Desafiando a la muerte.

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|Capítulo 33|

¡Un espíritu de muerte me besó!

No quería hacerlo, me opuse a eso en todo momento, pero fue como si nuestros labios tuviesen un imán, si antes resolver las cosas con Matías ya era difícil, será más con ese gigantesco detalle.

No quería apresurarme y decir que lo perdería, pero todo indicaba eso, sobre todo al enterarse de que me besé con un desconocido horas después de terminar con él, ¡maldita sea!

Todo daba vueltas en mi cabeza, los recuerdos de las notas, las llamadas y mensajes del número desconocido, el gran secreto que estaba atormentándome, la cafetería, Nicolás, el señor Azrael «¡qué resultó ser la muerte y quien estaba atormentándome!» la increíble afirmación de que todo se trataba de la muerte suena tan poco realista que de no haber visto como desaparecía Nicolás, no lo hubiese creído.

Pensando las cosas desde el punto de vista paranormal todo tenía sentido, los susurros en mis oídos, la razón por la que no podía mirarlos, el miedo que lograba causarme al principio, lo que no tenía sentido era decir que yo había desafiado a la muerte, ¿cómo una simple mortal como yo podía hacer eso? ¡Es imposible!

Pasó absolutamente de todo en un sólo día; me enteré de quien era el hombre que me molestaba, entendí su razón de hacerlo, Abby despertó, terminé con Matías y tuve más emociones que en todos mis años de vida juntos.

Mientras Nicolás me narró la historia tan enredosa de mi vida y los intentos de su padre por matarme, no dejé de recordar aquel momento de mi infancia donde un asqueroso hombre intentó abusar de mí y el odio que le tenía a Beatriz iba muchísimo más allá de que fuera una puta.

Me dolió ver su cara de rabia cuando el hombre se acercó a mí y no, no lo hizo preocupada por lo que ese hombre podía hacerle a su hija de 12años, sino por la furia que le dio que uno de sus clientes se interesara en una niña tan patética y fea como yo.

Ella no intentó defenderme porque me amase o porque eso fuese lo correcto, sino que lo hizo para sentirse superior a mí «siempre me hizo sentir la peor mierda del universo y nunca tuve autoestima ni amor propio mientras estuve con ella, ¿cómo podría tenerlo si cada que lo intentaba Beatriz llegaba a arruinarlo diciéndome alguno de sus múltiples insultos?».

No tuve otra opción más que encajarle el cuchillo, todo sucedió en la cocina y pensando las cosas a fondo, no sé qué hubiese pasado de haber estado en otro lugar, tal vez alejarlo de mi lado hubiese sido más difícil, quizá en otro lugar no me hubiese encontrado con un arma para defenderme.

Odiaba que Matías me dijera "princesa" porque ese hombre me dijo así durante toda esa noche, él pensaba que me parecía un apodo cursi y por eso no le permitía que me apodara así, pero la realidad era que cada que me llamaba por ese apodo recordaba esa terrible noche.

Lo mismo sucedía cada que intentábamos hacer el amor, además de las múltiples interrupciones y los miedos que sentía, los recuerdos de ese hombre besándome y manoseándome pedófilamente hacían que quisiera detenerme, la culpa no era de Matías sino del pasado que siempre me perseguiría.

—Te anexamos un respirador para tus ataques de ansiedad —comentó el doctor logrando sacarme de mis lagunas mentales, hasta me había olvidado de que estaban dándome de alta.

—¿Tiene asma? —preguntó Alan preocupado.

—No, señor, simplemente es para evitar desmayos como el de hoy, lo que recomendaría es llevarla ir al psicólogo —abrí mis ojos como platos, ¿tan grave estaba?

—¿Por qué recomienda eso? —tartamudeé.

—Te hicimos estudios y tu salud está intacta, tus órganos están perfectos, tu ritmo cardíaco también, eso es señal de que tu ansiedad se debe algo personal e interno, no a algo físico.

—Sabe mucho del tema —Alan estaba sorprendido.

—Se lo dice un hombre que tiene padres psicólogos —sonrió orgulloso de aquello y nos despedimos.

—¿Lista para ir a casa?

—Sólo quiero despedirme de Marcos, de Abby y quiero ver a Matías.

—Ok, hija —besó mi mejilla —estoy feliz de que estés bien, cuando me llamaron del hospital enloquecí pensando que no volvería a verte —su guapo rostro denotó preocupación y cada que lo miraba a los ojos lograba mirar sinceridad y una eterna admiración sana por mí, ojalá todos los hombres fuesen como él.



ItzelIv23

Editado: 06.12.2019

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