Déjame Amarte ©®

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SUS DESEOS

— ¿Cómo le fue, Sra.? — ¿Sí admitieron al Señor?  
— Lo admitieron Farah y empezará mañana mismo.  
— ¡Que buena noticia!  
— Lo es, de igual manera no iban a rechazar su admisión. Simplemente los trámites hubiesen sido largos y tediosos si Oğuz y yo no estuviésemos casados. A mi me costó mucho mi admisión. 
Cuando mi esposa llegó estaba aún visiblemente molesta y algo entristecido conmigo, sin embargo no le impidió acercarse a mí para darme la noticia de que me habían admitido al programa completo de terapias y rehabilitaciones en el hospital neerlandés.  
Estuve de acuerdo con todas las cosas que me había dicho, ya no deseaba hacerla sentir mal. Quería que se sentara junto a mí para poder abrazarla así mis brazos carecieran de la fuerza que requería para poder hacerlo.  
— Tendremos gastos normales, Oğuzhan, no excesivos, por lo tanto no quiero que te preocupes de eso. Sabes que me pagaron buen dinero por los derechos de mi novela y continuó recibiendo abonos por publicidad y otras cosas. 
No era nada de eso, deseaba contentarla de algún modo y deseaba imperiosamente que lo notara.  
— Me heriste, Oğuzhan. Me miraste con rabia ¿Cómo se supone que debo estar? Al fin y al cabo todo esto es por tu bien —Dijo llorando mientras yo negaba con la cabeza— 
Ya no quería verla en ese estado. ¡Mi vida! ¡Mi hermosa Reina de Cristal! Agatha y mi hija eran en ese instante todo lo que me impulsaría a continuar, a volver a intentar así me tomara años reponerme.  
— ¿Sabes cual será tu primera meta? Utilizar esas manos, Oğuz y te doy exactamente un mes para que lo logres. 
¿Un mes? Eso suena a muy poco tiempo.  
— ¿Y sabes otra cosa? Por cada logro que consigas, te daré un premio —Dijo sonriente y en un tono pervertido, besando mis labios— Necesito saber que piensas, que quieres, que necesitas mi amor y si utilizas tus manos podrás escribir para mí. Nos comunicaremos por mensajes a través del móvil o escritos en papel. 
Estaba dispuesto a lograrlo, claro que no me encontraba seguro de poder hacerlo en un mes pero por esos premios que me prometía mi Agatha, estaba dispuesto a intentarlo del modo que fuera posible. 
Los primeros días fueron complicados pero nada que no lograra sobrellevar en compañía de mi Agatha. En ocasiones llevábamos con nosotros a nuestra pequeña Hatice y otras en las que mi esposa también ingresaría a sus terapias físicas, la dejábamos al cuidado de Farah.  
— Sí logras sostener éste vaso de agua para beberlo, voy a arrancarte esa boquita a besos —Me dijo con un susurro—  
El hecho era que siempre me hacía eso entre otras cosas que prefiero no mencionar, lograra o no mis desafíos de la semana, de todos modos lo intenté una y otra vez con ambas manos y pese a que no conseguí beber el agua por mí mismo, ya podía sujetar cosas con firmeza y eso me tenía muy satisfecho.  
— Todo esto tú puedes hacerlo en tu casa, Oğuzhan. Cada acción que realices con tus manos, por mínimas que sean, servirá para tu recuperación física. 
En cuanto a mis piernas, requerían de más paciencia y horas de fisioterapias y todo dependía de que pudiera fortalecer por completo mis manos y mis brazos para poder apoyarme con mayor agilidad a los trabajos con mis extremidades inferiores.  
— Farah, Oğuzhan tiene cita con el dentista hoy y luego lo llevaré a que le corten este pelo antes que se vuelva un greñudo. No se cuantas horas nos tardaremos por lo tanto te encargo mucho a mi Hatice.  
— Vayan tranquilos. Saben que no me despego de Hatice ni un solo instante.  
— Cualquier cosa me llamas y por favor no le abras la puerta a nadie. 
Luego de mi consulta con el dentista fuimos a una peluquería tal y como me lo había advertido mi Agatha y en lo que yo permanecía allí, ella fue un momento a la tienda por algunas cosas necesarias en la casa.  
— ¡Pero que hombre más guapo! No reconozco a mi esposo —Exclamó llenándome de besos— Creo que estoy enamorada. 
¿Cómo? ¿Antes no lo estabas? —Pensé—  
— Enamorada otra vez —Recalcó— 
Aquella noche, ella se encargó de preparar mi cena favorita. 
Mi esposa se veía bastante bien y contenta y supuse de inmediato que era uno de esos días milagrosos en los que yo podía disfrutar de su sonrisa, su buen humor y sus demostraciones de amor desenfrenado hacia mí. 
Luego de que acabó de alimentar a nuestra hija y hacer que se durmiera, ingresó a nuestra habitación donde yo ya me encontraba sobre la cama, presto para descansar luego de un agitado día. 
El caso fue que descansar no se encontraba para nada en los planes de mi esposa y me lo hizo notar ni bien se colocó sobre mí en la cama.  
— ¿Si sabes que tendremos sexo ahora, verdad?  
No… No tenía idea —Pensé negando con la cabeza—  
— Bien, ahora ya lo sabes, mi amor. 
Desde luego que me agradaba la idea pero no estaba seguro de hallarme listo para complacerla. He tenido pequeños avances en mis terapias físicas pero nada que me permitiera hacerla sentir satisfecha. 
Se lo di a entender del modo que pude pero no sirvió de nada. Ella dio la iniciativa, tomó mis manos y las colocó bajo su camisón, en sus senos. Esos senos firmes y tiernos que solo había tenido ocasión de ver un par de veces mientras amamantaba a Hatice. 
Aquella noche los tuve entre mis manos y me sentí el hombre más afortunado del mundo.  
— Apriétalos mi amor, se que puedes. 
Claro que podía y lo hice una y otra vez, luego me despojó de ellos y comenzó a besar mis labios y a morderlos. Bajó a mi cuello, abrió mi camisa y sus besos se impregnaban con delicadeza a cada espacio de mi pecho.  
— Creo que no tendré que esforzarme para despertarlo —Dijo con total gobierno allí abajo y apoderándose de aquello que en realidad era su obsesión— 
Hasta ese instante Agatha y yo habíamos tenido muy pocos momentos sexuales realmente intensos. No habíamos tenido una vida tranquila para disfrutar de los placeres dentro del matrimonio pero desde aquella noche las cosas comenzarían a cambiar y todo bajo la absoluta influencia de sus deseos. 
Entre besos, gemidos que se oprimían y pulsaciones elevadas a su máximo nivel, follamos durante horas. Una palabra realmente indecorosa para mis principios pero que a final de cuentas aplicaba sin pudor para lo que acabábamos de hacer como normales habitantes de los suburbios de Ámsterdam. 
Exhaustos y al borde de un profundo sueño, mis labios rozaron uno de sus pezones y sumergido en su absoluta permisividad, pude disfrutar del tibio néctar extraído de aquel bendecido cántaro de vida.  

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(Prohibida la copia de este capítulo y los conceptos generales de la trama) 
Historia originalmente escrita y patentada por Gisselle Martínez by Britzbeg ©® 
 



Britzberg

Editado: 23.02.2020

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