Demonio guardián

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CAPÍTULO 1

Aaron.

Uno... dos... tres golpes al saco de boxeo. Sigo sin parar ni un segundo por casi media hora.

Sudor corre por todo mi rostro. Mis nudillos duelen. Mi respiración es entrecortada. Mis pies se mueven al compás de los golpes.

Imaginatelo a él. Mirándote. Sonriente. Vuelve para hacerte la vida imposible. Reviéntalo por completo. Haz que se arrepienta de todo lo que te hizo.

Mi ira crece al imaginarmelo frente a mí. Sonriente. No, él no reirá mientras yo siga vivo...

Aumento los golpes por segundos hasta que mis nudillos crujen por el dolor.

La mejor medicina para un ser humano es el dolor.

Escucho su voz en el interior de mi cabeza. La muevo para borrar la asquerosa voz de mi mente.

Quiso que me convirtiera en un monstruo. Y después de mucho trabajo, lo consiguió.

Quiso que su hijo fuera una mierda en esta vida, pero por mucho que yo no quisiera serlo, lo consiguió.

Ahora es el momento de enseñar al mundo la persona que soy...

Cojo la pequeña toalla a mi derecha y la paso por toda mi cara. Salgo del gran cuarto y subo al baño para darme una corta ducha. Pongo el chorro de agua a una temperatura muy alta. Mis músculos se empiezan a relajar.

Hago crujir cada pequeño hueso de mi cuerpo haciendo que de mi boca salga un casi ni audible gruñido.

Apago el agua tras unos largos minutos. Salgo totalmente desnudo de la bañera y me coloco una toalla alrededor de mi cintura.

El frío no es nada para una bestia...

Me quedo delante del espejo pudiendo ver cada mínima imperfección de mi rostro. Mi mandíbula se tensa. Las manos se me forman en puños. Gruño al verme.

Estoy demasiado bien... Y eso no puede ser.

Aprieto más los puños hincándome las uñas en las palmas de las manos.

Hora de acabar con este momento...

Echo la mano hacia detrás y del tirón la vuelvo a echar hacia delante haciendo que el espejo se parta en millones de cachos, algunos caen al suelo, y otros se mantienen en su sitio.

Apreto los dientes. Hago una mueca. Abro los ojos viendo pequeños cachos de cristales incrustados en mi piel.

Así me gusta hijo...

Me agacho al suelo cogiendo uno de los trozos más grandes y lo acerco a mí.

Dejo la punta del cristal en el brazo izquierdo. Aprieto mi agarre viendo como mucha sangre empieza a salir de el.

Lo hinco más. Empiezo a hacer líneas imperfectas.

Gracias a los miles de tatuajes que decoran todo mi cuerpo, una vez cicatricen no se podrán ver a la perfección.

Sonrío. Esto es vida. Respiro hondo al notar mis músculos volverse a tensar. Me crujo el cuello y miro mi brazo ensangrentado.

Ahora sí soy yo...


_______________

 

Cruzo la calle sin mirar hacia los lados. Coches empiezan a pitar descontroladamente. No me importa. Sigo caminando sin mirar hacia detrás.

— ¡Eee! ¡Mira por dónde vas hijo de puta!— miro en dirección a la voz.

El hombre se encuentra con la mirada puesta en mi. Sus ojos me miran desafiantes.

Parpadeo dándome la vuelva y dirigiéndome hacia su coche. Su ceño se frunce al verme acercarme.

Yoi...

Lo miro serio una vez estoy delante suya. Me pongo a la altura de la venta para poder verlo mejor.

— Disculpate.— muevo la cabeza hacia un lado desafiante.

Ríe.

— Tú eres el que se tiene que disculpar.— su mandíbula se tensa. Gruño.

Miro hacia el asiento trasero pudiendo ver a una chica. No puede tener más años que yo.

Grandes ojos marrones que van a juego con su cabello liso des mismo color. Labios gruesos formados en una gran mueca de miedo.

— ¿Tu hija?— pregunto señalándola con el dedo.

Apreta sus manos con fuerza al volante sin apartar la mirada de mi. Sabe lo que soy capaz de hacer.

— Espero que a partir de ahora tengas más cuidado, amigo. Las cosas han cambiado desde entonces...— la chica me mira con sus ojos totalmente abiertos por el asombro.

— ¿Lo que acabo de escuchar es una amenaza?— entre abre su boca sorprendido.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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