Demonio guardián

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CAPÍTULO 10

Mi mirada sigue fija en el camino como lo estuvo todo este tiempo. Aaron se encuentra un poco más calmado ya que sus manos no agarran con tanta fuerza el volante.

Parpadeo un par de veces intentando no pensar en algo que me haga perder el control. Pero no puedo quedarme callada. Tengo que saber a dónde me piensa llevar.

— ¿A dónde me llevas?— no me mira. Ni siquiera parpadea al escucharme.— Aaron.— susurro, ahora sí, consiguiendo su atención.

— No vuelvas a pronunciar mi nombre. ¿Te quedó claro?— su voz se alza más de lo normal al hacer la pregunta. Asiento agachando la cabeza.

No puede ser que le tenga miedo... Debo demostrarle de alguna manera que conmigo y mi familia nadie se mete.

Daisy ni se te ocurra... - debo hacerlo.

Ruedo mis ojos mirándolo de reojo. Su mirada de la carretera no se aparta así que ésta es mi oportunidad.

Sin pensármelo ni una vez más, abro la puerta del coche con rapidez y me muevo más acercándome a la puerta ya abierta.

Su cabeza se gira y sus ojos conectan con los míos de forma rápida. Mira la carretera por encima de mi hombro y apreta el acelerador. Mi ceño se frunce al saber lo que ha hecho.

Si quieres hacerlo, hazlo ahora...— miro la carretera de nuevo y luego a él.

Esta bien... No creo que vaya a salir ilesa, pero tampoco creo que vaya a morir, así que... ¿Por qué no intentarlo?

Respirando hondo, saco los pies fuera del coche sintiendo el fuerte viento chocar contra estos.

Uno...

Dos...

¡Tres!

Me impulso para saltar, pero una mano fuerte y grande me echa hacia detrás haciendo que mi cabeza choque contra el asiento a la vez que el coche unos rápidos movimientos por el acto.

— Mm...— me quejo llevándome las manos a la cabeza. Abro los ojos rápida fijándolos en Aaron.— ¡Pero qué cojones pasa por tu cabeza!— grito con rabia. Primero me dice que me tire y luego cuando lo voy a hacer, me lo impide y encima me choco.

— Necesito que estés viva. Cuando ya no me sirvas, yo seré el que te mate con mis propias manos.— su voz sale firme y segura. Respiro hondo volviendo a poner la mirada en la carretera.

No se porque, pero de alguna manera sus palabras no causan nada en mí.

Cierro los ojos al sentirme algo cansada. No tengo sueño, pero siento mi cuerpo agotado.

Se me vienen a la cabeza mis padres y Payper. Ellos no pueden saber nada, no puedo ponerlos en peligro. Yo fui la que estaba en el lugar y momento equivocado, no ellos.

Deberías haberte dejado matar Daisy, ahora todo será más complicado. parece como si me estuviera diciendo algo, algo que yo no se.

El coche se para, y para parecer más real, voy abriendo los ojos y estirándome a la vez. Lo encuentro mirándome fijamente, con esos ojos tan electrizantes que dan hasta miedo si te quedas mirándolo un buen rato.

Giro mi cabeza encontrándome mi casa justo frente a mí. Mi ceño se frunce sin entender porque me ha traído aquí.

—Todo a su debido tiempo, y no es momento de llevarte conmigo.— le da a un botón y la puerta se abre al igual como se cerró antes.

Sin preguntar nada ni volverlo a mirar, bajo del coche decidida para entrar a mi casa, pero necesito hacer algo. Confundirlo.

— Mm... Gracias por traerme a casa.— sus cejas se juntan formándose en una sola y de forma pacífica sonrío de lado.

Me quedo unos segundos observando sus labios por encima del cristal, pero al darme cuenta que no aparta la mirada de mi, me giro y camino hasta la puerta de entrada.

Mi expresión cambia de una sonriente a una seria en cuestión de segundos. La puerta se encuentra abierta. Miro hacia detrás escuchando el motor del coche salir del aparcamiento a gran velocidad.

En estos momentos está amaneciendo. Ha sido una noche larga e intensa, y ahora esto lo complica más.

— Joder...— susurro llevándome las manos a la frente. No recuerdo haber dejado la luz encendida, y mucho menos la puerta abierta.

Entro por el pequeño hueco sin siquiera tocar la puerta. En la entrada no hay nadie, así que cojo un paraguas que se encuentra colgado en uno de los percheros de la pared y voy pasando por la casa hasta parar en el salón.

Me sobresalto al encontrarme a alguien tirado encima de la alfombra boca abajo. Mi corazón palpita a gran velocidad.

Me voy acercando con cuidado. El paraguas esta encima de mi hombro y mis dos manos lo agarran con fuerza. Voy bajando el objeto y empujo al individuo hasta que éste queda arriba.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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