Demonio guardián

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CAPÍTULO 11

— ¿Aaron?—  susurro totalmente atónita.

Se da media vuelta y camina a pasos rápidos alejándose de la casa.

— Owen...— susurra también Payper segundos después de mí.

Mi ceño se frunce sin entender del porqué lo llama por otro nombre, y aun menos como sabe de él.

Me giro llevándome las manos a la cabeza. Lo importante no es que Aaron haya venido, si no quién era el chico al que ha matado.

Espera...

¿El chico no seguirá debajo de la ventana? ¿Verdad?

— Payper, ¿De qué lo conoces?— señalo la venta. Ella toce llevándose la mano a la boca e intenta ponerse sentada en el sofá, pero no puede. Las muecas en su rostro me demuestra que le duelen las heridas.

— ¿Aquién? ¿Al muerto o el que se fue?— al escuchar "muerto", noto como mi cuerpo se estremece.

— A Aaron, el chico que se fue.— sus cejas se juntan formándose en una sola. Niega con cuidado de no hacerse más daño.

— Se llama Owen Cindy, Owen— repite su nombre de nuevo en un tono más alto. En pocos segundos comienza a tocer descontroladamente.

Me acerco a mi hermana a gran velocidad sentándola para que pueda tocer mejor. Le pongo una mano en en el cuello, y otra en el pecho para que no se caiga.

— Tranquila.— intento tranquilizarla al escuchar sus débiles sollozos.

Me quedo paralizada al sentir sus manos rodear mi cuello y su barbilla caer en mi hombro. Ya hace mucho tiempo que no nos abrazamos, podría decirse que unos dos años aproximadamente.

Reacciono y la abrazo por la cintura sin tocar mucho su cuerpo. Sus lágrimas bajan por sus mejilla y finalmente caen en mi hombro.

— Ya está Payper.— me alejo un poco y le dejo un casto beso en el cachete. Me mira a los ojos y frunce su ceño.

— ¿Y eso?— señala su mejilla con una sonrisa socarrona. Cierro los ojos por unos segundos sabiendo que me recordará esto por el resto de mi vida.

— Estaba oliendo tu mejilla, y a decir verdad, huele muy mal.— hago una mueca de desagrado y me alejo más con una inmensa sonrisa decorando mi rostro.

— No sabes mentir Daisy. Tendré que darte clases, alguna vez te hará falta.— la miro de reojo y sonrío de lado.

Payper siempre ha sido la que sabía a la perfección como mentir. Yo decía solo una palabra y mis padres ya sabían que estaba mintiendo, era frustrante, de veras.

— Gracias por tu ayuda, pero no la necesito.— digo seria intentando convencerla, pero su sonrisa me demuestra que no se lo ha creído.

— Claro... Como la señora diga.— me levanto del sofá negando con la cabeza.

Esta chica no tiene remedio...

—Iré a mi cuarto a cogerte alguna camiseta ancha para cambiarte.— baja la mirada haciendo una mueca de desagrado.

Asiente poco despues y me encamino hacia mi cuarto. Entro, abro el armario y busco en el fondo encontrando una blusa ancha.

Me quedo quieta al notar como la luz se va y me quedo a oscuras.

De nuevo los plomos han saltado...

Me abrazo a mi misma sintiendo frío. Que yo recuerde, dejé la venta cerrada.

Aunque ya sea de día, la noche estuvo algo fría y antes que pasara todo, recuerdo haberla cerrado.

Echo las cortinas a un lado encontrándome la ventana cerrada y la persiana abierta casi a la mitad. Los rayos de sol aun no se han echo presentes, por eso el cuarto esta poco iluminado, y al estar mi ropero en la esquina, veía mucho menos.

Me doy la vuelta para bajar a buscar a Payper, pero algo hace que me sobresalte, alguien hace que grite.

Aaron se encuentra a escasos centímetros de mi. Su cara se encuentra totalmente seria. Sus ojos miran los míos sin siquiera parpadear.

— ¡Daisy!— la voz de Payper hace que mis sentidos se enciendan en pocos segundos.

Me desplazo hacia la derecha para esquivarlo y bajar, pero hace mi mismo procedimiento volviendo a quedar frente a mi.

— Aaron... susurro con la mandíbula tensa. Su boca se contrae, sus cejas se juntan en señal de enfado, su nariz se arruga y forma las manos en unos grandes puños.— D... Debo bajar. digo con algo de temor. Parpadeo un par de veces seguidas intentando no mirarlo a los ojos, pero lo necesito. Necesito saber de lo que es capaz de hacerme.

Mis ojos se abren con miedo al sentir sus manos en mi cuello. Pongo mis manos encima de las suyas sintiendolas muy frías. No las aparto. Ya voy sintiendo como el aire me va faltando y la cara se me vuelve algo roja. Hago ruidos con la garganta al seguir sin sentir el aire entrar en mi organismo.

Me suelta dejándome caer al suelo de rodillas por la inestabilidad de mis piernas. Me llevo las manos al cuello arañando esa zona y las lágrimas comienzan a bajar por mis mejillas sin importarme.

Todo se vuelve más borroso por culpa de las mierdas lágrimas. Veo como sus pies se encuentran a pocos centímetros de mi.

— Eso te pasa por repetir de nuevo mi nombre... mi cuerpo tiembla. Ya no se si por el miedo, por el frío o la aceleración de mi pulso y corazón.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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