Demonio guardián

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CAPÍTULO 3


— Yo creo que lo mejor es llamar a la policía.

— Yo no lo veo necesario, mamá.— miro a Payper.

— A ver... ¿Por qué no? Ese hombre a destrozado todo el cuarto de tu hermana, ha entrado en la casa sin ningún problema, nos ha amenazado, ¿Quién me asegura que no lo volverá ha hacer?— se cruza de brazos y nos mira de uno a uno.— Diganme. Diganme una muy buena explicación para no hacerlo ahora mismo.

— No deberíamos jugar con fuergo, tal y como él lo está haciendo.— todos fijan sus miradas en mi.— Mamá.— la miro seria.— metete en su cabeza por unos minutos. Si amenazas a alguien y esa persona te demanda a la policía, tu ira crece. ¿No crees?— hace una mueca reconsiderando mis palabras.

— Si, pero...

— Pero nada, mamá. Si llamamos a la policía todo se complicará. ¿Quién nos asegura que ahora mismo no nos está viendo?— cojo aire.— A averiguado dónde vivimos y cómo entrar. Nos ha amenazado, si... pero no haremos que eso nos cambie la vida.

— ¿De dónde salen esas palabras?— mi padre me mira sorprendido.

— Los libros ayudan mucho para la imaginación.— sonrío.

A saber que libros lees.— Payer sube y baja las cejas repetidas veces. Le muestro una sonrisa falsa.

— Daisy, Payer.— miro a mi madre. Respira hondo y luego habla.— Ninguna de las dos saldrá este fin de semana. A partir de ahora, sabré en cada minuto del día dónde estáis y con quién.

— ¡Qué!— el grito de Payper retumba por todo el salón.— Mamá te estas volviendo loca. Enserio. No puedes estar controlandome las veinticuatro horas del día.— resopla frustrada.

— Eso, o no sales. Tú decides.— me mira suplicando que yo no reaccione de la misma manera.

— Megan se va de la ciudad.— anuncio cerrando los ojos.— me lo dijo esta mañana. Ya no volverá más. Me quedé sola, sin amigas. No creo que vaya a ir a una fiesta yo sola.— hago una mueca levantándome de mi asiento, pero una mano impide que deje el lugar.

— No te vas hasta que comas aunque sea la mitad del plato.— mi padre me mira serio.— Luego podrás hacer lo que quieras, claro que, dentro de la casa.

— En mi cuarto, ¿No?— río irónica.— Me quedé sin cuarto y sin amiga. Parece que mi vida va cada vez mejor.— digo de forma sarcástica. Formo mi boca en una fina línea.

Retrocedo unos pasos y me vuelvo a sentar. Cojo los cubiertos y empiezo a comer sin decir nada más.
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— Megan, ¡Todos los días!— grito lo último.

— Que sí, pesada...— ríe tras el teléfono.— pero te hartarás. Ninguna de las dos somos partidarias de llevarnos horas y horas hablando por un aparato. ¿O me equivoco?

— Haremos una excepción. No tendríamos que hacerlo si no te fueras.— mi rostro se vuelve serio.

Sabes que eso no depende de mí Daisy...

— Ya somos mayor de edad Megan. Te podrías quedar en mi casa, o nos iríamos las dos juntas a vivir a un apartamento. Todo sea por estar juntas...— digo intentando convencerla.

Somos mejores amigas desde los cinco años. Todavía no me puedo creer que nos vallamos a separar. Todos estos años de amistad se irán por la borda...

— Bueno mi amor, te tengo que dejar, todavía sigo haciendo las maletas.— tira un beso.

— Recuérdalo, todos los días... Adiós.— le devuelvo el beso de la misma manera.

Tiro el móvil a la cama y a la misma vez me dejo caer yo también. Respiro hondo intentando tranquilizarme.

Mientras arreglan mi cuarto, tendré que quedarme en el de invitados.

Perfecto...

Mañana es sábado y yo, como no, me quedaría en casa. Tengo una vida muy emocionante...

Llaman a la puerta haciendo que de un pequeño salto en mi sitio por el susto.

— Daisy, ¿Estas ahí?

— Sí, mamá, pasa.— la puerta se abre dejándome verla.

— Quería saber si ya estabas dormida.— sonríe dulce.

— Mejor dicho, querías saber si me encontraba en el cuarto.— elevo una ceja. Ella asiente un poco avergonzada.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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