Demonio guardián

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CAPÍTULO 37

— Yo no lo sabía.— al escucharme, se gira mirándome incrédulo. Su boca se forma en una inmensa sonrisa.

— No hace falta que sigas mintiendo, ya lo se Daisy.— retrocede fijando los ojos detrás de mi.— ve con ellos. Seguro que eres más feliz que con nosotros.

— Pues sí. Ellos me dan todo lo que vosotros no supisteis darme, y me alegro. Me alegro de haber escapado y haberlos conocido, porque si no, no se qué seria de mi ahora...— su rostro se vuelve serio.

— He cambiado.— vuelve a repetir.Mentira.— Y lo he hecho por ti Daisy.— mentira.— Pero al ver todo esto, mejor no haberlo hecho...— Mentira.

¡Mentira!

¡Todo es mentira!

Respiro hondo y una idea viene a mi mente.

— Vayamos a mi piso y hablemos mejor. No quiero que la gente nos mire raro.— sus ojos se abren con un poco de esperanza.

Por suerte, no nos encontramos a Natali y Dany. Nosotras necesitamos una charla seria.

Abro la puerta de mi piso y me hecho hacia un lado para que pueda entrar. Se adentra sentándose en el cómodo sofá. Voy a la cocina y lleno dos vasos de agua llevándole uno a él.

Espero no arrepentirme luego.

Con solo mirarlo, mi corazón comienza a palpitar muy rápido.

Es increíble que de nuevo esté a mi lado. Luego de un año... Luego de haber paso por toda aquella miseria...

Mi dulce Izan.

Payper.

Owen.

Gyula.

Gara, Nathan y Kai.

Tara.

— Quiero que me cuentes como están todos.— sus ojos observan el agua en el transparente vaso de cristal.— Aaron.— sus ojos se fijan en los míos haciendo que me ponga mucho más nerviosa.

— No lo se.— mi ceño se frunce ante su respuesta.— llevo ocho meses sin saber nada de ellos.— ahora mi boca se abre para decir algo, pero de ésta, no sale nada.

¿Como puede ser que lleve ocho meses sin saber nada de ellos?

Estuvo buscándome...

Me levanto de la silla y comienzo a caminar por el salón de un lado al otro.

Puede haberles pasado algo y yo aquí, sin enterarme de nada...

Owen

— Aaron, dime que Owen se recuperó.— niega con la cabeza.

Muevo mis manos frente a mi cara por el inmenso calor que comienza a recorrer todo mi cuerpo.

— Perdió la movilidad de sus piernas. No podrá caminar nunca más.— sus palabras salen serenas, como si no le importara. Me llevo las manos a la boca tapándola.

— ¿Y como se lo tomo...— soy incapaz de terminar.

Si la Bestia era yo, ahora lo es él. Yo cambié por ti, pero él no lo hará por Payper, y tampoco por Izan.— mi hermana, mi sobrino.

Me vuelvo a sentar en la silla y comienzo a respirar hondo intentando tranquilizarme, pero no lo consigo.

Siento sus manos en mis mejillas. Mis ojos lo miran extrañada y sorprendida. Me sonríe de lado de forma reconfortadora.

Realmente cambió...

Su mirada baja a mis labios y se va acercando poco a poco. Giro mi cara levemente al sentirlo muy muy cerca.

Daisy...— susurra, ¿Dolido?

Una solitaria lágrima baja por mi mejilla por el cúmulo de sentimientos. Aaron borra ese rastro con besos.

Nunca lo había echo...

Toco su negro pelo haciendo que sus ojos se cierren. Quita las manos de mi cara y deja caer suavemente su cabeza en mi hombro.

Nunca quise hacerte daño. Pero es como me aprendieron a amar, y aunque no lo creas, te amo, te amo como jamás he amado a nadie, ni a mis propios hermanos, y por eso lo haré.— sigue en la misma posición.

Miro hacia algún lugar en el cual no pongo atención. Solo soy capaz de escucharlo a él, escuchar su declaración.

— Te perdono por haberte ido y haberme dejado, te pido perdón por todo lo que te hice, pero gracias a mi, te diste cuenta de muchas verdades, por mucho que te cueste creerlo.— y es verdad.

Gracias a él pude saber quienes realmente eran mis padres. Gracias a él supe que aquellos chicos que se hicieron pasar por mis hermanos realmente no lo eran. Gracias a él no me hicieron daño, ya que mi padre lo contrató para protegerme, y de ahí todas las fotos que tiene mía en muchos lugares, sola y acompañada.

Inconscientemente lo abrazo. Lo abrazo con toda la fuerza del mundo. Porque sí, puedo darme el lujo de hacerlo ahora, y si no lo hago, luego puedo arrepentirme. Y mejor arrepentirse de lo hecho a lo no hecho.

Sus ojos se fijan en los míos. Sus eléctricos ojos me miran alegres. Su rostro no está serio, su cuerpo no está tenso.

Realmente, Aaron ha cambiado.

Sus labios se juntan con los míos de forma tierna. Sus manos se enredan en mi cintura y me levanta de la silla en un movimiento rápido para sentarse él y yo encima.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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