Desafiando a la muerte.

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|Capítulo 35|

[Días después]

En vez de llamarme Kathleen debería de llamarme llorona porque era lo único que me la había pasado haciendo los últimos días y tampoco podían culparme en totalidad, Matías se estaba comportando de una manera sumamente extraña y posesiva, hasta parecía que no era él.

Le abrí al grifo del agua, la templé a mi gusto y sumergí mi cuerpo en la ducha para poder refrescarme y renovarme.

Tallé con fuerza mi cabello empapado de shampoo, humedecí mi esponja corporal, le agregué jabón y me aseguré de espumar cada parte de mi cuerpo, aseé hasta la parte más recóndita de mi ser y me enjuagué para después secar mi cuerpo con delicadeza.

Deslicé mis bragas por mis piernas hasta llegar a mi zona íntima, abroché mi sostén y me vestí muy cómoda con una camiseta negra con un ligero letrero, un pantalón de cuadros en color guinda y azul y unos converse negros.

Cepillé mi cabello y sonreí al mirar que ya estaba muy largo, estaba del mismo largo que cuando me mudé a la casa de mamá Aurora, por esa razón y ese precioso recuerdo no me lo cortaría, por lo menos no en ese momento, agregué crema para peinar, humecté la piel que iba a estar al descubierto y me perfumé.

Miré la hora en mi celular y aún faltaba una hora para la salida que haría con mi mejor amiga y su hija «era día de chicas» por eso aproveché para despintar mis uñas de color negro y pintármelas de color guinda.

Mi amiga había mejorado a gran velocidad, seguía con rasguños, moretones y cicatrices, pero físicamente se encontraba muy bien, Marcos seguía en recuperación física y motriz, pero sus chicas eran quienes le daban la fortaleza necesaria para esforzarse día tras días.

Mientras pintaba mis uñas empecé a mirar una película y a la mitad sonó mi celular, era Abby diciéndome que ya estaba en camino.

Humecté mis labios con un bálsamo transparente, colgué mi bolsa y salí de casa para esperarla.

El claxon sonó con desesperación y reí ante la situación, ella es todo un caso.

—¡Kathleen! —exclamó y me saludó en cuanto subí al auto.

—Hola —guiñé el ojo y abroché mi cinturón.                            

—¡Asjdkd! —gritó con efusividad Sophie y reí al no entender lo que quiso decir.

—Hola, cielo —me giré un poco para mirar hacia el asiento trasero —hasta en lo parlanchina y efusiva te pareces a tu mamá —sonreí y su mamá casi me mata con la mirada.

—No aprendas a ser tan amargada como tu tía, hija.

—¡Hey! —me quejé y reímos al unísono —¿cómo ha estado Marcos?

—Bien, últimamente ha estado más positivo, Sophie es quien nos inspira, ella es nuestra fortaleza.

—Puedo imaginármelo —miré con dulzura a la pequeña.

—Mamá nos hará un préstamo para poder festejarle su cumpleaños #2, mi hija tendrá las mejores fiestas de cumpleaños.

—Aún faltan meses para eso.

—Lo sé —soltó risitas —pero mientras lo organicemos con más antelación, mejor quedará.

—Si necesitas algo no dudes en decírmelo.

—Gracias, señorita millonaria.

—No digas eso —rodé los ojos y se encogió de hombros.

—No tengo la culpa de que tu adorable mamá Aurora te haya dejado todas tus pertenencias, si a eso le sumamos el dinero de tu tío y de Alan es una jugosa suma de capital —me miró con malicia.

—El único dinero que me pertenece es el de mamá Aurora, recuerda que el de Alan y Fernando es independiente a mí —dije indiferente, para ser sincera no me ponía a pensar en dinero ya que nunca fue mi principal objetivo de vida, ese es el amor y felicidad aunque suene jodidamente empalagoso.

—Lo que quiero darte a entender es que si llegaras a perder la herencia de tu mamá, seguirías viviendo cómodamente como lo has hecho hasta ahora, que afortunada —sonrió ampliamente.

—También lo eres al tener a una pequeña, a un extraordinario novio y a una mejor amiga excepcional —relajé mi expresión y rio cuán foca.



ItzelIv23

Editado: 06.12.2019

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