguna. Le resulto imposible abrir la ventana, parecía que estuviera pegada y nada de lo que le arrojo logro romperla.



Frann Gold

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En el texto hay: dragones, secretos, magia

Editado: 17.05.2019

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