Déjame Amarte ©®

Tamaño de fuente: - +

UN PEQUEÑO GRAN PASO

No supe como. Al verla junto a mí, hasta me sentí incrédulo por momentos pero allí estaba. Agatha viajó conmigo a Ankara y mientras yo me disponía a poner las cosas en orden con respecto a mi vida con Nergis, la llevé a un apartamento que yo poseía en las afueras de la capital en Gölbaşı.

— ¿Te gusta el lugar?

— Sí ¿Aquí traes a todas tus amantes, Oğuzhan?

— A todas... Perdí la cuenta de todas las mujeres que traje a éste sitio. ¿Por qué pones esa cara?

— Porque me lo suponía.

— Estás juzgándome horriblemente, preciosa.

— Mmmhhh... ¿Oğuz, me llevarías a conocer Estambul? Nunca he ido allá.

— Te llevaré a donde me pidas, menos a Ámsterdam.

— Para ir a Ámsterdam yo no necesito de ti, es más. No necesito de ti para nada y te advierto que si no vuelves en la mañana, me iré sola.

Su advertencia me quedó claro como el agua, tanto como aquel carácter tan cambiante a cual debía acostumbrarme de modo a que no me tomaran desprevenido.

La cuestión era cuanto tiempo me tomaría lidiar con los conflictos que se me avecinaban con Nergis. Agatha amenazaba con irse en la mañana si yo no aparecía y eso se me hacía casi imposible.

— Dos días, no más que eso.

— No te esperaré dos días.

— Yo te esperé tres días y con mucha paciencia.

— Porque quisiste hacerlo.

— ¡Tamam! ¡Tamam! Pero dijiste que quieres conocer Estambul.

— Puedo ir sola.

— De ninguna manera. Solo dos días, ¡Por favor, Agatha! —Supliqué tomando sus manos—

Cuando finalmente aceptó y me prometió que esperaría por mí, pude ir tranquilo a Ankara. Fui con firmes intenciones de hablarle a Nergis con sinceridad. Decirle que nuestra relación ya no encaminaba hacia ningún lugar y que otra persona se había adueñado de mis sentimientos pero eso no pudo ser porque fue ella quien pidió la palabra antes que yo intentará siquiera, decir media alguna.

— Oğuzhan, sé que dijimos y quedamos entre los dos que luego de estas vacaciones y del tiempo que nos tomamos, intentaríamos rehacer nuestro matrimonio pero ya no puedo engañarme de esta manera y mucho menos engañarte a ti. No quise bajar los brazos y dejar atrás todos los momentos felices que habíamos vivido juntos pero comprendí que cuando el amor se acaba, ya nada se puede hacer.

— Nergis...

— Ya no te amo, Oğuzhan. Estoy enamorada de otra persona y lo mejor será que nos divorciemos cuanto antes —Dijo observándome con un pesar, como si yo fuera a objetar rotundamente sus palabras—

No tenía nada que objetar y así la tuviera, no me saldrían las palabras pues mi esposa Nergis no solo planteó el proceso inmediato del divorcio sino que admitió haberse enamorado de otro hombre. Uno de su misma edad, varios años más joven que yo.

—Oğuzhan, dime algo por favor. Si continúas callado me sentiré aun mucho peor.

— Cuando me llamabas con insistencia pensé en verdad que deseabas con ansias encaminar nuestra relación.

— Me urgía quitarme este peso de encima. No quiero hacerte daño Oğuzhan porque no lo mereces.

— No te preocupes por mí, Nergis, estaré bien. Si las cosas son de ésta manera, hablaré con nuestro abogado para que se encargue de todo lo referente al divorcio.

— ¡Tamam!

— Debo marcharme ahora.

— ¿A dónde irás? Puedes quedarte en la casa y yo iré al departamento de Gölbaşı

— ¡Yok, Nergis! —Irrumpí de inmediato— En verdad no tienes que preocuparte por mi. Yo iré a Estambul por un par de días y ya luego veré.

— ¿Estás seguro? 

— Lo estoy

Me despedí de ella con un beso en la frente y salí de la casa —Debo admitir, bastante descolocado—

— Te llamaré en cuanto hable con Baymaz —Dije refiriéndome a nuestro abogado—

Volví de inmediato a Gölbaşı, tardándome mucho menos de lo que le había dicho a Agatha que me tardaría y la sorprendí viendo en la TV, un video sobre esos festivales de música ruidosa, alocada pero con letras deprimentes que tanto le gustaban, todo mientras bebía algo.

— Te esperaba dentro de un día más —Dijo bajando el volumen de la TV y colocando el vaso sobre la pequeña mesa—

— Pero si en principio querías que volviese antes —Acoté sentándome en el sofá—

— ¿Qué sucedió? ¿Te arreglaste con tu esposa? ¿Ya me dejarás ir?

— No me arreglé con mi esposa y no te dejaré ir. No sola. ¿Estabas bebiendo whisky? —Pregunté oliendo el contenido de aquel vaso—

— Estoy —Contestó arrebatándomelo de la mano— Es muy fino. ¡Me encanta! ¿De qué te ríes?

— Cuando te vi por primera vez, quedé realmente encantado y solo se me pasaron cosas maravillosas por la mente.

— Pues lamento haberte decepcionado. Las apariencias siempre engañan. Tú por ejemplo, resultaste ser un loco persecutor y eso jamás lo hubiese imaginado.



Britzberg

Editado: 13.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar