De Un Sueño a la Realidad

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Capítulo veintiocho: No eres un asesino, te perdono.

Al día siguiente, Christian despertó temprano. Abrió los ojos, la habitación estaba oscura, pero sabía que Cassandra estaba a su lado; dejó un beso en su mejilla y se levantó de la cama después de cubrirla con la sábana. Le dolía un poco la cabeza, resultado de la noche anterior, salió de la habitación en silencio, entrecerrando los ojos por la brillante luz blanca de los pasillos del búnker y se dirigió a la cocina a un paso lento y flojo.

      Cuando llegó, vio a Angel de espaldas, sentado en la barra de la cocina.

      —Buenos días —dijo Christian con un tono adormecido, entrando a la cocina.

      —Buenos días —respondió el chico de ojos azules, sonriendo. Tenía una taza entre sus manos—. ¿Café? Parece que lo necesitas.

      —Con leche, aunque eso ya lo sabes —susurró el castaño, abriendo la nevera y sirviéndose agua.

      —Bueno, hubiera hecho también chocolate caliente, pero no hay —comentó Angel, tomando un sorbo largo en su taza.

      Christian soltó una risa suave, tomando unas aspirinas de los cajones.

      —Sólo tomaré de estas.

      Angel asintió y Christian se sentó a su lado en la barra de la cocina. Se llevó una píldora a la boca y con ayuda del agua, tragó. Puso una mueca cuando se terminó todo el líquido y dejó el vaso en la barra.

      —¿Qué tal la literatura? —preguntó—. Me decían que te iba bastante bien durante este semestre.

      —Algunas cosas fueron duras. Pero me esforcé. Me emociona mucho, sabes que siempre lo ha hecho —Christian le sonrió a su amigo—. ¿Todavía tienes el sueño de ser abogado?

      Angel soltó una risa, negando.

      —No, honraré a mi padre. Voy a estudiar y a entrenar para ser un agente federal.

      —¿Qué? —Christian sonrió, frunciendo el ceño, confuso—. ¿De verdad?

      —De verdad.

      —Pareces muy cercano a Seth, ¿acaso lo veías…? —comenzó la pregunta, dejándola en el aire, al parecer Angel comprendió.

      —Yo… yo solía encontrarme a escondidas con él —susurró, mirando la taza—. Bob no sabía. Mamá menos. Mike pensaba que andaba contigo o con algún otro amigo. Nadie realmente lo sabía.

      —¿Por qué no?

      —Porque simplemente era mejor mentir.

      —Está bien, Angel. Lo entiendo.

      Entonces el chico se levantó, diciendo que por poco olvidaba hacer algo. Se dirigió hacia la sala y Christian lo siguió, donde se detuvo en la pantalla que estaba pegada cerca a la puerta.

      —Buenos días, Amy. ¿Qué tal el día de hoy? —dijo.

      —Buenos días, Alaric. Mis cálculos y sensores identifican un día soleado y ventoso, en mi opinión, es un clima agradable.

      —Muy bien, Amy. Eso es asombroso —Angel sonrió—. Necesito que vayas a la configuración de identidad del usuario, por favor.

      —Claro, Alaric. En seguida.

      En la pantalla se mostró lo que Angel le había pedido a Amy, varios documentos se mostraron en orden alfabético con los nombres de todos los que se encontraban dentro del búnker. Angel oprimió la carpeta donde se resaltaba el nombre «Henn, Alaric». Salieron sus datos personales de inmediato, borró el nombre y lo cambió, luego guardó los cambios, mirando a Christian.

      —Cambio de identidad completado. Un elemento ha sido editado. Angel Cook, anteriormente identificado como Alaric Henn. Hola, señor Cook, ¿en qué puedo ayudarlo?

      Christian amagó una sonrisa.

      —Nada por ahora, Amy. Christian y yo volveremos en un rato, saldremos a dar una vuelta.



Gabs

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En el texto hay: amistad, romance juvenil, primeramor

Editado: 19.02.2018

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