Dance with the dragon

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Solo sigue el juego.

 

Mónica estuvo en la mansión durante varios días. Tratando de idear un plan para escapar, pero de todas las veces que logró llegar hasta el portón, esté jamás cedió.

Su única "aliada" era Raquel, pero tenía tanto miedo del dueño de la mansión que se rehusaba rotundamente a desobedecer cualquiera de sus ordenes.

Mónica pensaba que Raquel, muy seguramente también era una pobre víctima de aquel tirano y desidia que escaparían de ahí juntas. Pero primero debía convencerla de que había algo mejor fuera.

-Casi es hora de la cena – dijo Raquel con una cálida sonrisa cuando entro a la habitación.

Mónica suspiro, pensaba que seguirle el juego a aquel demonio era lo mejor que podría hacer por ahora. Así que los días pasados había estado asistiendo puntualmente a todas la comidas, bien vestida peinada. Callada y sumisa, como una de sus esclavas.

El hombre parecía contento, sonreía de lado y a pesar de que ella procuraba no hacer contacto visual podía sentir los ojos fríos y azules clavados en ella.

-Raquel... - Mónica no había hablado con la joven acerca de las cosas extrañas que había visto hacer al hombre la primera noche que llego a la mansión, pero la curiosidad la carcomía. – El... hombre... cualquiera que sea su nombre – Raquel se había negado a darle el nombre de aquel ser – él es... parecerá extraño, tal vez... pero la noche que llegue aquí... lo vi... sus ojos... él es... un hechicero ¿cierto?

Raquel la miro seria.

-Él dice que recor... sabrás, todo a su debido tiempo.

-No habrá tiempo para eso, nos iremos antes.

Como siempre que sacaba el tema, Raquel se puso muy nerviosa. A Mónica la chica le provocaba ternura, era pequeña, delgada, parecía enfermiza. Sus manos eran huesudas y sus pómulos muy resaltados. Parpadeaba bastante, como si estuviera nerviosa todo el tiempo.

-Estaremos bien, lo prometo. – Soltó Mónica tomando su hombro. Raquel le dedico una tímida sonrisa con sus labios rosados.

Bajo al salón, en donde el hombre ya la esperaba, el enorme guardia negro estaba de pie cerca de la mesa, en un rincón vigilando todo con sus ojos amarillos.

Mónica usaba un vestido de terciopelo rojo oscuro, con encajes negros. Era tan pesado y llevaba un corsé que le apretaba bastante y le impedía sentarse con comodidad.

Su cabello estaba trenzado al frente para apartarlo de su rostro y suelto de atrás. Los bucles cobrizos caían en cascada en contraste con el color del vestido.

Lo miro solo un segundo. Sus ojos azules como el cielo destellaban, tenía como siempre, media sonrisa socarrona.

-Muy buenas noches, espero que hayas podido descansar.

Mónica recordó que era la excusa que le había dado para alejarse de él por la tarde, un dolor de cabeza que requería de descanso.

-Si – trato de sonreír pero no lo logro.

-Confió en que mis empleados te trataran bien durante estos días, y te encuentres lo más cómoda posible.

-Sí. – soltó tratando de mantener la compostura. El tipo hablaba como en una novela de antaño, hacia que los pelos se le pusieran de punta.

-Realmente espero que...

-¡Ya basta! – Soltó harta - ¡Claro que no estoy bien! ¡Me tienes secuestrada maldito lunático! ¡Por supuesto que no, no estoy bien, no, no estoy cómoda!

El hombre ni siquiera se inmuto. Se recargo en su asiento escuchándola gritar maldiciones e improperios a su persona.

En realidad, todos permanecieron como estatuas.

-¡Esto es una locura! Yo vine aquí... buscando una cura para mis males y... termines entendiendo que lo que me sucedía era nada ¡nada! A comparación de esto. Yo... estaba en el cielo.

-¿Y ahora en dónde estas Mónica? – la chica lo miro, sus ojos tenían ese brillo y su voz esa tensión, como cada vez que mencionaba su nombre.

-En el infierno. Y el demonio es mi carcelero.

El hombre se levanto tan rápido que Mónica pego un salto en su asiento.

-¿Demonio? ¿Infierno? ¿Carcelero?

Se acerco a su rostro muy lentamente y Mónica evito respirar.

-Yo lo llamaría más bien... limbo. Uno que tú has creado... ahora dime ¿Quién es el verdadero demonio aquí?

Mónica temblaba, los ojos del hombre eran rojos de nuevo. La había atrapado por la muñeca y la apretaba con fuerza.

-Egoísta... mujer sin corazón, crees puedes volver aquí y hacer lo que te plazca, ¡después de todos estos años! Tu...

-¡Basta hermano!

El hombre callo y Mónica miro a Raquel sorprendida. ¿Hermana? ¿Era su hermana? ¿Cómo podía una chica como ella ser familiar de alguien como él?

El hombre tomo el sombrero que tenia a un lado de su copa de vino y salió del lugar a grandes zancadas.

El corazón de Mónica tardo un tiempo en reponerse de aquel susto y su mente mucho más en acomodar todo lo que había escuchado.

-¿Eres su hermana? – pregunto la mujer cuando estuvieron "a salvo" en su habitación.



Frann Gold

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En el texto hay: dragones, secretos, magia

Editado: 17.05.2019

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