Darkness Angela

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25. La batalla definitiva

Lejos de los conflictos de Angela, Yara y Geut. La ciudad de 01 uno luchaba por no sucumbir ante la oscuridad del ejército Negro. Mientras Nemo lideraba la defensiva del puerto, la ciudad de 01 estaba siendo tomada. Muchos Argins iban pereciendo en el intento de defender su amada ciudad. Y entre todo aquel infierno, la desesperanza, del comandante Leur iba creciendo.

“Nunca pensé que este fuera el fin” Pensaba mientras cerraba el reloj de cuerda que le había dado su Abuelo.

Luego miró la puerta de enfrente. Recordó un sentimiento de antaño cuando él entró a formar parte de la guerra. Segundos más tarde se limitó abrir la puerta. En la estancia se encontraba todo el consejo reunido, lleno de preocupación y todos ansiosos de saber noticias.

-No he podido hacer más…Intentó explicarse el comandante Leur.

-Sabemos que tus intenciones siempre fueron para bien de la ciudad. -Dijo la consejera vestida de azul.

-Señora yo…-Intentó volver a explicarse Leur.

-No importa. Las cosas son como tienen que ser, aunque se escapan a nuestro razonamiento. Dijo sonriendo otro miembro del consejo.

-Noto algo diferente en usted.Volvió a decir la mujer vestida de azul.

-Señora. A decir verdad. Y si me lo permiten hablaré como ser con criterio de razonamiento libre. Señora creo ante todo y sobre todo en las cosas que uno puede hacer. En que uno es responsable de su destino. Pero hace tiempo. Perdido en una de nuestras ruedas de conocimiento. Me topé con una señora, creo recordar que, en una de las ciudades del reino del Oeste y estaba vestida de mendiga. Si, fue de mendiga. Y fue ...sí, sí fue en el momento que le entregue la moneda de más bajo valor que tenía en la mano. No sé porque lo hice. Nunca acostumbro hacer cosas de ese tipo. Pero esa mendiga al echarle una simple moneda se levantó hacía mí, me dio la mano y dijo:

-Te concedo el don del pre conocimiento. Has de comprender que una imagen te dejaré ver y luego podrás entender en su debido momento. Me dijo mientras me devolvía la moneda.

Le confieso a su señoría que no lo entendí. Tras esto me vi ante la puerta que hace escasos segundos pasé para entrar. En esa imagen me vi entendiendo las palabras de la anciana. Lo entendí todo. Me vi señora rezando para pedir un milagro. Entendí entonces que me estaba viendo en el final. Y esperando un simple milagro. Dijo Leur mientras se rascaba la cabellera.

-Y ¿malo es eso? Preguntó otra miembro del consejo.

-No señora. Empiezó a creer o quiero creer que el milagro que esperamos. Es esa chica Ana, Anuversus ,Angela ….o como se llame. Pero que esa chica pueda frenar esta guerra. Que no ganen ellos. Más que ellos pierdan. Quiero la paz Eso quiero y nada más. Dijo mientras se colocaba firme para regresar cuanto antes a la sala de estrategia militar.

En pocos segundos se quedó el consejo otra vez solo.

-Sabemos que no hay solución posible, aunque luchen con toda su fuerza hasta el último Argins.-Dijo el miembro más anciano del consejo viendo como la ciudad más moderna hasta entonces conocida, su ciudad. Desaparecía bajo la impotencia de no poder hacer nada.

-Sabíamos antes como sabemos ahora que para que esta guerra termine, las razas tendrán que desaparecer. Y eso nos atañe a nosotros bien. Dijo la consejera vestida de azul.

-Hemos sido preparados para este momento, solo esperemos que Angela tenga tiempo. Comentó con cierto grado de melancolía otro de los consejeros.

Tras esto el ejército negro entró la estancia donde se encontraba el consejo y mientras estos rezaban, el palacio consistorial desaparecía. El ruido del derrumbe llegó hasta el puerto. Allí se encontraba la última lucha entre los amigos de Angela, Nemo y su tripulación contra el éjercito negro.

-Señor el Nautilos ya no puede contener más las ocho entradas principales. -Gritó desesperada Magna.

-Aguantemos un poco más. Pidió Nirfes.

- ¿Teniente Magna cuánto podremos aguantar? Preguntó Nemo.

- Apenas media hora más. La ciudad… no queda nada de ella, señor. Solo tenemos el ejército que se encuentra en el puerto y a lo sumo cuatro zonas más.Respondió, sin creer lo que estaba sucediendo, Magna.

Entonces Nemo sacó de su bolsillo una caja dorada y la acarició mientras decidía que hacer.

-Media hora más sino partimos. -Dijo Nemo.

-Pero señor, Geut para entonces tendrá ya las demás piedras y nos será ya imposible salvar a lo que queda de población. Gritó Magna.

-Pero también podemos confiar en que Angela siga viva y consiga su objetivo. Gritó Nirfes.

-Eso es condenarnos. Replicó Magna.

-Basta, media hora más. Concluyó Nemo.

Fuera el ejército negro atacaba con más furia. En uno de los núcleos de la ciudad que aún resistía el ataque, se encontraba Joel y Bit con un conjunto de soldados Argins.

-¿Qué hacemos?-Dijo Joel intentando defender el bastión.

-Defender la unidad de salvamento mientras podamos. Además según Agnes, Angela deberá salir por la puerta del palacio principal.Una vez venga, ya lo demás dará igual.- Dijo Bit mientras con espada en mano intentaba defenderse de dos Feroes que atacaban Furiosos.

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Tras unos metros andando en la oscuridad Angela pudo por fin divisar un círculo blanco. Así sus ojos vieron tras aquel círculo blanco una gran sala cuyas paredes, suelo y techo eran el firmamento con todas sus estrellas. En el centro de este se encontraba un espejo. Angela se acercó ante él. Su reflejo la sorprendió. Primeros se vio a sí misma pero vestida con un precioso vestido blanco. Muy ajustado, pero de gran elegancia. Y una gran diadema de un metal muy extraño donde se encontraba una de las piedras y en el centro de su escote se encontraba incrustada la otra pierda. Su aspecto era ahora muy diferente. Su pelo era de color negro y largo y anatómicamente era prefecta.

Tras unos segundos contemplándose ante su propio reflejo, éste cambió por una figura muy parecida, con las mismas joyas pero la diferencia era la vestimenta, mucho más rudimentaria y tenía en su poder cuatro piedras bien repartidas.



Franj safer

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En el texto hay: un gran viaje

Editado: 25.05.2019

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