Definitivamente, para Siempre (bilogía Para Siempre) Libro 2

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CAPÍTULO 3

Había llegado el día por fin. Esa mañana me levanté muy animado, me puse mi mejor smoking color azul marino, con una corbata plateada que hacía un muy buen juego. Mis padres también estaban invitados, así que también se arreglaron para la ocasión.

—¡Wow! Madre, estás hermosa —le dije cuando bajó por las escaleras. Llevaba puesto un traje color rojo que la hacía lucir muy bien. A pesar de sus años, mi madre todavía conservaba una buena figura.

—Tú también te ves muy guapo mi niño.

Le ofrecí mi brazo para que pasara su mano por debajo, mi padre caminaba del otro lado, y así nos fuimos hasta el auto para llegar a la casa del lago.

Como mi padre no sabía dónde era, me dio las llaves de su auto para conducir hasta allá. Manejar en Atlanta me traía recuerdos de mi preciado deportivo rojo, al que amé hasta el día en que ya no pudo seguir más.

Luego de eso me compré otro carro en California, pero lo había dejado allá, así que aquí no tenía cómo transportarme.

Las manos me sudaban por los nervios, hasta ese momento, realmente no había caído en cuenta de que uno de mis mejores amigos se casaría. Era extraño, sabíamos que eso algún día pasaría, pero se sentía muy raro que ya estuviéramos entrando en esa etapa. Me eché a reír disimuladamente, la idea de verme en un altar esperando a una novia vestida de blanco se veía muy lejana para mí.

Cuando llegamos ya había muchos autos aparcados alrededor de la casa. El lugar se veía increíblemente diferente a como yo lo recordaba.

La casa tenía una ampliación, estaba pintada de otros colores, algunos árboles habían sido derribados, y plantados en otro lado, habían limpiado las hojas del suelo y el pasto crecía verde por todos lados.

Parecía otra casa del lago.

Además de eso, la decoración de la boda lo hacía ver todo aún más diferente. Telas de ceda blancas con rosado adornaban el sitio. Un centenar de sillas estaban dispuestas en la parte de atrás de la casa, todas en fila frente a un altar adornado con un arco de flores y más tela.

Sinceramente, la decoración era espectacular. Los novios se estaban arreglando, así que me tocaría esperar hasta después de la ceremonia para poder saludarlos.

Muchas caras familiares me recibieron. Mis padres se fueron a saludar a los padres de Ian y de los demás. Algunas personas de la escuela estaban ahí. Agradecí no ver a Irina; ya bastante tuve que soportarla por tres años en la universidad. Después de mi ruptura con Amalia, la mujer insistía más en perseguirme, hasta que, finalmente, encontró a otro pendejo a quien joder y me dejó en paz.

No la volví a ver después del tercer año de universidad, de vez en cuando me la topaba accidentalmente en la cafetería, pero luego, un día, simplemente ya no la volví a ver. No supe qué fue de ella y sinceramente tampoco me interesaba.

Joe, uno de los chicos que había jugado conmigo en el equipo estaban ahí. También había algunas amigas, de las cuales ya no recordaba sus nombres —me sentía culpable por eso—, pero mi cerebro borraba caras con la misma facilidad de un corrector.

Saludé a la gente que me veía. Muchos me reconocían por mi participación en los Golden Bears, así que pedían tomarse fotos conmigo.

Finalmente, después de saludar a un montón de gente, me encontré a Diego.

Sonreí genuinamente emocionado y corrí a saludarlo.

—¡D. K! —le dije estrechando su mano.

—¡Lucas! —Me devolvió el saludo con el mismo entusiasmo. Nos estrechamos las manos y nos dimos una palmada amistosa en la espalda.

Diego venía acompañado de una despampanante morena de cabello crespo. La mujer era casi tan alta como él y su piel parecía de chocolate, era realmente hermosa.

—¿Cómo has estado amigo mío? —saludé.

—Excelente, y por lo que he visto tú también —dijo haciendo referencia a mi carrera en el futbol—, te presento a mi prometida, Erika.

—Un gusto —tomé su mano y le di un ligero beso.

—Tenías razón, es todo un caballero —comentó Erika.

—Al parecer todos están próximos a casarse menos yo —bromeé.

—Tú y Eric, a Daniel ni lo nombro, ya sabemos que ese será el eterno soltero ¡ja, ja, ja!



Y.C. Socarras

Editado: 03.11.2019

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