Debe besar a la novia *terminada*

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Entre dos... La revelación

Entre dos… La revelación

Rodrigo:

El día de su cumpleaños no quería ir a la universidad. Mi humor no era el mejor y no quería que la gente lo notara. Además, también me hacía la idea de que quizá Isabella tras ver mi regalo intentaría llamarme o al menos ponerse en contacto. Esperaba…

Sin embargo, la espera me estaba desesperando. Estaba llegando a un punto en el cual me estaba cansando. ¿Valía la pena esperarla? Todo alrededor de nosotros parecía gritar problemas. Sin dejar de lado que ella tenía una hija con otro. La prueba de paternidad no había sido necesaria porque Annalise era la copia exacta de Ian, pero en versión mujer.

Estaba frustrado, quería a una mujer que no podía tener y todo parecía compaginar para que no estuviésemos juntos. Si ella no me buscaba luego de ver mi mensaje dejaría de insistir. Con aquel pensamiento cerré los ojos y me quedé dormido. Cuando me levanté, ella aún no aparecía.

-*-*-**-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Isabella:

Observé al hombre frente a mí agotada mental y físicamente. Su charla interminable sobre sus atributos y demás me estaba cansando. Sin duda antes de volver a tener una cita lo iba a pensar dos veces. Parecía que no estaba hecha para aquello. Solo quería tratar de ser más “normal”.

Tomaba de mi batido con desgana cuando sentí una mano en mi hombro. Giré el rostro y suspiré al ver a Ian quien tenía una mueca extraña.

—Me enviaron a buscarte, ha sucedido algo terrible— dijo con un tono neutro.

—¿Qué sucedió? — pregunté siguiéndole el juego a lo cual es se removió inquieto.

—Tu perro… Está muerto— respondió sin más.

—¡Oh Dios! —exclamé sintiéndome idiota, era una pésima actriz— lo siento Abraham, pero debo irme.

El susodicho nos miraba a Ian y a mí de forma intercalada y asintió.

—Claro, entiendo; pero pudieron haberse inventado algo mejor— replicó levantándose molesto— paguen la cuenta ustedes— añadió caminando a paso lento y moviendo sus hombros.

Quedé con la boca abierta por la sorpresa.

—Hasta que demuestra algo de actitud— susurré sorprendida.

Ian rió.

—Iré a pagar esa cuenta— comentó dirigiéndose a la caja. Lo observé aprovechando que estaba de espaldas. Ian era un santo, bueno al menos actuaba como un santo. Ayudaba en todo, se hacía responsable de todo y tenía una respuesta o consejo para todo. Tanta perfección me abrumaba, me hacía sentir como una tonta.

Sin dejar de lado que mi apariencia no era la mejor. Sentía mi cuerpo flácido y tenía “barriguita”. Parecía que después de Rodrigo nadie iba a quererme, pero claro, aquello era si mi ex me quería puesto que si fue capaz de engañarme con su ex mientras yo daba a luz; quizá aquello no era amor.

Paseé mi mirada por la cafetería, no había muchas personas y las que estaban comían como si no hubiese un mañana. Por otro lado, el lugar era bonito, pero los colores tendían a cansar. Era demasiado colorida para mi gusto. Sentí una mano en mi hombro.

—¿Nos vamos? —me preguntó el castaño.

—¿A dónde? —inquirí haciendo una mueca de fastidio— no quiero volver a casa aún.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó llevando sus manos a los bolsillos.

 —¿Cine?

Tras varios minutos de indecisión él y yo terminamos en el cine viendo una película —seleccionada por mí— de terror. Ian parecía muerto del aburrimiento, mientras que yo soltaba uno que otro chillido de cuando en cuando.

Tenía que admitir que el filme era demasiado exagerado y sangriento para mi gusto. Había partes tan ridículas que ni siquiera daba miedo, sino risa. Pero, sí tenía una que otra escena que era demasiado desagradable para mi gusto. A pesar de todo, en ningún momento pude concentrarme en la película.

Quería recostar mi cabeza en el hombro de Ian y aquellas ideas no me dejaban en paz. ¿Qué pensaría él si hacía aquello? ¿Sería incómodo? ¿Raro? Quería preguntarle, pero a la vez sabía que lo mejor era permanecer callada. Me sentía tan perdida.

Luego de la mala película en la cual contuve mis impulsos extraños comimos un helado y luego fuimos a la casa. En esta, nos esperaban Daniela y mis padres con otro pastel. El postre era de fresa con crema bastida y lo devoramos tras cantar cumpleaños. Agradecí internamente cuando Ian se fue, pero toda la paz acabó cuando entré a mi cuarto.

Había unas rosas que reposan en mi mesita de noche.

Espero que algún día puedas perdonarme y si lo haces, te prometo que no volveré a herirte.

Te ama y te espera… R.

Así, decía la nota que estaba en estas. Quería llorar, pero me contuve. ¿Podría perdonarlo? En aquel momento aquella idea era imposible. Una parte de mí quería botar aquellas rosas, pero las deje en su sitio. Guardé la nota en uno de los cajones de mi mesita de noche y suspiré.



Sajoraleirbag

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En el texto hay: boda, romance, relacion amorosa

Editado: 03.09.2019

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