David Wulf

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CAPÍTULO 5

Tomé el teléfono y cambié la clave, puse algo que podría recordar, la fecha de mi cumpleaños.

Me puse de pie y miré el cielo, no sabía dónde estaba. Comencé a caminar para poder ver la altura de las calles, gracias a eso, me di cuenta que estaba en la villa.

«Fantástico».

Noté que a lo lejos, un par de sujetos me seguían. Seguí caminando para no llamar la atención, pero sabía que algo pasaría. Mis instintos estaban alerta, pero cuando uno de los jóvenes se adelanto supe que las cosas se saldrían de control.

Giré en la esquina y me adentré a un centro comercial, lo cual me hacía pensar que aquellos hombres me perderían el rastro. Fui directamente a la primera tienda y comencé a buscar ropa de mi talla, a lo cual hizo que una mujer se acercara a vigilar mis acciones.

—¿Buscaba algo en especial?—Cuestionó aquella.

Mi mirada se enfocó directamente en los ojos azules y ella me dedicó una dulce sonrisa, lo cual me obligó a sonreír de un modo condescendiente.

—No, solo entré a chusmear.

—Bueno, si necesitas algo o ves algo que te guste, me avisas y te doy una llave para un probador —dijo ella y se alejó.

No tardó mucho en ponerse a platicar con la joven que atendía la máquina registradora. Hablaron sobre un asesino serial que estaba acabando con muchas mujeres, según ellas, ese hombre ataca solo en las noches.

—Dicen que a la última la violó y no se encuentra el cadáver. Los padres hicieron un velorio, pero sin cuerpo —comentó una de ellas y luego bebió un mate.

En ese instante, supe que la mujer de la tienda se refería a Ally.

—¡Que desagradable!

—No lo sé, al parecer, para él, eso fue sensacional.

Tomé una chaqueta y me acerqué al mostrador.

—¿Viste lo que pasó? Hay un asesino serial suelto.

Asentí.

—Una mierda, espero que lo agarren —dije pagando mi compra.

—Sí, pero lo tienen que agarrar en la noche.

Alcé ambas cejas, ya sabía la verdad, pero esperaba sacar más información.

—¿Por qué en la noche?—Pregunté.

Ella asintió con la cabeza más de una vez.

—¿Por qué?—Volví a hablar.

La otra joven estaba por responder, pero la otra la calló. Le hizo una mueca para que cerrara la boca.

—Muy bien, buenas tardes —dijo la cajera.

Rasqué mi nuca un poco incómodo por la situación, pero no dije nada y salí.

Comencé a buscar alguna calle que me sonara familiar, necesitaba estar en casa, ya que debía ir a mi consulta. Solo es una hora, pero mi madre está empecinada en que asista a esas sesiones.

Luego de una hora y media, encontré la calle que tanto buscaba. No faltó mucho para encontrar a mi hermano Dean junto a su novia comiendo un helado por la calle. Se veían como aquellas parejas de revista, un verdadero asco.

Abrí la puerta de entrada y allí estaba mi mamá, movía su pie con desesperación y me tomó por los hombros, no supe lo que quería.

—¿Qué pasa?—Pregunté con seriedad.

Me alejé de ella y me senté en el sofá.

—No quiero que salgas, ¿me escuchaste?

Solté una carcajada ante lo que ella me estaba pidiendo.

—Debo ir a mi consulta y quiero salir con mis amigos, así que sí, voy a salir.

—He dicho que no —uso su tono de madre.

Negué con la cabeza.

—Me da igual, yo voy a hacer lo que quiera.

Ella se sentó a mi lado y me tendió el diario, me señaló una página y esperó que la leyera.

—Un asesino serial suelto...

—Por eso no vas a salir.

Asentí tan solo una vez.

—Solo iré a la consulta —dije para que ella se sienta mejor.

—David...

Le di el diario y me puse de pie.

—Regreso en una hora —murmuré y luego agregué—: Todo va a estar bien.

Ella asintió y se dirigió hacia la cocina.

Salí y comencé a caminar rumbo a la casa de la señora López. Por suerte, no era lejos de donde estaba. Cuando llegué, toqué el timbre y esperé que me atiendan. Una chica bajó las escaleras y salió corriendo, me la quedé viendo, hasta que la doctora llamó mi atención.

—David, pasa —ordenó con un tono de voz dulce.

Le hice caso y me adentré. Subimos por el ascensor y en unos segundos ya estábamos en el departamento que corresponde. Como siempre, me senté en el sofá y esperé que ella me haga una pregunta. La pregunta que siempre me hacía antes de comenzar.

—¿De qué quieres hablar hoy, David?—La pregunta esperada se escuchó.

Me removí incómodo en el asiento y la miré a los ojos.

—Creo que me estoy volviendo loco...

Ella alzó ambas cejas y negó.

—¿Por qué piensas eso?



Byther

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En el texto hay: juvenil, thriller psicologico, muerte

Editado: 04.12.2019

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