Demonio guardián

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CAPÍTULO 35

Miro hacia todos lados mientras espero sentada en el bar que la mujer me dijo. Solo quedan pocos minutos para que sea la hora acordada.

Estoy un poco nerviosa. Si la mujer no me alquila el pequeño piso, tendré que seguir buscando, y puede que los precios sean mucho más elevados.

Escucho a dos mujeres riendo a carcajadas detrás mía, por lo que me giro. Al llegar a mi lado, se para y me mira sonriente.

— ¿Tu eres Daisy?— asiento devolviéndole la sonrisa.

— Y tú debes ser Alin.— ella asiente de la misma forma.

Las dos se sientan frente a mi sin apartar sus sonrisas.

— Siento no haberte dicho que venía con acompañante.— hago un gesto dándole a entender que no importa.— ella es mi mejor amiga Natali.— ella me sonríe mostrándome sus blancos dientes.— Respecto al piso.— asiento al escucharla seguir hablando.

Luego de aproximadamente una hora y media, ya se podía decir que tenía piso y no tenía que dormir otra noche más en el hotel.

En todo momento, las dos mujeres de mediana edad no pararon de sonreír y hacer algunas bromas.

Alin era madre de dos pequeños gemelos. Vivía con su marido y sus hijos en una casa no muy lejos del piso. Y Natali, ella no dijo nada de su familia, prefirió no dar información personal a una desconocida.

Las dos me acompañaron al piso, en el cual Natali tenía un bar justo debajo.

— Bueno cariño, yo me iré a mi casa y Natali se irá a trabajar en el bar. Éstas son las llaves. Si tienes algún problema, sea del tipo que sea, me llamas.— asiento sonriéndole y dándole un fuerte abrazo.

— No te preocupes, no creo que me vaya ha pasar nada.

Veo como Alin baja las blancas escaleras del piso mientras que Natali se queda a mi lado.

— Daisy.— sus ojos me miran un poco más seria.— Ya que eres nueva en el pueblo y no tienes un puesto de trabajo para pagar todos tus gastos, yo te propongo trabajar en mi bar.— mis ojos se abren de la impresión.

Natali y Alin me están tratando como a una más de la familia cuando ni siquiera nos conocemos de hace un día.

— Yo...— con su mirada me suplica para que acepte su petición. Es verdad que no tengo ningún trabajo, y el dinero me hará falta dentro de poco, por lo que no puedo negarme.— Esta bien.— siento sus brazos rodear mi cuello.

Me quedo unos cortos segundo sin reaccionar, para luego abrazarla con la misma intensidad.

— Si no he hablado de mí, o de mi familia, es porque ahora soy bastante desconfiada.— me separo de ella mirándola directamente a los ojos. Su perfecta sonrisa ha desaparecido en cuestión de segundos.— Mi pasado es... Complicado.— quito una lágrima que comienza a bajar por su mejilla.— Cuando yo llegué a este pueblo también estaba sola, y Alin me ayudó, por lo que yo haré lo mismo contigo.— vuelvo a abrazarla pillandola desprevenida.

Se necesitan más personas como ellas en éste mundo, que te ayudan sin conocerte. Personas con un corazón tan grande como el de Alin y Natali.

Luego de zanjar la conversación con ella, cogí un taxi y me dirigí al hotel.

Hablé con el recepcionista para comunicarle mi ida y me dirigí al cuarto para coger todas mis cosas y llevarla al piso.

Aaron...

Hago una mueca al pensar en su nombre, en él.

Ahora mi vida será mucho mejor. Fuera de peligro, con un trabajo y un piso. Personas a mi alrededor que podrían llegar a ser muy importantes para mi.

La melodía del teléfono comienza a sonar dentro del bolso. Lo cojo rápida y leo, desconocido.

— ¿Daisy?— una voz femenina se escucha al otro lado de la línea. No contesto.— Daisy, soy Gara.— el aire sale de mis pulmones al decir su nombre.

— Pensé que eras...— Payper.— ¿Qué pasa?— se calla por unos segundos y luego vuelve a hablar. 

— Ten cuidado. Todos ya se han enterado y no se lo han tomado nada bien.— se escucha una voz chillona. Kai.— Aaron se ha convertido en una completa bestiay no parará hasta encontrarte.

Mi respiración se vuelve a cortar.

No de nuevo...

Me siento en el filo de la cama sintiendo mis piernas temblar. Todo mi cuerpo tiembla.

— ¿Qué tienes en la mano mami? Está morada...— la dulce pero a la vez chillona voz de Kai hace que salga de mi trance.

¿Morada? ¿Mano? ¿Gara? Aaron...

— Gara, dime que Aaron no te ha hecho nada...— silencio.— Gara, juramelo.— hablo un poco alterada.

— Te lo juro.— su voz tiembla un poco, pero se mantiene estable.

— No me lo creo. Ponme al teléfono con Kai.— él podrá responderme a preguntas que su madre no hará.

— No puedo hacer eso Daisy. Ya se ha ido.— miente.

— No dejaré que por mi culpa él te haga daño Gara. No lo puedo permitir.— otra voz. Nathan.

— Debo colgar.—susurra para luego cortar la comunicación.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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