De Hielo

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Capítulo 10: Celos

El jueves de la siguiente semana se encontraba sentada en su cama viendo como nana preparaba su maleta, al día siguiente debía viajar a New York para cerrar la tan ansiada compra del hotel, no llevaría mucha ropa ya que no pensaba quedarse más tiempo del estipulado, sólo dos días era su límite, también quería ir de compras, ¿Qué podía hacer? Era mujer después de todo.

-¿De verdad no quieres ir nana? Sería como un descanso para las dos, además hace mucho que no tomas “vacaciones” -Le dijo haciendo comillas con sus dedos y remarcando la palabra. Esa mujer trabajaba como ninguna otra, y ya su edad era avanzada, no entendía como aguantaba tanto.

-No mi niña, sabes que no me gusta estar encerrada en ese aparato metálico por mucho tiempo, si el viaje fuera más corto no tendría problemas -Hablaba al mismo tiempo que guardaba sus zapatos, Opal ni siquiera prestaba atención a la elección de su nana, confiaba en su criterio de moda, al menos hasta ahora nunca había fallado.

-Por lo menos dime que quieres que te traiga de regalo, te voy a extrañar -Se levantó para abrazarla, si fuera por ella la tendría pegada a su cuerpo siempre.

-Te diría que un muchacho guapetón, pero sólo resultaría si lo mantengo cautivo -Una gran carcajada fue lo que salió de la garganta de Opal, era todo un caso.

-Tu solo tienes que pedirlo y lo conseguiré…

-Busca uno para ti, eres muy joven y bonita para estar tan sola -Rodó los ojos al tiempo que dejo de abrazarla, no había caso, no perdía oportunidad.

-No comiences nana, que estábamos bien…

-De acuerdo, no diré más, pero que conste en actas, que no querrás llegar a mi edad y encontrarte soltera -La apuntó con el dedo, y terminó por cerrar la maleta, ya estaba lista.

-Escrito en el acta, sellado, foliado y archivado -Bromeó la joven simulando escribir en un papel.

-¿Qué haré contigo niña? -Suspiró la mujer negando con la cabeza.

-Solo quererme querida nana -Se encogió de hombros como si fuera obvio.

Cuando todo estuvo listo, se dedicó lo que quedó del día a arreglar mínimos detalles relacionados a su viaje, era demasiado meticulosa en todo aspecto, entendía que la perfección no existía, pero quería que cualquier cosa que hiciera se le aproximara lo más posible a ese concepto.

Al amanecer se dirigió al aeropuerto acompañada de sus cuatro hombres de seguridad, esta vez su secretaria y amiga no la acompañaría pues era el cumpleaños de su madre, por lo que prefirió que ella se quedara.

El vuelo despegó justo a tiempo, por supuesto ella viajó en primera clase, fueron al menos cinco horas hasta llegar a destino, pero con un buen libro en mano, el tiempo se le pasó volando. Se hospedaron en el hotel que pronto seria suyo, una verdadera maravilla arquitectónica, era sin dudas, una de sus mejores adquisiciones. La suite presidencial estaba destinada para ella, y las siguientes para su personal.

Como llegaron cerca del mediodía, pidió servicio a la habitación mientras aprovechaba el jacuzzi.

Todavía tenía tiempo para descansar ya que la reunión sería cerca de las siete de la tarde y luego se realizaría una cena para celebrar. Mientras comía, llamó a su nana para contarle del vuelo y preguntarle sobre alguna novedad, muy en el fondo deseaba que le dijera que Ian había llamado para preguntar por ella, o que tal vez fue a la casa, pero eso no sucedió. Desde aquel día de las visitas, solo lo vio un par de veces en la empresa, por lo que tenía cierta ansiedad por saber de él, aunque nunca lo admitiría.

A la hora apropiada se preparó para la reunión. Un vestido azul ajustado al cuerpo que marcaba estupendamente todas sus curvas y de largo hasta la rodilla, zapatos del mismo color con punta cerrada y taco aguja. Al verse al espejo para maquillarse, noto que no se veía como hace años, algo era distinto en ella, pero no lograba descifrar que, o tal vez simplemente no quería aceptarlo. De todas formas, siguió con su labor y veinte minutos antes de la hora, uno de sus guardaespaldas tocó la puerta de su habitación, se colocó un poco de perfume y recogió su portafolios que en esa ocasión reemplazaba su bolso.

Respiró profundo un par de veces concentrándose en eso que siempre hacia, colocar una máscara invisible de indiferencia y fría actitud. Al abrir la puerta, aquel hombre que no superaba los treinta y cinco años de edad de nombre José, el nuevo jefe de seguridad, no pudo evitar mirarla de arriba abajo, estaba acostumbrado a trabajar con ella, sin embargo, su belleza siempre lo impactaba.

-Se-señorita Opal, ya-ya está todo preparado -Logró articular al tiempo que pasaba saliva, la mirada de ella era aterradora, por lo que no lo soportó y desvió su vista hacia la pared -Cuando usted decida, podemos salir.



Luu02

#13287 en Novela romántica

En el texto hay: dolor, pasión, amor

Editado: 14.06.2019

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