De Hielo

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Capítulo 9: Buena por dentro

-NO, NO, NO ME TOQUE, DÉJEME- Gritaba sin poder detener las lágrimas que caían por sus mejillas, giró su cabeza para búscalo a él y pedirle que no le hiciera eso, pero ya no estaba. La había dejado a merced de ese asqueroso hombre.

-Calladita chiquita, prometo que te gustará- Habló el cerdo cerca de su oído y rió burlonamente antes de posar su boca sobre el cuello de ella y comenzar a besarla.

-NO, NO LO HAGA NO- Gritó nuevamente y comenzó a zarandearse bruscamente para deshacerse de su agarre.

Un estruendoso ruido la hizo despertarse, agitada, sudada, temblando y más aturdida que nunca. Otra vez esa pesadilla que contaminaba su alma como veneno, que la hacía sentirse débil e insignificante. Respiró profundo varias veces para calmarse, estaba acostumbrada a hacerlo.

Giró su cuerpo para apagar la alarma que sonaba desde hacía unos segundos y volvió a recostarse, cubriéndose todo el cuerpo con la manta. Odiaba tener esas pesadillas, deseaba borrar esos recuerdos de su memoria y poder vivir tranquila, pero simplemente no podía, era parte de su pasado, uno muy doloroso.

Una lágrima traicionera rodó por su mejilla y con mucho coraje se la limpió, no podía ni quería llorar por eso, se lo prohibía.

Mucho más irritante que otros días se levantó para empezar su día, trabajar era su fórmula de escape como siempre y ese día no sería la excepción. Nana no tardó en darse cuenta de su ánimo, por lo que prefirió no decirle nada, siempre que estaba de esa manera sólo se debía a una cosa, sus pesadillas, por lo que era mejor dejarla tranquila.

Salió de la casa más seria que nunca, ni siquiera parpadeaba, sólo podía recrear una y otra vez en su cabeza esa escena tan horrible, ni siquiera se percató de que ya había llegado a la empresa hasta que sintió que abrieron la puerta del auto. Bajó taciturna y se dirigió a la oficina.

-Buenos días Opal -Saludó Liz ni bien la vio, Manuel que iba atrás de ella le hizo un gesto dándole a entender que no estaba de buenas, información que agradeció con un asentimiento de cabeza.

-Buenos días Liz. ¿Reservaste los boletos de avión para la semana que viene? Quiero firmar la compra del hotel cuanto antes.-Habló seca y fría. Odiaba verla actuar así, pero no podía decirle nada, esa era su forma de protegerse.

-Si lo hice, más tarde te mando por correo el itinerario para que le des un vistazo y me digas que te parece.

-Excelente…

-También quiero recordarte que tienes que firmar la autorización para depositar las donaciones a los hogares y que hoy tienes programada la visita a dos de ellos -Sonrió un poco, lo había olvidado.

 

Desde hace tres años era la madrina de varios hogares y comedores para los más carenciados, el dinero y toda la ayuda material lo hacía de manera anónima, no quería que los medios se enteraran, no le parecía justo “dar una buena imagen” y usar la necesidad de los que menos tienen para beneficio suyo, por lo que hacerlo anónimo le daba una doble satisfacción.

-Genial, lo había olvidado. ¿A qué hora es? -Cuestionó un poco más animada.

-Cuatro de la tarde, pero seguro saldrás antes, no creo que sea conveniente ir vestida así -Mencionó su amiga, observó su atuendo y en efecto, era demasiado elegante.

-Tienes razón, avísale a Manuel que media hora antes pasaremos por mi casa a cambiarme.

-Ahora que lo mencionas, tengo que contarte algo…

-¿Sobre Manuel, que pasa con él? -Que lo mencionara llamó su atención.

-Desde recursos humanos me hicieron llegar la información de que su esposa está enferma, al parecer está haciendo un tratamiento de quimioterapia, y la obra social lo está cubriendo – Comentó Liz con pesadez. Esa noticia fue peor que una patada al pecho, nunca se lo imaginó.

-Quimioterapia…-Repitió en un balbuceo, ni siquiera podía imaginar el mal momento que estaban pasando, ¿Por qué no se lo dijo? -Dile a Manuel que entre ahora -Anunció en tono severo, Liz supo que tal vez no debió tirarle esa bomba así de golpe, pero ya estaba hecho.

-Enseguida -Dijo levantándose para ir a buscarlo.

 

Al quedarse sola, pensaba en todo lo que podía conllevar un tratamiento de esa magnitud, sabía lo mucho que su empleado amaba a su esposa y lo difícil que debía ser para toda la familia. Pero no entendía por qué ocultarlo. El hombre llegó enseguida como siempre que lo llamaba.

-Señorita, ¿Qué desea? -Cuestionó una vez ubicado de pie frente a ella.



Luu02

#13213 en Novela romántica

En el texto hay: dolor, pasión, amor

Editado: 14.06.2019

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