Demonio guardián

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CAPÍTULO 9

Este no es el mismo chico de siempre. A parte de que su voz no es la misma, no me ha dicho esa palabra con la cual me describe siempre.

— Si te resistes todo acabará peor cariño...— muevo la cabeza negándome a creer que lo que estoy viviendo ahora es real.

El sigue andando en mi dirección, y al percatarme de que ya esta demasiado cerca. Me giro a gran velocidad abriendo la puerta que se encuentra detras mía y salgo corriendo por el pasillo escuchando sus pasos a mis espaldas.

— ¡Socorro!— grito por si alguien me consigue escuchar.

Tara comienza a ladrar. Bajo las escaleras sin agarrarme a la barandilla consiguiendo que tropiece y casi caiga.

Miro se reojo y veo como el hombre ahora corre con más rapidez.

Vamos Daisy...

Doy un fuerte grito al sentir como tiran de mi cabello y mi cabeza choca contra la dura pared. Me llevo las manos a la zona dañada sintiendo lágrimas bajar por mis mejillas por el fuerte impacto.

La cabeza me da vueltas. Siento unos fuertes pinchazos en la parte trasera y al llevar las manos a esa zona, siento algo liquido. Sangre.

— Te dije que si no te estabas quieta todo acabaría peor, así que tu te lo has buscado.— siento un pinchazo en mi cuello.

Abro los ojos sabiendo lo que esta pasando. Me giro fijando mi mirada en la suya. Es un hombre que rondará los trenta y nueve años aproximadamente. Tiene una gran musculatura, ojos marrones y cabello marrón. Ropa negra y barba de algunos días.

— ¿Quien e...res?— pregunto ya sintiéndome cansada.

Mi vista comienza a nublarse y el cansancio aumenta. Su sonrisa se hace presente y anda unos pasos hasta quedar frente a mi.

La persona que han mandado para secuestrarte...

Mis ojos se cierran y todo mi peso se deja caer en la pared.

Dulces sueños Daisy...

____________

Me muevo hacia delante y hacia detrás en una de esquinas del cuarto, por el frío que causan los agujero por donde entra el aire. Parezco una pequeña niña sacada de un manicomio. Mi ropa es escasa ya que cuando estoy en casa no suelo ponerme mucho atuendo. Mis dientes chocan unos con otros y mis ojos se mantienen cerrados.

Escucho la puerta abrirse, pero me mantengo de la misma forma.

No entiendo del porque me ponen aire frío, cuando ya de por si hace frío.

Sigue andando hasta quedar frente a mi. Me llevo las manos a la boca y hecho el poco vapor caliente que queda en mi cuerpo.

— Bien. Ahora que veo que estas mas concentrada, hablaremos.— abro los ojos fijando la mirada en él.

Es un hombre totalmente distinto al de antes. Este no tiene barba. Su musculatura es mucho más pequeña, por lo que podría ser más débil. Su rostro se mantiene sonriente, al contrario del otro hombre.

— Dónde está Aaron.— fijo la mirada en su boca al escuchar ese nombre. Mis ojos vuelven a conectar con los suyos.— No lo volveré a repetir de nuevo. Dónde está Aaron.

— ¿Qui... Quién es Aa... Aaron?— pregunto con mi cara totalmente descompuesta por el frío.— Pa... Pare esto por... Por favor.— suplico cerrando de nuevo los ojos.

— ¿Sabes del porqué el frío?— pregunta y yo niego con la cabeza.— El frío hace a la gente actuar con sinceridad. El frío hace que tu mente funcione peor y contestes con la verdad, ya que no eres capaz de formular ninguna excusa.— abro uno de mis ojos y lo miro ceñuda.

Dejo caer mi cabeza en la pared y es ahí donde recuerdo el fuerte golpe en mi cabeza. Hago una mueca de dolor y gruño bajo. Ahí recuerdo también lo ocurrido con mi rostro, lo toco sintiendo también un leve pinchazo. Debo tener un gran moretón.

— Pues en... Entonces debe saber que digo la... La verdad.— digo con mis manos puestas en mi cabeza.

Ríe con fuertes carcajadas. Éstas retumban por todo el cuarto y mi cuerpo da un leve salto en el suelo por el susto.

— Él estuvo en tu casa Daisy. Puede que no supieras su nombre, pero si sabes quien es.— espera... No hablará del chico de mi ventana.— Así que ya lo recuerdas.— se acerca más, se agacha quedando a mi altura y acerca su mano para subirme el mentón.— Dime qué sabes de él.— sus ojos buscan algo en mí.

Yo no se nada del chico. No se que pretenden que diga. Él solo entra a mi casa consiguiendo enfadarme y ahora viene esto.

— Nada.— mi mirada no se aparta de la suya. Tengo que demostrarle de alguna manera que no le tengo miedo. Aunque algo si le tengo, pero el no lo puede saber.— Entró en mi casa algunas veces, me dijo que acabaría conmigo. Pero no me dijo nada de él, no se nada de él.— mi ceño se frunce al notar que no he tartamudeado por el frío.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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