Darkness Angela

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11. Extraños


 

 

¿Qué hacemos ahora?-Dijo Bit.

-Supongo que lo que mejor es saber quién comparte con nosotros la isla. -Dijo Joel.

-¿Cómo les encontramos?-Preguntó Bit.

-Eso no es lo que me preocupa. Lo que me preocupa es que se han llevado nuestras cosas y saben que estamos aquí. Dijo Agnes mostrándole a Bit el camino de huellas con su mano derecha.

-Manos a la obra el sol está a punto de ponerse. Dijo Joel .

                                                        

Así los cuatro comieron algunos frutos y se dispusieron a seguir el camino formado por las huellas. Caminaron entre la espesa selva, sorteando piedras, riachuelos, alimañas y sonidos por todas partes. Hasta que llegaron al centro de la isla. Allí y justo debajo de una colina. Expuesta en una gran llanura había una gran nave hecha de un material que era desconocida para todos ellos menos para uno. Agnes sabía que aquella nave estaba hecha de acero y lo sabía porque las ciudades del Este estaban formadas en su origen por ese mismo material. Ella sabía por tanto que no se trataba de ninguna raza conocida o de ser conocida tenía que ser gente del Este.

 

-Y bien, qué hacemos ahora. Dijo Angela preocupada agarrándose a Joel.

-Investigar con cautela. Dijo Agnes.

-Sabemos que saben que estamos en la isla. Dijo Bit.

-Sí, pero también sabemos que no saben dónde estamos. Dijo Angela.

-O sí. Pueden habernos estado siguiendo todo el rato. Dijo Agnes dándose cuenta de esa premisa en ese preciso momento.

 

Pero ya era tarde. El grupo estaba rodeado por todo un sequito de personajes con ropas diferentes. Angela solo podía divisar que estaban vestidos con grandes túnicas granates y llevaban en la cara una máscara de color marrón y con diferentes rayas negras a los lados de la nariz. Y después ella, al igual que el resto del grupo ,solo sintió un fuerte golpe en la cabeza y luego oscuridad y nada más.

Cuando despertaron Angela se encontraba sumida en una gran oscuridad. Miro a su alrededor y se frotó los ojos. Luego se incorporó. Sintió un gran frio inmenso. Intentó salir pero solo se dio un golpe contra la pared. Pronto se dio cuenta que su miedo más feroz se había hecho realidad. Estaba sola ante un mundo totalmente desconocido. Y a decir verdad estaba sola desde que había comenzado la aventura.  Se sentó y se acurruco en lo que ella creía que era el centro de la sala. Sus pensamientos eran negativos, de frio y de aislamiento. Empezó a llorar. Ahora echaba de menos la seguridad del palacio y las días oscuros donde no tenía que preocuparse de nada. Luego le vinieron nuevos pensamientos: el Ikurus, las palabras de Rauros, el sol. Miles de experiencias contradictorias  que cada cuál era más confusa .Y ante su confusión no pudo hacer otra cosa que llorar .Lloró durante horas , que ella le parecieron años, hasta que de pronto la luz se hizo. Angela pudo divisar un enorme pasillo y enfrente de ella miles de barrotes.

 

- ¿Quién hay? Gritó Angela desesperada.

-Anuversus. Agulin arteremis Hufer. Dijo un ser que se puso delante de la celda de Angela.

Para sorpresa de Angela. Eran seres humanos lo que se mostraban ante su celda. Éstos abrieron la puerta y pidieron a Angela entre señas que la acompañara. Angela que no les entendía muy bien se levantó, y tal vez por miedo o tal vez por la confusión les siguió. Pasaron por el amplio pasillo hasta que llegaron hasta una gran puerta. Que para sorpresa de Angela se abrió sola. Después llegaron hasta una pequeña sala donde solo había otra puerta, pero esta vez más pequeña que la anterior. Otra vez Angela se sobresaltó, esta vez no porque la puerta se abriera sola  cuando uno de sus escoltas le daba a un botón, sino porque detrás de esa puerta solo había una diminuta sala en la que solo podían entrar dos o tres personas. Entraron; aunque con cierta incertidumbre por parte de Angela. Después la puerta se cerró, tras que uno de los hombres pulsará un botón. Angela gritó.  El suelo se movió tras unos minutos de gran desasosiego para la joven. En cuestión de segundos ese mismo suelo se paró. Y la puerta se abrió. Ante Angela una gran sala se mostró ante ella.

 En la planta donde se encontraba era un gran pasillo que les llevaba a una circunferencia que era seguida por otro pasillo y que les llevaba hasta una gigantesca puerta. La escolta de Angela le hizo señas para que le siguieran. Cuando estaban justo en el centro de la circunferencia Angela se percató que había cientos de personas en los diferentes módulos. La imagen era hermosa: había agua, plantas ,…  en definitiva, Angela se dio cuenta de que estaba en una ciudad. Mientras seguía los pasos de su escolta vio a muchas personas que cada vez que la miraban se arrodillaban ante ella y decían: Anuversus.

-Deberá ser que ellos saben que soy Angela Urgot. Dijo para sí misma.



Franj safer

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En el texto hay: un gran viaje

Editado: 25.05.2019

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