Demonios Entre Nosotros (libro 2)

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26 (FINAL)

Ha pasado exactamente una semana desde que todo acabó. He podido superar un poco el trauma. He regresado a mi hogar, a mi antiguo hogar.

Mi familia estaba preocupada, y a pesar de que extrañaba a Brook y a Chris, me sentía bien estando en familia. Llevando la vida de una chica normal de diecisiete años. La vida de una chica ordinaria que se preocupa por la cantidad de tarea que los profesores encargan y no por matar demonios.

—Cassia, es hora de cenar. —gritó mi madre. En mi camino al comedor, pude sentir como mis alas estaban apunto de salir. «No ahora, por favor.» fue lo único que pensé. Pero fue inevitable, mis alas blancas salieron de mi espalda. Justo cuando comenzaba a llevar una vida normal, sin seres paranormales, mis alas me dicen que necesito volver.

—Mamá, necesito salir. Tal vez tarde mucho, tal vez no. No te preocupes, adiós. —grité evitando que mi madre me viera. Salí por una ventana antes de que mi madre respondiera a mi loco comentario. Tomé su auto, y sin siquiera tener una licencia comencé a conducir hacia Dines en medio de la noche. Mis alas apenas cabían en el asiento del piloto. Sinceramente no sabía muy bien cómo llegar a Dines y la noche no era del todo mi aliada.

De pronto, sentí el calor muy cerca de mí, como si estuviera apunto de quemarme. Intenté ignorarlo, pero el calor llegó a mi piel dejando una quemadura en ella. Una silueta con alas de fuego apareció en medio de la carretera. Perdí el control sobre el volante y antes de que pudiera reaccionar, el auto ya estaba volcado fuera de la carretera, y yo, inconsciente. Mi mente me pedía que abriera los ojos, así que intenté hacerlo, me costaba trabajo, pero poco a poco podía hacerlo.

—Cassia, vamos, levantate. Necesitas llegar a Dines. —dijo una voz. Abrí los ojos y vi a Frederick frente a mí. Los cerré y al abrirlos de nuevo ya no estaba ahí. De pronto, desperté en Dines. No sabía como había llegado aquí, era una parte de Dines en la que no había estado antes, pero necesitaba saber como estaba Chris.

Comencé a caminar en dirección a la casa de Brook, pero en mi camino vi a Leah quien corría presurosa hacia mí.

—Cassia, regresa a tu casa. —dijo ella y parecía estar muy preocupada.

—¿Por qué? ¿Cómo está Chris?

—Sólo regresa a casa, él está bien.

Comencé a retroceder y al darme la vuelta pude ver a Frederick, pero no estaba solo, él estaba acompañado de aproximadamente quince demonios. Volteé a ver a Leah quien estaba totalmente sorprendida. Detrás de Leah, Brook y Chris se dirigían hacia nosotras corriendo. De tal modo que quedé justo en medio del bien(Leah) y del mal (Frederick).

—¿Qué ocurre? ¿Cassia qué haces aquí? —preguntó Brook.

—Creí que Chris estaba en peligro.

—Yo tengo algo que decir. —dijo Frederick alzando su mano, confirmando que esta vez no era sólo una alucinación. Pero... ¿entonces qué ocurrió con él? ¿Nada ha terminado? ¿Intentará volver a asesinarme?

—Cierra la boca Frederick. —dijo Leah. Entonces comprendí que si yo estaba aquí era porque él me había traído.

—Cassia, ¿recuerdas aquella vez que asesinaste un demonio por proteger a Chris y segundos después sentiste que tu piel se quemaba? Después quedaste inconsciente.

—Sí.

—Frederick, por favor... —suplicó Leah. Aunque a decir verdad no sabía por qué.

—Leah... Tú y yo hicimos un trato. Yo guardaría tu secreto, si tú no intentabas aplicarme un hechizo. Y si no mal recuerdo, hace una semana me aplicaste un hechizo. El trato se ha roto.

—Frederick... No lo hagas. —lágrimas comenzaron a salir de los ojos grises de Leah mientras seguía suplicando. ¿Que tan grave puede ser el secreto?

—Cassia, aquella vez que sentiste ese terrible ardor en la piel fue por que rompiste una regla que está escrita en el libro. Un demonio no puede asesinar a otro demonio. Es contra las reglas. —explicó Frederick.

—¿A qué te refieres?

—Seré directo. Leah te ha mentido. Tú no eres un ángel, Cassia. Eres un demonio.

—Mientes. — le dije a Frederick y después miré a Leah, quien estaba llorando, Brook estaba apunto de hacerlo y Chris estaba con la boca abierta.

—Toma mi mano y descubre la verdad. —Frederick me tendió su mano. Yo necesitaba saber cuál era la verdad. Lentamente caminé hacia él y tomé su mano. Leah me pedía que no lo hiciera, pero de todos modos lo hice. Al hacer contacto con la mano de Frederick mis alas prendieron en llamas. Mi mente se llenó de recuerdos, específicamente de recuerdos con Frederick. La primera vez que lo vi, lo que hablé con él la última vez. Él me dedicó una sonrisa perversa.



Gabriela Medina

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En el texto hay: angeles, demonios, amor

Editado: 14.11.2018

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