Desafiando a la muerte.

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|Capítulo 2|

[Flashback]

[—Ya llegué, mamá Aurora —se escuchaban sollozos, corrí hasta su habitación y la miré en posición fetal llorando con frustración —¿qué pasó? —la abracé.

—Tu... Mamá —musitó.

—¿Qué pasa con Beatriz?

—Está muerta —lloró con mayor intensidad y sentí un hueco en el corazón.

Fueron 13años llenos de rencor, desprecio y malos tratos, pese a eso me sentía mal porque no permití que me explicara todas las dudas que tenía, ni siquiera la dejé que hablara.

Y ahora ya no puedo hacer nada, porque ya está muerta, jamás volveré a escuchar su voz ronca debido al consumo de drogas, no volveré a mirarla desnuda junto con otro hombre, no volveré a recibir ningún mal trato o una mala cara.

Nada de eso será posible porque ahora se está pudriendo en el infierno, lo peor del caso es que siento un poco de dolor y ni siquiera por mí, sino por mi abuelita, ella es quien está sufriendo verdaderamente.

—¿Estás segura que está muerta? —asintió —¿qué le pasó?

—Tenía sida —limpió sus lágrimas y me abrazó —lo lamento.

—Ella se lo buscó.

—Hija, no digas eso, sé que te hizo mucho daño y eso no quita que haya sido tu mamá.

—Tú eres mi mamá —besé su mejilla.

—Te amo, mi niña.

—Te amo más —acaricié su cabello blanco —mamá.

—¿Qué pasa?

—E-lla —tartamudeé tenía muchísimo tiempo con VIH por eso desarrollo el sida, eso quiere decir que —tragué saliva —puede que también tenga —comencé a llorar.

—Se enfermó después de tenerte, incluso después de separse de tu papá, no debes prepcuparte, cielo.

—¿Podemos ir al doctor, mamá?

—¿Segura que quieres hacerlo? —asentí —primero iremos al funeral y después iremos al doctor, ¿de acuerdo?

—Sí, mamá.

—Ve a cambiarte, cielo.

Me puse un pantalón, una blusa de manga larga y unos zapatos negros.

Me senté en el rincón de mi habitación y recordé todo lo malo que había hecho, todo lo que me había hecho sufrir y esque esos son los únicos recuerdos que tengo con ella.

Sentía dolor, siempre sería difícil perder a un ser querido, en mi caso no sentía el dolor que una hija debería sentir al perder a su madre.

—¿Ya estás lista, cielo?

—Sí.

—Vámonos.

Subimos al auto y me dispuse a hablar.

—¿Quién te dio la noticia, mamá?

—Alan.

—¿Quién es Alan?

—Uno de los tantos hombres de tu mamá, hija.

—¿Quién pagará todos los gastos?

—Él, hija.

—Al menos no nos dejo esa deuda a nosotros.

—No seas tan dura, cielo, hemos hablado de esto muchas veces.

—Lo sé, lo lamento.

—Espero que algún día la perdones, no quiero que tu corazoncito se pudra por completo.

—Es imposible que eso suceda contigo a mi lado —acaricié la mano que posaba en la palanca de cambios.

Mamá manejó a la ciudad en donde vivía Beatriz, tomó un camino que no conocía y llegamos a la funeraria.

Caminamos directo al féretro y ahí se encontraba un hombre con cabello castaño llorando desconsoladamente.

—¿Será Alan? —susurré.

—Todo parece indicar que sí, mi niña —se le estaban nublando sus ojos —iré a verla, no puedo quedarme aquí.



ItzelIv23

Editado: 06.12.2019

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