Delfines en el cielo

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Capítulo 19 - El alma nos elige.

La vida es un acertijo cuya respuesta no sabemos, a veces suceden cosas realmente inesperadas, situaciones que nos dan un empujón hacia otra dirección y nos cambian el rumbo, como un giro de ciento ochenta grados, y este empujón al principio no parece llevarnos en la dirección correcta, sobre todo si tu brújula interna no sabe a dónde vas. Pero cuando dejamos el tiempo ser y hacer su trabajo, descubrimos cosas maravillosas en medio de tanto alboroto, de tanto sin sentido o incluso detrás del dolor de una pérdida, pues incluso en medio de la tormenta y a pesar de ella puede brillar el sol, de hecho nunca deja de brillar a pesar de que las nubes grises no te permiten verlo. 

El alma nos elige y elige a aquellos que van a transitar por nuestro camino de vida, para mostrarnos las cosas que necesitamos ver y experimentar, para abrirnos los ojos ante un nuevo y extraordinario mundo. Cuando esto sucede, si lo permitimos obviamente, dejamos de ser quienes solíamos ser y vemos todo de una forma diferente, nos transforma y ya no podemos volver al estado anterior. 

Todo esto sucede para mostrarnos que posiblemente el camino que estamos cruzando no es el adecuado. Sucede que a veces nos empeñamos tanto en ese camino y lo que hay en él, que nos perdemos de otros horizontes y nuevas aventuras. Pero la vida no espera y hay quienes lo entienden a la primera, a otros les toma más tiempo, Esther tuvo que tropezar varias veces hasta entenderlo. Sin embargo el destino, la vida, o lo que prefieras, es sabio y te muestra la lección lo quieras o no, y es entonces cuando hace su magia, mostrándote otras vías, otros caminos para alcanzar la felicidad, y ahí es cuando te toca elegir si seguir caminando en el camino que conoces pero que no te conviene o caminar un nuevo trayecto que te ofrece cosas nuevas y maravillosas por conocer. El destino estuvo llamando a Esther por largo tiempo, pero ella se empeñaba en ver donde no debía y por eso tuvo que repetir la lección una y otra vez con diferentes maestros, hasta que logró ver en su interior y pasar la prueba que la llevaría al siguiente nivel. Carmen al contrario se dio cuenta a tiempo de que su tiempo y su historia con Damián había concluido, siguió su intuición y despejó el camino.

Pero no todo es obra del destino, a veces somos nosotros con nuestras acciones quienes provocamos las cosas, y de ser así, es recomendable que si no vas a estar preparado para recibir los golpes es mejor no subirse al ring y tentar la suerte. 

Tampoco debemos huir de la felicidad, ni temerle, hay que dejarse de pendejadas y vivir, atreverse, luchar por las cosas que nos hacen felices, dejando de lado aquellas cosas que solo nos producen cansancio y dolor, y eso Ismael lo había comprendido. No podemos, ni debemos luchar por aquellas cosas que nos restan felicidad, ni empeñarnos en ellas, la vida es corta y el tiempo no espera por nadie. Esther al fin había entendido después de muchas lágrimas y sufrimiento que no podía seguir luchando por un amor que no era correspondido, al menos no de la forma en que ella amaba.

Cuando Milo apareció en su vida no entró a la fuerza en su hábitat, ni forzó las cerraduras de su alma, él sabía perfectamente lo que quería y fue por ello, pero antes pidió permiso para pasar. Esther claramente tenía miedo, pero el miedo se enfrenta a pesar de no tener el valor para hacerlo y ella decidió dar el paso de fe y dejarlo entrar, paso a paso el lograría lo que otros no habían logrado jamás y ambos descubrirán que estaban atados por el hilo rojo del destino.

Cuando aprendes trasciendes. - Se dijo a sí misma varias veces.

Su relación empezó como todas las relaciones deberían empezar, siendo amigos el uno del otro, buscando crecer con cada interacción y con cada contacto. La amistad los llevaría por el camino del amor en su debido momento, no había que forzar nada.

Por otro lado estaban Carmen y Damián, la historia de ellos había llegado a su fin, jamás volverían a verse de nuevo, aunque ellos no lo sospecharon nunca. Su amor no estaba destinado a permanecer unido, podrían amarse de alguna manera u otra, pero en la memoria del recuerdo de lo que alguna vez fue. Ellos ya habían aprendido el uno del otro lo que necesitaban para seguir fluyendo, ambos lo entendieron a tiempo y no se estancaron. Una vez amas a alguien no dejas de amarlo nunca, ese amor solo se transforma pero permanece ahí para siempre, en la memoria de la piel, de los sentidos, del corazón, del cerebro, vibrando en cada célula de tu cuerpo al unísono con los latidos del corazón.  Ella había decidido escuchar su corazón, y se dejó llevar por ese sentimiento que se produce al encontrar tu hilo rojo en alguien y en vez de sentarse a lamentarse por haber perdido al amor que por años conocía, decidió avanzar y darse la oportunidad de conocer otro amor con Ismael. Él por otro lado, había decidido soltarse y dejarse llevar por primera vez, ya no tendría que andar vagando por el mundo en busca de respuestas que cargaba en sí mismo, tampoco buscando en diferentes mujeres lo que podría obtener de una, tampoco tendría que buscar en ellas las cosas que le faltaban, las cosas que entendía no le dieron de niño o que entendía que necesitaba, era tiempo de madurar y dárselas él mismo. Ambos estaban explorando otros territorios desconocidos, y podrían fallar en el intento, pero ambos sentían ese sentimiento de que todo iría bien.

Ahora estaban en Londres, ella era la jefa a cargo de una de las publicitarias más prestigiosas a nivel mundial, cuya sede estaba en ese país, y él estaba estudiando para convertirse en médico cirujano. Se tomaban las cosas con calma, ambos habían cerrados ciclos recientemente y para poder abrir otros necesitaban repasar las lecciones aprendidas. Vivían juntos pero dormían en habitaciones separadas, como si fueran room mates y no una pareja que tiene planes a futuro. En sus planes no estaba casarse aún, aunque puede que lo hicieran en algún momento de su vida.



Ovent

Editado: 10.10.2019

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