Demonio guardián

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CAPÍTULO 18

Me muevo de un lado al otro en la cama sin poder pegar ojo. No puedo dormir en un lugar desconocido y mucho menos si no es en mi cama.

Mi cabeza da vueltas pensando en todo lo que ha ocurrido en tan poco tiempo.

Luego de decirles todas esas palabras con decepción, Caolín me trajo a este cuarto. Por el camino ninguno de los dos habló, ninguno se atrevió a mirar al otro.

No se si pensar que en el largo tiempo que estuve con ellos estuvieron mintiendo. No se ni el porque están aquí. No se que es lo que se trama mi padre. No se porque Aaron dejó que me trajeran a este lugar.

Muevo la cabeza negando. Aaron no puede seguir en mi mente. Tengo que entender de una vez por todas, que él no me va a ayudar. Nunca lo hará.

Unos clips en la puerta hacen que mire en esa dirección esperando a que ésta se abrá, pero nadie entra.

Me levanto de la cama y camino hacia la puerta. Pongo la mano en el pomo y lo giro con cuidado.

Han quitado el pestillo...

Miro hacia los lado encontrando el pasillo vacío. Frente a mi hay otra puerta, pero decido no entrar.

Sigo por el pasillo siguiendo las voces al final de éste. La casa es grande, por lo que es fácil perderme.

Escucho pasos detrás de mi e instintivamente, empujo la puerta de detrás mía y cierro. Está oscuro. Muevo la mano por la pared buscando el interruptor de la luz. Le doy al botón una vez lo encuentro y el cuarto se ilumina dejándome impactada.

Miles de estanterías están llenas de armas. Armas de todo tipo. Una luz roja que parpadea me da a entender que hay una cámara. Agacho la cabeza haciendo que mi cabello negro caiga sobre mi cara. Me giro y salgo del cuarto haciendo el mínimo ruido.

Ya no se escuchan los pasos, pero las voces siguen. Sigo caminando hasta dar con una puerta entre abierta.

Doblo mi cuerpo haciendo que solo sea visible mi cabeza. Miro a Yoi y luego a... ¿Aaron?

— Sabe que no le servirá de nada amenazarme, ¿Cierto?— Aaron habla en su tono peculiar.

Están uno frente al otro, haciendo que solo pueda ver la mitad de sus caras.

— Necesito a la otra.— habla mi padre MUY serio. Aaron niega con su cabeza cerrando sus ojos por unos segundos.— Hasta que no tenga a las dos juntas no te daré el dinero.— el mayor se cruza de brazos y sonríe de lado.

— El trato era traerte solo a Daisy. Payper no estaba incluida.— el moreno no aparta los ojos de mi padre ni siquiera un segundo.

Mis manos se forman en unos débiles puños. Mi rabia ha crecido al escuchar esas palabras. Payper está con Aaron. Papá nos quiere tener a las dos aquí.

— Por tu bien, traemela. Si no lo haces, me encargaré de que tu madre muera en breve.— la cabeza de Aaron se mueve había un lado y sonríe de una forma terrorífica.

— Intentalo. Entonces yo haré que tu hija menor muera por accidente.— las carcajadas sin gracia de Aaron hacen que mis vellos se hericen.

Las puertas se abren a mi lado. Pero mis ojos no paran de mirar a los dos. Noto un cuerpo a mi lado, pero no me atrevo a mirar, no quiero apartar la mirada de ellos.

— Tenían visita.— la voz de Yacob hace que mi ira sea aun mayor. Mi dentadura duele por la presión de mis dientes.

— Ven.— Yoi mueve sus manos para que me acerque.

Me acerco parandome a su lado. Se gira y me mira serio. Mete la mano bajo su camisa y saca una pistola.

Mis ojos se abren por el asombro. Doy un paso hacia detrás sin apartar la mirada de sus oscuros ojos negros.

— ¿Puedo matarla?— aparta la mirada de mi para fijarla en Aaron.

Miro al moreno de ojos eléctricos seguir con la misma expresión de siempre. Yoi acerca la pistola y la pone en mi cien. Mi corazón late con más intensidad y mi pulso se acerela demasiado.

Duele. Duele que tu propio padre tenga aunque sea una mínima intención de matarte. Duele como los mil demonios.

— Si.— mi voz sale firme pero a la vez apagada. Todos dirigen sus ojos hacia mi. Río de lado cerrando los ojos por un solo segundo.— Hazlo. A nadie le importaría.— avanzo el paso que retrocedí.

El frío metal de la pistola toca mi piel. No se siente tan mal tener ese objeto que puede acabar con mi vida.

Otros pasos se escuchan entrando en el mismo cuarto. Sigo con mi sonrisa de lado.

Puede que solo haya una manera de acabar con mi dolor, y es estar muerta.

— ¿Qué se supone que haces, Yoi?— él mira detrás mía y yo me giro para ver quien es.

Caolín.

Lo miro con el ceño fruncido. Ninguno de ellos dijo nada al verme en esta situación, sólo él.

— ¿Quieres matar a tu hija?— pregunta algo sorprendido. Sus ojos viajan hacia todos hasta parar en mi.— No entiendo que es lo que quieres hacer. ¿Qué conseguirías matándola?— se cruza de brazos y mira desafiante a mi padre.

— Satisfacer sus necesidades.— digo mirando a aquel hombre al cual le llamo papá.— ¿Te acuerdas de aquel cuartito cerrado con llave? ¿Recuerdas que la llave se perdió y tu la buscastes por cielo y tierra? Nunca la encontraste. Pero creías que lo que había en su interior estaba a salvo. Y no, no lo estaba.— su ceño se frunce. Carga la pistola y yo parpadeo tragando saliva.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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