De Las Cenizas

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Enjaulada

Hola mi princesa – se me acerco mientras las lágrimas amenazaban salir de mis ojos.

Hola – dije en un susurro.

No llores mi niña todo va a estar bien y en cuando menos lo esperes voy a estar de regreso – dijo arrodillándose frente a mí.

¿Y por qué está llorando mama? – mi madre al oírme salió de la habitación y fue a la cocina.

Es porque me voy por un tiempo un poco más largo de lo normal con tu tío, pero voy a regresar y cuando lo haga nos vamos a ir de aquí. – me sonrió, pero veía en sus ojos la tristeza.

¿Me lo prometes? – apenas pude decir por el nudo en mi garganta.

Claro que si mi cielo – me abrazo – pero tienes que prometerme algo.

Lo que sea – dije limpiándome las lágrimas que corrían en mis mejillas.

Por favor cuida de tu madre y de tu hermano hasta que yo regreso vale – se separó de mí y veía como el igual estaba llorando.

Claro papito – dije sorbiendo la nariz.

Ya no llores está bien – me limpio la mejilla – ahora ve por tu madre para que me despida de ella.

No es necesario – dijo mi madre seria mientras le tendía una bolsa a mi padre – son para el camino.

Estaba completamente seria y tan solo de mirarla podía decir que llevaba llorando más de tres horas o tal vez más.  Mi padre se acercó y en vez de tomar la bolsa la beso. Yo por impulso me voltee mientras Josef se reía de mí. Al escucharnos mi padre se separó de mi madre y tomo la bolsa.

No creas que me olvide de ti mi niño – se volteó y cargo a Josef dándole vueltas antes de abrazarlo.

Todos reímos por aquel acto. Mi madre y yo nos unimos al abrazo. Aun podía sentir su calor rodeando mi pequeño cuerpo. Se separo de nosotros y salió de la casa. Por la ventana podía ver como se unía con mi tío y los soldados que habían venido por él.

Ey – escuche a lo lejos.

Abrí los ojos. Había estado soñando con un recuerdo.

Miré al frente y me encontré con un chico de pelo rubio. Su rostro era delicado, aunque este tenía una cicatriz en su mejilla izquierda. Sus ojos eran de color miel. Estaba cubierto de barro y grasa. Me miraba curioso, pero no pude sostenerle la mirada. El dolor en mi cuello me recordó lo que había pasado en la noche. Trate de sobarme para aliviar el dolor, pero era inútil por el poco espacio que tenia para moverme. Estaba en una caja metal lo que tal vez fuera una caja de transporte o algo parecido.

En la caja estaba llena de chicos. En su mayoría estaban inconscientes amontonados unos sobre otros como si estuvieran muertos. Había sangre en su ropa y en la pared. No olía tan mal adentro por lo que llegue a la conclusión de que la mayoría estaban vivos o eso parecía en la oscuridad ya que apenas entraba la luz.

Ey chica de azul – volvió a decirme el chico que tenía frente a mí.

Que – analizando la caja en la que estaba.

¿puedes ver si no hay una fotografía cerca de ti? – dijo amable.

Me limite a asentir y trate de moverme para buscar su foto. En cuando trate de moverme mi cuerpo se empezó a quejar. Debía tener moretones por todos lados. Apenas me pude mover, pero no había nada.

Lo siento, no hay nada - le dije mientras cerraba de nuevo mis ojos.

Me sentía como un animal que va al matadero, esperando la hora en que lo van a matar. Empecé a resignarme pensando cual seria la manera en la que iba a morir. Me preguntaba si así se sintieron mi padre y Antonio cuando estaban muriendo o era de diferente manera para mí. Ya nada me importaba. Josef debió de haber llegado a salvo con mi madre y se debieron de marchar de inmediato para no correr riesgos. Estarían bien ya que le enseñe todo lo que sabia a Josef para sobrevivir. Tenían lo necesario para el invierno y no tardarían en encontrar algún refugio. Tendrían la vida que yo no puedo tener y con eso me basta.

Ey – me dijo el chico de enfrente mientras pateaba mi bota.

Abrí los ojos para fulminarlo con la mirada. Me dijo que guardara silencio con la mano y me di cuenta de lo que tramaba. Al parecer estábamos llegando a donde fuera que íbamos. La esperanza resurgió en mí. Podía escapar.

¿Ya llegamos? – dijo una chica de pelo oscuro. Había estado llorando todo el viaje desde que desperté.

Asentí y volteé a la puerta de la caja estaba a tan solo centímetros de ella. Todo era silencio total excepto por el motor que hacia flotar la caja. No podía saber si estábamos cerca del bosque o de algún campamento por el silencio que abundaba.

Hola, espero y todos llegaron bien – dijo la voz de un hombre maduro.

Eso espero también – dijo la voz de un anciano – luego hablamos tengo que ir por el otro cargamento.

Adiós – reino el silencio unos segundos – abre las puertas.

El miedo se apodero de mí. No le tengo miedo al morir, pero algo me decía en mi interior que tal vez esto sería peor. Se escucho como se botaban unos seguros. Las puertas solo rechinaron un poco mostrando que se podían abrir. Voltee a ver al chico de enfrente. Se había puesto en cuclillas listo para lo que pasara. Lo imite y empuje la puerta para saber que me esperaba.



Ma. del Cielo Gutierrez

Editado: 13.07.2019

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