Demonio guardián

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CAPÍTULO 20

Una semana. Ya hace una semana desde que llegue a este mugriento lugar. Esto de estar encerrada entre cuatro paredes me vuelve loca.

No dejo de pensar en todo lo que esta pasando a mi alrededor. Ya no se ni qué es lo que puedo hacer para salir de este lugar.

No tengo nada con lo que entretenerme. Paso la mayoría del tiempo mirando por la ventana esperando a que ocurra algún milagro. Pero nada.

Caolín es el encargado de traerme la comida y lo que pueda necesitar. Yacob solo viene algunas veces para ver si sigo aquí. Nunca me habla. Solo se queda mirándome por unos segundos para decirme algo, pero no se atreve y se va.

Aunque sea ellos pueden pasearse de un lado al otro en la casa. Yo no.

Me acerco a la cama y me siento en ella. Rodeo mis delgadas piernas con mis brazos y me balanceo hacia delante y hacia detrás como si estuviera en una silla mecedora.

Me tranquiliza.

Me llevo así durante un largo tiempo. Tarareo canciones que me cantaban mis padres de pequeña para que me pudiera dormir.

Sonrío de lado recordando los viejos tiempos en los que era feliz.

Pensé que eras buena mamá...

Te tenía como a un heroe papá...

Te amaba Yacob...

Eras fundamental en mi vida Caolín...

Te necesito ahora Aaron...

— ¡No!— grito tirando de mi cabello hacia detrás.— No lo necesitas Daisy...— susurro negando.

Aaron solo vino para destruirme. Él me lo dijo. Me dijo que no pararía hasta destruirmey lo esta consiguiendo...

Miro hacia la puerta al escuchar carcajadas de una niña pequeña.

Veo imágenes de una chica morena, de ojos marrones y pelo largo correr tras su perra por el jardín. La pequeña se para al ver una cabellera morena tras la valla. Solo puede ver la mitad de su cara ya que la otra mitad esta tapada por la enorme pared de la casa vecina.

El chico no la deja de mirar. Es como si hubiera encontrado algo extraño en ella, y no pudiera dejar de observarla.

La morena se va acercando despacio al chico, pero él, al ver sus intenciones, se aleja corriendo. Ella corre hacia la valla, pero ya es demasiado tarde como para poder ver hacia donde se ha ido, y sobre todo, quién es.

Parpadeo repetidas veces quitando la mirada de la puerta.

¿Qué ha sido eso?

Se escucha el pestillo abrirse y me quedo mirando la oscura madera. El moreno de ojos negros entra cruzado de brazos. Fija su mirada en mí totalmente serio.

— Ayudame.— su ceño se frunce al escucharme. Mi rostro esta serio, y mi cuerpo está dejado caer en el incómodo colchón.— Necesito que me ayudes a salir de aquí. No aguanto más encerrada en estas cuatro paredes.— niega.

Su boca se forma en una fina línea. Avanza unos pasos y se queda justo frente a mi.

— Sabes que no puedo hacerlo.— ladeo la cabeza haciendo una mueca con la boca.

— Sé que no quieres.— vuelve a negar. Se gira y da una vuelta en círculo.

— ¿Por qué no le dices a tu querido Aaron que te saque él? Él te metióel te debe sacar. lo miro incrédula.

Fijo la mirada en la pared y sonrío mostrando mis dientes. Punto débil.

—Él no lo hará, pero  si puedes. se queda callado.

Me examina de arriba a abajo con tan solo rodar los ojos. Me intimida. Me abrazo a mi misma con fuerza. Pareciera como si me desnudara con la mirada.

— Caolín. Para.— le ordeno. Parece no entender lo que digo ya que sigue igual.— ¡He dicho que pares!— le doy un empujón haciendo que retroceda dos pasos.

— Siempre quise abrazarte con fuerza. Lo hice. Dormir a tu lado. Lo hice. Vivir momentos especiales. Lo hice. Besarte. Nono lo hice. Siempre quise sentir esos delicados y sonrosados labios, pero no tuve oportunidad, ni la tendré.— mi boca se abre asombrada por su declaración.—Nunca te diste cuenta de lo que sentía por ti. No sabía como decirtelo, pero aun así, no hubiera servido de nada. Tu corazón era de Yacob y ahora lo es de Aaron.

— No.— digo en voz bajo.— No.— digo ahora en voz alta.— No te equivoques Caolín. Mi corazón pertenecía a Yacob, pero ahora no es de Aaron.

— No me lo niegues Daisy. Puede que tu no te des cuenta, pero yo sí. Lo veo en tu mirada. Veo la expresión en tu rostro cuando lo ves, y no era la misma que cuando me veías a mi.— noto tristeza, pena. Sus ojos brillan bajo la luz de la bombilla. Esos ojos negros que tanto me impresionan...



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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