Delfines en el cielo

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Capítulo 12 - Un éxtasis kármico.

Cuando encuentres personas que no intentan cambiar nada de ti, pero si relucir lo mejor de ti, entonces dales el valor necesario, para ser agradecido con la vida porque los puso ahí.

Hay personas que son luz y bendición, faro que guía en medio de un mar agitado, aprovecha el tiempo, pues jamás vuelve.

Luego de aquel encuentro en casa de Camila, ese instante donde ambos nos confesamos el haber sentido una conexión especial entre nuestras almas, como si se hubiesen llamado la una a la otra y luego se habían encontrado en un éxtasis kármico, habíamos quedado de acuerdo en salir y conocernos. Ambos habíamos terminado un contrato kármico con otras personas, y ya no teníamos deudas kármicas pendientes con nadie más. 

Nuestra primera cita fue en una feria del libro que se realizaba cada año en la ciudad. Ambos disfrutamos de la lectura y de las largas caminatas al aire libre. Nos pasamos horas entrando en cada stand que nos llamaba la atención y disfrutando de las actividades de la feria. Luego de un largo rato caminando entre uno y otro stand decidimos hacer una pausa para tomar un café. 

- Creo que estaba buscando en el lugar equivocado, porque no te había encontrado antes. - Le dije mientras me llevaba la taza de café a la boca.

- ¡Será porque habías encontrado otras cosas por ahí! - Dijo de una manera burlona.

Me quedé mirándola un rato un poco desubicado, su belleza era impresionante, tanto o igual que Carmen. Creo que ambas eran hermosas, me consideraba un tipo afortunado por cruzarme con semejantes mujeres cuando yo era un simple mortal. 

- ¡Eres tan hermosa! - Le dije.

- El cuerpo se deteriora y envejece, y con él la belleza externa, más el alma permanece, busca siempre alcanzar el alma de las personas. - Dijo.

- Tienes razón - Respondí. 

Ella sonrió y tomó un sorbo del café especial con hierbas que había ordenado, tenía un sabor entre fuerte y dulce, muy diferente para mi gusto, pero olía delicioso. 

Nos tardamos un poco más de lo planeado en el café, conversamos sobre muchas cosas. Era la primera vez que teníamos una cita oficialmente. Me sorprendió lo madura que podía llegar a ser a pesar de tener tan solo dieciocho años. Cayó la noche sin darnos cuenta y el tiempo se fue volando.  Ella miró su reloj y luego dijo:

- Tengo que regresar a casa - 

Fuimos al parqueo a buscar mi carro, ciertamente era ya muy tarde. Ya eran las doce y cinco minutos. El parqueo estaba muy iluminado por grandes faroles y luces coloridas.

- Te ves diferente bajo esta luz - Dijo.

- ¡Se suponía que a las doce me convertiría en sapo! - Dije en tono de broma como respuesta a su comentario. - ¿Será que he encontrado en ti mi princesa?

- ¡No sea meloso! - Dijo.

Ambos reímos como locos durante un rato, no sé qué tiene de chistoso, pero así fue, así éramos nosotros cuando estábamos juntos, pura alegría. 

La miraba mientras conducía, la escuchaba hablar sin parar y reír a carcajadas de sus propias palabras. Era increíble. 

- ¿Ya te había dicho cuán hermosa eres? - Le dije.

- ¡No subestimes a la rosa por su belleza pues a pesar de su belleza y delicadeza sus espinas lastiman! - Respondió. 

- ¿Es eso una advertencia?

- ¡No! Pero al contrario de mi tu eres una hermosa y brillante estrella. - 

- ¡Una estrella puede caer en la tierra y llegar a tus manos pero jamás pertenecerte! ¿Lo sabías? ¡Sobre todo después de una advertencia como esa jovencita! - Le respondí. 

- No te preocupes, mientras menos cosas se tiene más libre se es. - Dijo con una sonrisa maquiavélica en su rostro y luego añadió. - Yo no quiero la felicidad de golpe, la prefiero por dosis. - 

- ¿Qué quieres decir? - 

- ¡Que me bajo la luna y las estrellas yo sola! - Dijo. 

- ¡Entiendo! -

- Así que si quiero una estrella como tú sólo tengo que alcanzarla yo solita y atraparla poco a poco, hasta tenerla en mis manos por completo. -

Conversamos durante todo el trayecto, no parábamos de hablar de una que otra cosa. Un tema nos llevaba al otro. Teníamos muchas cosas en común, más de lo que pensábamos. 

Llegamos hasta su casa y me estacioné, su mamá nos espiaba por la ventana, así que no me tardé demasiado en despedirme. 

- Creo que esta es la despedida - 

No podía dejar de mirarla como bobo así que me acerque a darle un pequeño beso en la mejilla para despedirme. Sin querer nuestros labios se cruzaron y nos dimos un pequeño y tierno beso. Luego ella se alejó un poco y dijo: 



Ovent

Editado: 10.10.2019

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