Déjame Amarte ©®

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NUESTRO NUEVO HOGAR EN KUDELSTAART

— ¿No pudiste detenerte? Sabias que esto podía pasarle a tu hermano y aun así decidiste continuar. ¿Por qué?  
— Necesitaba contarle toda la verdad.  
— Pues más te vale que reces lo suficiente para que tu maldita verdad no lo haya dañado.  
Sentí a mi esposa recostada sobre mi pecho, llorando y supuse de inmediato que quizás algo malo nuevamente había sucedido conmigo. ¿Pero que más podría sucederme? —Me pregunté acariciando su cabello—  
— ¿Oğuz, mi amor? ¿Estas bien, cielo? ¿Puedes verme? ¿Oírme? ¿Puedes moverte? 
Fueron demasiadas preguntas pero muy típicas de mi amada y exagerada Agatha, sin embargo le demostré que todo estaba bien conmigo para que dejara de llorar.  
— Amor, estaba tan preocupada —Dijo entre abrazos y besos—  
No tardó mucho para que el Dr. Sesselaar pasara a mi sala y trajera consigo los resultados de mis estudios.  
— Afortunadamente las convulsiones que ha sufrido no pasó a mayores pero sabe que algo así no puede volver a repetirse señor y señora Berli.  
— Lo sabemos perfectamente y no se volverá a repetir jamás, Dr. Sesselaar . Se lo prometo.  
— Necesita estar tranquilo y no verse alterado o en situaciones que pudieran ocasionarle efectos adversos a su salud y recuperación.  
Todo aquello en verdad ya lo sabía al igual que mi esposa pero al parecer, la vida se empeñaba en hacernos pasar por momentos difíciles. 
En esos instantes recordé a mi hermano y todo aquello que me había contado y nuevamente me carcomían los nervios y el coraje pero por mi bien y el bien de mi familia, debía lidiar con aquello. Necesitaba reponerme de toda esa información y procesarla por lo que preferí ya no volver a verlo hasta que eso sucediera. 
Es mi hermano ¿Cómo podría odiarlo? —Pensé una y mil veces— por hacer lo correcto, pagó las consecuencias al igual que toda nuestra familia, al igual que mí familia. Pero… de algún modo también me había engañado. ¿Por qué no pudo aparecerse ante mí mucho antes?. Él tenía encuentros con Nergis cuando ella y yo aún estábamos casados. Ambos me engañaron de un modo muy sucio y todos acabamos pagando las culpas de aquel pecado.  
— Oğuzhan necesita reponerse y ordenar sus pensamientos. En cuanto eso suceda él mismo pedirá verte.  
— ¡Tamam! Será como él quiera. Dile que esperaré el tiempo que sea necesario hasta que un día logre perdonarme.  
— Tu hermano es el hombre más noble de este mundo y sabrá perdonarte. Cuando eso suceda podrás estar cerca de él las veces que quieras, eso sí, te advierto que mantengas bien lejos de nosotros a esa mujer. 
Mi esposa había sido lo suficientemente clara con mi hermano y afortunadamente él supo comprenderlo. Sabía cuánto lo amaba y eso nunca cambiaría a pesar de todo lo acontecido. 
Luego de permanecer dos días en el hospital neerlandés, volví a casa pero no por mucho tiempo.  
Todo estaba listo para que nos mudáramos a nuestro nuevo hogar en Kudelstaart el fin de semana. Casa que según mi Agatha, sería nuestro verdadero hogar. Con todas las comodidades por sobre todo para mí, sin pisos altos ni escalones que pudieran impedir mi movilidad.  
— ¿Qué te parece nuestro coche, cielo? Una Ford Adapta B-Max Mobileasy con puerta trasera eléctrica y asiento giratorio también eléctrico. Cuando lo pruebes te encantará amor de mi vida porque es especial para ti. Claro que yo la manejaré en lo que te den tu permiso como te lo dije antes. 
¿Primero se compró una casa y luego un coche como ese?  
— Dime algo mi Oğuz. 
No tenía nada para decirle. Lo hizo todo sin decirme absolutamente nada.  
— ¿Estas molesto acaso?  
— Yok.  
— Entonces cambia esa cara de ogro, amor que hoy será un día muy bonito. Ya vamos rumbo a nuestra nueva casita.  
No podría enfadarme con ella viéndola irradiar tanta felicidad. Si mi esposa estaba contenta, entonces yo estaba contento aunque claro. Luego tendríamos una montaña de asuntos sobre que conversar.  
Aquel coche era en verdad increíble, poseía su propia silla de ruedas adaptada al vehículo en caso de que quisiera utilizarla pero como yo contaba con mi silla de ruedas automática, aquella solo la utilizaría en algunas ocasiones. Yo podía subir y luego descender solo, sin ayuda de nadie gracias al asiento que se salía y se metía nuevamente manejado por un pequeño control mientras que mi silla de ruedas era introducida del mismo modo, jalado por un pequeño remolque que lo guardaba en la aguantera.  
— Tú coche es mágico, Oğuz.  
— En verdad lo es —Pensé asombrado— Pero eso debió haberle costado una fortuna.  
— ¡Bien! Hora de irnos —Dijo Agatha mientras terminábamos de ubicarnos en aquel coche y un pequeño camión de mudanza con nuestras pertenecías, adelantaba su camino rumbo a nuestro nuevo hogar—  
— ¿Aseguraste bien a mi bebé, Farah?  
— Por supuesto señora. 
— Ok… Ahora a ver como se maneja este coche.  
— ¿Ne? —Pregunté aterrado mientras ella me observaba y reía—  
— Fue solo una broma, amor.  
¿Una broma? ¡Allah! Nuevamente dejo nuestras vidas en tus manos —Exclamé con plegarias desde lo más profundo de mi alma—  
— Te digo que fue solo una broma. He practicado lo suficiente porque como puedes ver todo esto es automático y tantos botoncitos confunden un poco.  
— ¡Yeter! ¡Yeter!  
— ¡Oğuzhan! 

