Demonio guardián

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CAPÍTULO 40 (FINAL)

Toco la carta con mis temblorosos dedos. Cierro mis ojos intentando calmar mi nerviosismo.

Es muy sospechoso que cuando despertara no se encontrara a mi lado, y mucho más raro es que me haya escrito una carta.

Puede... Puede que haya sido para repetirme que ha cambiado, para convencerme del todo que ha cambiado.

Comienzo ha abrir la carta con cuidado y delicadeza. Vuelvo a cerrarlos respirando hondo.

La puerta se encuentra entreabierta. Dany y Natali han decidido dejarme sola para poder leerla tranquila.

Trago saliva y comienzo a leer el largo texto escrito en tinta negra.

¿Por dónde comenzar?

Bien, comenzaré por el principio de la historia.

Todo comenzó cuando era pequeño. Nyll golpeaba a mi madre noches tras noches. Días tras días... Owen no era capaz de imperdilo, y un día, me entrometí. Ese día me marcó para siempre. No es fácil que tu propio padre te golpee hasta cansarse. No es fácil.

Desde entonces, mi padre me vio como el mejor de los tres. El haberme entrometido hizo que le demostrara mi valor y mi resistencia por sobrevivir a la gran paliza.

Sus ojos me observaban cada minuto, cada segundo del día. Fui creciendo y los golpes seguían. Los gritos no cesaban.

Yo era el que cuidaba de mis hermanos y madre. Yo era el que se encargaba de hacer sonreír a mi familia a pesar de mi malestar. Yo era el que hacía que siguieran hacia delante.

Mi padre llevaba diferentes mujeres a casa, las metía en su cuarto y hasta el día siguiente no salían.

Mi curiosidad por saber lo que hacían me ganó y abrí la puerta mientras estaban los dos haciendo movimientos "raros" en la cama. La mujer de pelo oscuro me miró con los ojos muy abiertos y le susurró algo a Nyll. Éste me invitó a acercarme y lo siguiente... Fue una violación a un menor de edad que aún no sabia lo que era eso.

El tiempo seguía pasando y una noticia hizo que todas esas fuerzas desaparecieran.

Mi madre había muerto.

La cosa empeoró demasiado. Owen se empezó a comportar como papá, Gyula solo lloraba, Nyll seguía en la misma línea, mi madre estaba muerta y yo... Yo no podía más.

La mujer de cabello oscuro seguía visitando mi casa como si fuera la suya. Le hizo una proposición a Nyll. Yo, Aaron, tenía que vigilar a sus hijas Daisy y Payper. Al principio me negué, pero luego accedí por el simple hecho de alejarme de ellos.

Mi forma de ser, yo, por completo, era diferente.

Nathan, mi mejor amigo, me ayudaba a vigilaros. No hacíais grandes cosas, por lo que me aburría, pero había algo en tí que me hacía seguir.

Me hacía gracia que creyeras que tu vida era perfecta. Unos padres que te amaban, dinero suficiente para vivir del carajo, una hermana en la que poder confiar.

¡Joder Daisy!

Ya tenías bastante cabeza como para darte cuenta por ti sola. Tu vida no era perfecta. Tus padres no eran perfectos. Tu hermana no era perfecta...

Cuando empezaste a salir con Yacob mi ira creció aun más. Te sentía mía a pesar de que tú no supieras de mi existencia. Eras mía...

A Yacob comenzaron a llegarle amenazas de todo tipo. Lo observaban y lo golpeaban sin compasión. Tu padre le propuso hacerse el muerto para que lo dejaran en paz. Eso a mí me valió.

Te veía llorar. Entraba en tu cuarto por las noches y acariciaba tu cabello con mero cuidado. Te arropaba cuando tenías frío. Te besaba la frente cada vez que me iba.

Tu padre era amigo de los padres de Yacob y Caolín. Aquellos mismos que aparecieron en tu vida de repente con una meta a la cual no llegaron.

Hacerte la peor persona del planeta tierra.

Con el tiempo, tu madre hundió a mi padre más de lo que ya estaba. Dejé de observaros, de obdervarte.

Sentía como si no pudiera seguir adelante. Me tomé el trato por mi mano y seguí a tu lado sin que nadie lo supiera. Hasta que llegó ese día. Hasta que llegó el día en que me viste.

Y lo demás, ya lo sabes...

Mi vida cambió contigo en ella Daisy. Sé que te hice daño por no saber como querer, por no saber como cuidarte. Pero lo hice, lo hago, y lo haré.

Estaba acostumbrado a que todas aquellas personas que quería se fueran de mi lado. Pero tú no lo hice, o sí, pero volvías.

Te quise como nunca jamás quise a alguien.

Sueno mi nariz roja con un pañuelo. Las lágrimas no paran de caer como si fueran una catarata.

El daño que me hacía a mi mismo lo cambié por reflexionar en como cuidarte.

Nuestro comienzo no fue bueno, y el final tampoco lo será para ti Daisy.

Esto no es una carta para contarte el principio del principio. Esto es una despedida.

Con el tiempo, aprendí que si quieres mucho a alguien, dejarlo ir. Y eso haré contigo.

Te dejaré ir porque no te quiero Daisy, te amo.

Pero no me iría de manos vacías. Quiero que mi hijo recuerde que a pesar de que su padre no supo cuidar de su madre, lo quiso y lo querrá aunque ya no esté entre los vivos.



Marta

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En el texto hay: daisy

Editado: 31.03.2018

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