Debe besar a la novia *terminada*

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El bar llamado “The new bar”

El bar llamado “The new bar”

Isabella:

Nunca había sido aficionada a los sitios nocturnos. Mucho menos a las salidas. Sin embargo, la idea me generaba intriga. Estaba más que claro que no estaba teniendo una época normal. Es decir, en comparación de lo que los demás se imaginan que se debe estar haciendo a mi edad. Así que, quería dar el paso, al menos una única vez.

Llamé a Daniela y le pregunté si quería salir. Mi amiga obviamente dijo que sí, pero alegó que iría con su novio. Y sí, Daniela no era de las que se amargaban por problemas del corazón. ¿Richard la había dejado? ¿Y qué? Estaba liada con el hijo del dueño de la cafetería, así que eso representaba que lo había superado. O al menos eso creía.

Me puse un vestido que me llegaba por encima de la rodilla con sandalias de plataforma. La prenda era azul marino y en la parte superior era ceñida al cuerpo, pero luego caía con una falda amplia. Las sandalias eran beige y no demasiado altas.

Me dejé el cabello suelto tratando de hacer algunas ondas y me apliqué un poco de labial rojo. No era de las que se maquillaban demasiado, pero sí me gustaba estar bien arreglada. Sentía que me veía bien, había recuperado mi cuerpo; no del todo porque me veía más rellena que antes, pero estaba bien.

Mi mamá se mostró encantada de que saliera. Iba a cuidar a Anna sin problemas porque era apenas la segunda vez que se lo pedía. Al menos de noche. Y para mis padres no era un problema cuidar a Annalise. A veces se quejaban, pero sabía que estaban encantados con ella.

A las nueve en punto Rodrigo empezó a llamarme a mi móvil, así que sabía que estaba abajo. Inhalé y me dispuse a salir tratando de lucir confiada. En el fondo estaba nerviosa. Era consciente de que iba a conocer a sus amigos y de que quizá en aquella salida estaría su novia.

Sabía que tenía que enfrentar que no éramos nada. Llevábamos un mes viéndonos y él no parecía mantener sus intereses puestos en mí. Tenía la hipótesis de que me buscaba por simple cortesía, aunque Daniela afirmaba que él me seguía queriendo. ¿Era eso posible cuando tenía novia?

Ro no se había bajado del auto así que subí a este. Estaba haciendo algo de frío en la calle y me lamenté por no haber llevado un suéter.

—Te ves bien— comentó a modo de saludo antes de hacer andar el carro.

—Tú te ves aceptable— respondí viéndolo de reojo. Noté como sonrió. Viajamos hasta el bar en silencio. El sonido de la música era lo único que se escuchaba en el auto. Me sentía cómoda cuando no hablábamos. Y por lo general, no hablábamos demasiado.

Cuando llegamos al bar que se llamaba “The New Bar” (vaya nombre tan original), él me ayudó a bajar porque el suelo del estacionamiento tenía muchas piedritas.

—No quiero que te caigas— explicó tendiéndome la mano. —Aun lo tienes puesto —susurró rozando mi dedo. Y sí, no había sido capaz de quitarme el anillo de casada. ¿La razón? Ni yo misma la sabía, de todos modos, se veía bien en mi dedo.

—Tú también —repliqué poniéndome de pie con su ayuda —Gracias esclavo— añadí cuando estuve frente a él. Rodrigo sonrió nuevamente y no pude evitar seguirle el juego. Era como si el tiempo no hubiese pasado, como si hubiésemos retrocedido a la época en la que éramos tan felices juntos.

Entramos a el bar de nombre poco original. Nunca había estado en uno. Pero sí sabía cómo eran gracias a las películas. Al ingresar supe que no me había perdido de nada bueno puesto que el sitio estaba atestado de personas. Por eso y otras razones odiaba las inauguraciones.

La mano de mi acompañante se aferró con mayor fuerza a la mía y me condujo hasta una mesa donde estaban cuatro jóvenes y dos mujeres. Una de estas era la novia, así que me removí inquieta ante la escena que me esperaba.

Andrés, Gerónimo, Carlos y Héctor; así se llamaban los compañeros de Ro. Las dos mujeres se llamaban Paola (la novia) y Rebecca. Traté de sonreír en la parte de las presentaciones. Sobre todo, cuando los hombres soltaron un silbido.

—Está muy guapa tu Isabella— comentó el tal Héctor como si yo no estuviese presente. Creo que Rodrigo le respondió algo, pero no logré entender por el sonido de la música.

—¿Qué quieres tomar? —me preguntó luego de un rato al oído poniendo una mano en mi cintura.

—Agua— respondí acercándome a su oreja para que me escuchara.

—¿No quieres alcohol? —inquirió con sorpresa.

Bufé. Lo tomé por los hombros y hablé fuerte en su odio.

—Estoy amamantando ¿recuerdas?

Rodrigo se fijó en mi busto y asintió con la vista perdida en mi vestido. Aquel escrutinio me estaba dejando en pena y más cuando teníamos a su pareja al frente. Por otro lado, me sorprendió que no se besaron, ni hicieron una escena cursi.



Sajoraleirbag

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En el texto hay: boda, romance, relacion amorosa

Editado: 03.09.2019

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