¿Todos esos botoncitos la confundían y aun así tenia intenciones de manejar hasta Kudelstaart? Definitivamente no lo iba a permitir.  
— Ya estamos adentro del coche. No pediremos un taxi. ¿Cómo puedes pensar que yo los pondría en peligro? ¿Por qué no confías en mí? Eres un machista.  
— ¿Ne?  
— Lo que oíste. Solo los machistas piensan que las mujeres no podemos manejar. ¡Allahallah!  

No pude evitar tanta gracia y de tanto encanto me la hubiese comido a besos únicamente para sacarle el enojo que repentinamente había cargado.  
— ¿De qué te ríes? Dices eso cada vez que te enfadas conmigo entonces yo también puedo. ¿Tú te ríes también Farah? Escúchenme los dos, voy a manejar este coche y llegaremos a Kudelstaart sanos y salvos ¿Quedó claro?  
Casi media hora de tortura interna y silencio reinante finalmente llegamos Madame Curiestraat. Llegamos a nuestra casa. Una tal cual la había descrito mi Agatha. Hermosa en verdad, con amplios corredores, un jardín, calles accesibles, casas tan bonitas como la nuestra y mucho verde a nuestro alrededor. 
Luego de pasar nuevamente por todo el minucioso proceso de aquel coche robotizado, pudimos ingresar.  
— No es una mansión pero tiene todo lo que necesitamos. Cuatro habitaciones, tres baños, una cocina, una sala con chimenea y un bonito jardín con muchas flores muy coloridas que florecerán en primavera.  
En lo que los encargados del camión de mudanza ubicaban nuestras pertenecías, Farah tuvo curiosidad inmediata en conocer la cocina mientras que Agatha llevó a nuestra Hatice para enseñarle su habitación.  
Todo se encontraba correcta y maniáticamente en su sitio y es que ese era el sello distintivo de mi esposa, que cada rincón irradiara de limpieza y de un envolvente aroma. Del lado de nuestro dormitorio, la cocina, la sala y el acceso al jardín no había traba alguna que pudiera impedir movilizarme por mí mismo.  
— Tenemos un portón por lo tanto nuestra bebé traviesa no huirá mientras juega en el jardín —Dijo sentada sobre mi regazo—  
En aquel instante sentí algo que pensé jamás sentiría y es que salir de Ámsterdam era todo lo que necesitaba para que comenzara a agradarme vivir en aquel país de una manera realmente tranquila con mi familia. 
Estaba haciendo mucho frío entonces ingresamos nuevamente a la casa. Los del servicio de mudanza ya habían acabado de ubicar nuestras pertenecías que tampoco eran demasiadas y cuando se marcharon, nosotros nos encargaríamos de reubicar ciertas cosas donde mejor nos pareciera. Farah sería la única con habitación en la planta alta de la casa y nuestro Min tendría un espacio exclusivo con su pequeña gran mansión, su arenero y rascador para gatos, en el interior del corredor que separaba el sitio, del jardín por medio de una puerta deslizante.  
— ¿Te gusta la casita de Min? —Preguntó Agatha a la niña quien estaba encantada de ver a Min en lo más alto de su nueva pequeña gran mansión—  
Fue un día agotador y lo que quedó por acomodar, lo habíamos dejado para el día siguiente. 
Luego de la cena, Agatha alistó a la pequeña para hacer que se durmiera, la llevó hasta su habitación y nosotros pasamos posteriormente a la nuestra.  
— Mañana tendremos un largo día de descanso, cielo.  
¿Qué significaba eso? ¿Qué podré tenerla en la cama todo el día? O será acaso que siente algún tipo de dolencia que yo no había notado. Habitualmente en épocas de frío mi Agatha padecía con más intensidad sus dolencias físicas.  
— No es nada de eso Oğuzhan. Estoy tan feliz que hasta he olvidado que tengo mis achaques de la edad.  
Cuando ella mencionaba sus achaques siempre sonaba como si tuviese unos sesenta o setenta año pese a que definitivamente aún estaba muy lejos de aquellas décadas.  
— ¿No puedo acaso pasar el día entero en la cama con mi esposo? —Preguntó colocándose encima de mi—  
Desde luego que podía y si en esos planes estaba tener sexo todo el día, sonaba aún mucho mejor.  
— Sabes que eso será imposible que ni bien amanezca, nuestra bebé vendrá a colarse en medio de los dos. Mejor aprovechemos el tiempo que tenemos ahora, amor de mi vida.  
Es verdad —Pensé mientras mi esposa tomaba la iniciativa y yo me encontraba nuevamente sumergido en mis ganas profundas de querer permanecer por siempre en ella, perdido en su aroma, en su respiración, en sus gemidos— Sin embargo deseaba que en aquella ocasión las cosas fueran algo distintas y entonces acabé apoderándose del control aquella noche.  
De modo casi inesperado mi encantadora esposa acabó acorralada bajo mi sola influencia y la tuve atrapada bajo todo el dominio de mi cuerpo mientras la colmaba de besos y le otorgaba el placer del único éxtasis que volvería a probar en toda su vida. 

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(Prohibida la copia de este capítulo y los conceptos generales de la trama) 
Historia originalmente escrita y patentada por Gisselle Martínez by Britzbeg ©® 

 



Britzberg

Editado: 23.02.2020

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