Demonio guardián

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CAPÍTULO 39

Mi mano se mueve por la cama sintiéndola vacía a mi lado. Abro los ojos pensativa.

Aaron no está...

— ¿Aaron?— mi voz sale ronca.

Me llevo las manos a los ojos frotándolos.

Ésta noche ha sido la mejor noche de todas. Jamás me había sentido tan... Bien. Pensé que la anterior fue buena, pero ésta ha sido muchísimo mejor.

Aaron me ha hecho sentir la persona más especial del mundo.

Ahora, me he dado cuenta que de verdad lo necesito. No solo en la cama, sino todos los días, semanas, meses, años, lo necesito para toda la vida a mi lado.

Me levanto de la cama colocando los rebeldes pelos tras mi oreja. Me llevo las manos a la boca tapandola al bostezar.

Camino por toda la casa buscándolo. No creo que haya ido a ningún lado. Por último, entro en el cuarto de baño encontrándolo vacío.

Miro la hora en el reloj de la cocina una vez entro en ella viendo las agujas marcar las once en punto.

¡El bar!

Luego tendré que averiguar hacia donde ha ido, pero ahora es necesario que corra al trabajo.

Entro al cuarto vistiéndome rápida con unas mayas negras y una camiseta blanca junto a mis converse.

Me lavo los dientes y cojo una manzana comiéndomela mientras bajo las escaleras de la casa.

Entro en el bar notando las miradas de Dany y Natali en mi. Agacho la cabeza y llego a ellos.

— Siento haber llegado muy tarde.— mi voz sale preocupada.

Nunca he llegado tarde por lo que no se como han podido tomárselo.

Los ojos de Natali intentan encontrar algo en los míos. Avanza unos pasos y coge mi mano acariciando mis dedos.

Sin entender porque lo hace, quito con cuidado el agarre y la acerco hacia mi fundiéndonos en un reconfortador abrazo.

A pesar de todo, ella es la madre de Aaron. Esa mujer por la que tanto tuvo que sufrir y por la que tuvo que convertirse en lo que es ahora.

Aaron pudo huir cuando pasaban esas atrocidades en su casa, pero prefirió quedarse para ayudar a los suyos, aunque luego él se llevara todo lo peor.

Cierro los ojos por unos segundo intentando borrar los recuerdos de la que era mi familia.

Yoi y Wanda huyeron y nunca se supo más de ellos a causa de las muchas personas que apostaban una muy buena cantidad de dinero por sus cabezas. Aaron me dijo que Caolín estuvo metiéndose en graves problemas que en un futuro podrían acabar con su vida. Owen se alejó de todos dejando a Payper e Izan con Gyula, Gara, Dany y el pequeño de la pareja.

En el tiempo que no estuve con ellos, todo se fue más a la mierda.

Escucho el quejido de Natali y es cuando noto que tengo mis uñas incadas en su espalda.

Me alejo sintiendo mis mejillas húmedas. Sus ojos me observan triste y apenada.

— Lo siento.— me giro y me siento en la silla detrás mía.— Recuerdos...— ella asiente poniéndose en cuclilla frente a mi.

— Sé que no es fácil Daisy, pero hay que seguir adelante.— asiento sintiendo más lágrimas caer.

Las lágrimas no caen de pena, sino de rabia.

Ellos no supieron valorar a sus hijas. Quisieron convertirnos en lo que ellos son.

Da rabia saber que la mayor parte de tu vida estuviste engañada, que aquellas " salidas de trabajo" eran mentira, que nos demostraban cariño cuando ni siquiera nos querían, porque si quisieran a sus hijas, no te hacen lo que nos hicieron a nosotras.

Veo como Vania viene corriendo hacia mi y me abraza con fuerza. Sonrío de lado al sentir sus delgaditos brazos rodear mi cuello.

Estuvo aquí.— me susurra al oído.

— Es verdad.— la voz de su madre corrobora lo dicho.— Estuvo aquí y está totalmente cambiado Daisy.— sus palabras me alegran.— Me abrazó en vez de gritarme o golpear todo lo que estuviera a su alcance.

Si su propia madre dice que está cambiado, es porque es verdad.

— ¿Qué hizo? ¿A dónde fue?

— Aunque no lo creas, lo he estado viendo toda mi vida, al igual que a ti.— mi cejas se elavan sin entender.— Que me fuera de mi casa no significaba que dejara de querer a mi hijos.— sonríe de lado.— Sé que Yoi esta muerto, Owen es papá de un precioso bebé varón llamado Izan, al cual tu le pusiste el nombre. Mi querida Gyula sigue igual de guapa que siempre, y a pesar de sus altiva bajos, es feliz como puede y ahora llegáis tu y Aaron.— trago saliva con fuerza.— Él siempre estuvo preocupado de ti de una manera diferente a la de los demás. Estuvo vigilandote igual que yo a ustedes. No te ofrecí un trabajo y vivienda porque sí, si no porque te conocía y conozco más de lo que tú te crees.— me levanto de la silla mirándola rara.

No es posible que también ella sepa de mi existencia, cuando yo hace apenas un año ni la conocía.

— No quiero que te asustes Daisy.— coge de nuevo mi mano para que no me aleje.— Mis hijos están por encima de todo. No dejaría que nada les pasara.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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