Delfines en el cielo

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Capítulo 18 - A dónde nos lleva el hilo rojo y el karma en nosotros.

*Damián*

Algunas personas en ocasiones, o quizás muchas veces, no apreciamos o comprendemos el valor real del ‘ahora’, del momento presente. No nos detenemos a apreciar que él ahora es lo único que realmente tenemos y que nunca sabremos hasta cuando lo tendremos. 

Él ahora es tan magnífico, vale tanto, que no se puede tasar. El pasado ya fue, el futuro es incierto, es por eso que él ahora es lo único que nos concierne, es lo único que tenemos en las manos, así también todo aquello que está presente en el ahora, lo demás, está de más, pero, en ocasiones damos las cosas por sentado y eso nos lleva a descuidarlas. 

Lo que eres ahora, lo que sientes y lo que te hace sentir vivo, lo que vives ahora, es lo que cuenta, es lo que tienes, justo después será lo que tenías, por eso es que vale tanto, por eso hay que vivirlo al máximo y disfrutarlo, porque no vuelve jamás.

Es cierto que tal vez era muy pronto para un matrimonio, probablemente fue una decisión muy prematura, tal vez me apresure demasiado al pedirle a Camila que fuera mi esposa cuando apenas empezábamos a estar juntos, y sobre todo siendo ella tan joven. Cuando le cuestioné sobre el tema solo se animó a decir: 

El tiempo no espera por nadie, la vida no espera por nadie, el karma tampoco. El mundo no se detiene a esperar a que te decidas Damián. - 

Luego de haber hecho la propuesta decidí empezar a vivir y disfrutar nuestra relación de novios antes de que llegara el momento de subir al altar y convertirnos en un matrimonio más, yo quería llevar las cosas paso a paso y ella quería vivir a la carrera. Yo no quería cometer los mismos errores que cometí con Carmen, pero Camila sentía que de alguna manera debía aprovechar el tiempo, yo entendía a medias esas formas de pensar, pero la aceptaba, aunque no estuviera de acuerdo. Yo no tenía idea de lo que estaba pasando en su interior, siempre andaba perdido en alguna cosa y eso me evitaba ver lo que realmente estaba sucediendo a mi alrededor, tal vez pude notarlo antes, pero cuando lo hice ya era demasiado tarde. 

Camila y yo mantuvimos una relación muy fogosa y fuerte, por momentos éramos como dos cometas que colisionan y con el caos crean un magnífico universo, por momentos no nos soportábamos el uno al otro, pero aun así nos amábamos con locura, en cierto modo éramos inmaduros y poco a poco eso se fue dejando ver en la relación. Nos amamos con pasión y con locura, luego peleábamos y nos distanciamos por días. 

Cada día, cada mes sumaba una aventura más en nuestro camino hasta la cima, y yo me dedicaba por completo a hacerla feliz, cada vez que cumplíamos un mes de relación le escribía una carta especial donde le hacía saber cuán feliz era con ella y cuánto la amaba, siempre un poema distinto que obsequiarle, siempre un detalle romántico que expresarle, luego de cinco años de relación ya las cartas no cabían en la casa, pero al menos me queda ese recuerdo de nosotros. Pero no todo era bueno, había ocasiones donde me encerraba en mí mismo y en mi mundo, descuidándola por completo a pesar de amarla tanto, eso también se dejó ver con el tiempo como una huella, y no solo en ella también en mí. Algunas veces me ausentaba por días y la descuidaba, algunas veces estaba tanto que la podía llevar a luna con tanto amor y atención.

El primer año de relación fue muy bueno, era como vivir una relación de ensueño. Cada mes cumplido era como una fantasía, como un idilio. Era una maravilla el estar a su lado.

Yo era completamente débil al aroma de su cuerpo, a la dulzura de sus besos, a su extraño corazón, a su forma infantil de amar y no me podía controlar. Efectivamente me tenía bajo un hechizo del cual no podía escapar. 

Era débil a todo lo que hacía, a su cuerpo, a su aire, a su magia y nada más. Ella me hacía débil, sin fuerza ni control, no podía decirle no y es que todo lo que hacía me hacía tan débil. Era como mi kriptonita. 

Era débil a sus curvas, su romance, a su cuerpo, a su boca, a sus labios que me mantenían prisionero en su idilio fantástico de amor. 

En un principio la boda se llevaría a cabo después de cumplir el año de relación pero Camila estaba segura de que debía ser antes y yo hice realidad su deseo, así que nos casamos unos meses antes de cumplir nuestro primer año. La boda se realizó en el puerto San Andaréis junto a la playa. Era su lugar favorito. Fue una especie de ceremonia mágica, como una fantasía. La ceremonia se realizó al anochecer, el lugar estaba lleno de velas y de luces pequeñas como luciérnagas que semejaban estrellas. Había una enorme carpa cubierta de cortinas blancas que bailaban con la brisa y faroles redondos de papel plata que semejaban la luna llena. Era como estar en el cielo. 

Todos nuestros amigos asistieron a la boda, incluso Ismael regresó de Londres para estar presente. Carmen no regresó con él por motivos de trabajo. Ser la jefa tiene sus desventajas. Creí que la volvería a ver, pero para qué mentir, jamás volví a saber de ella.

Los chicos fueron vestidos de blanco a excepción del novio y las chicas de rosa a excepción de la novia, que fue vestida de plata, como la luna. 

En aquel momento mágico que fue nuestra boda, estábamos parados frente a frente mirándonos a los ojos y tomados de la mano, mientras el sacerdote pronunciaba las palabras que nos harían marido y mujer. Luego de terminar de escuchar sus palabras de unión y bendición me tocó pronunciar mis votos.



Ovent

Editado: 10.10.2019

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