Desafiando a la muerte.

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|Capítulo 5|

Apenas estaba despertando, mi celular sonó y era Matías.
—Buenos días, cielo.
—Buenos días, Matías.
—¿Acabas de despertar, ojitos?
—Sí, ¿acaso estás vigilándome? —pregunté juguetona.
—Tu voz ronca te delata, cielo.
—¡Dios, aún no me acostumbro a los apodos!
—Pronto lo harás, ojitos —mandó muchos besos —espero que pases un excelente día, te cuidas y nos vemos mañana, bebé.
—Gracias por marcarme, Matías, te cuidas.
—Te quiero, cielo, no lo olvides.
—Te quiero —mandé un beso «ewwwk, ¿yo mandando besos?» y colgué la llamada.
Me di una ducha y me puse una enorme camiseta que me quedaba como vestido, es fin de semana y la pasaríamos en casa, así que no tendría sentido arreglarme.
Fui a la habitación de mamá y aún estaba dormida, así que me fui a la cocina a preparar el desayuno.
Hice una deliciosa ensalada de frutas y horneé bisquets, los huevos los prepararía hasta que mamá despertara.
Encendí la televisión y miré animal planet, odio los animales, pero me encanta conocer sobre ellos «lo sé, es extraño»
—Buenos días, hija —me giré a donde estaba y se miraba muy adorable.
Mamá tiene los ojos color miel, su cabello está totalmente blanco, tiene su boquita muy pigmentada de rojo y amo los lindos hoyuelos que se le hacen cuando sonríe.
—Buenos días, mamá —besé su mejilla —siéntate, terminaré de hacer el desayuno.
—Gracias, mi cielo.
—Soy yo la que debe agradecerte todo lo que has hecho por mí.
—Debí buscarte muchísimo antes.
—No tenías contacto con Beatriz, no sabías a ciencia cierta lo que pasaba, así que no te preocupes, mamá.
—Estoy muy orgullosa de la gran chica que eres —comencé a batir los huevos —y te amo muchísimo.
—Si tú no hubieses llegado a mi vida, no sé que sería de mí. Probablemente estaría en la calle, sin estudios, sin amor y sin metas en la vida. Tú me has enseñado a amar, a perdonar, a ser fuerte, a vivir y sobre todo a olvidarme del miedo y hacer las cosas con pasión.
—Desafortunadamente Beatriz no pudo concer esta parte de ti.
—Ella desapareció esa parte y tú la reconstruiste —sonreí y le entregué el desayuno.
—Esta es la mejor ensalada de todas, hija.
—Gracias, mamá —hablé con la boca llena —perdón —reí porque ella odiaba que hablara así.
—Cielo.
—¿Qué pasa?
—Debemos ir a comprar el vestido del acto académico y de la fiesta de graduación, amor.
—No quiero que gastemos mucho, mamá.
—Sólo tendrás un baile de graduación de preparatoria una vez, hija, claro que gastaremos y no importa la cantidad, mereces eso y más.
—Podemos utilizar ese dinero en otra cosa.
—Estoy muriéndome y no me enterrarán con el dinero, además el dinero es para gastarse, ya no discutamos y en cuanto terminemos de comer me enseñarás vestidos en el aparato ese —se refería a la computadora.
—Como digas comandante —rio.
—¿Hay más fruta, cielo?
—Sí, mamá. ¿Quieres más? —asintió y le serví más ensalada.
Comimos en silencio, lavé los trastes y mamá me miraba desesperada.
—¿Qué sucede, má?
—Ya quiero mirar los vestidos, cielo —parecía una niña chiquita esperando a que su mamá le diera un dulce.
Subí rápidamente a la habitación, bajé la computadora y mamá miraba atenta lo que tecleaba.
—¿Buscamos en la tienda del centro comercial, mamá?
—Busca en los centros comerciales de las ciudades cercanas, debes llevar un vestido único que ninguna chica traiga.
—Pero mamá, saldrá más caro.
—No importa, ya no te preocupes por eso, cielo —asentí tensa.
Abrí una página y ahí se miraban muchos vestidos de graduación.
—Me gusta este, mamá —el vestido era negro de manga larga y con pequeños olanes en el pecho.
—Vas a una graduación, no a un funeral, cielo —rio y me contagió la risa.
—Tienes razón, sigamos viendo —sonreí —¿qué te parece ese? —era un vestido gris con tirantes gruesos.
—No me convence, quiero ver más, reina.
Ya habíamos mirado vestidos en 3tiendas, los que a mamá le gustaban a mí no y viceversa.
Entré a la página web de la cuarta tienda y los vestidos de aquí eran más ampones y de colores pasteles.
—Aquí encontraremos uno, hija.
—Son demasiado elegantes, mamá —torcí mis labios.
—Es una gala, de eso se trata, hija —tenía razón, como siempre —¡mira este! —era un vestido de hombros descubiertos en color gris con pequeños brillos en el pecho.
—No me gustan los brillos, mamá.
—¡Por favor, dime que este te gusta, cielo!
El vestido era demasiado bello, realmente me había gustado, era de hombros descubiertos, con encaje en el pecho y algunos detalles en la parte de abajo de color rosa palo.
—Es muy lindo y exagerado a la vez.
—Hija, te mirarás preciosísima, por favor —hizo un dulce puchero y no pude negarme.
—Ok, mamá, pero debemos ir a que me lo mida y a revisar que sea de buena calidad, no gastaremos a lo tonto.
—De acuerdo, cielo —apretó mi mano con una enorme sonrisa.
—¿Qué quieres qué hagamos hoy, mamá? —me recargué en su hombro.
—Quiero que hablemos.
—¿De qué? —fruncí el ceño.
—Kathleen, no es necesario decirte que estoy muriéndome —acarició mi mejilla —cada vez duermo más horas, me cuesta mucho levantarme y caminar largas distancias. Me siento más lenta, más torpe y no quiero irme sin agradecerte todo lo que me has acompañado, lo que me has enseñado y lo que me has ayudado. Sin ti ya estuviese muerta, lo peor del caso es que me habría muerto sin una chispa de felicidad, cosa que no sucederá ahora que estás a mi lado.
—Mamá, no digas eso, eres muy fuerte y no te irás —me acosté en su regazo.
—Hasta los más fuertes se mueren, eso no puede evitarse, cielo —acarició mi cabello levemente.
—No podré estar sin ti, sin ti nada tendría sentido, mamá —curvé mis labios —eres la única mujer que me ha querido, me ha dado todo su amor a pesar de que no tenía ninguna necesidad ni obligación, has gastado toda tu pensión en mí, en la escuela y en la ropa. No quiero que llegue ese terrible día —no pude evitarlo y mis lágrimas salieron.
—Por eso estamos hablándolo, amor, no podemos tapar el sol con un solo dedo —limpió una de mis lágrimas y besé repetidas veces sus manos pecosas.
—¿Qué será de mí sin ti? ¿Quién va a darme besos por las mañanas? ¿Quién me hará saber que no estoy sola? ¿Quién va a amarme con todos y mis malos ratos, con todo y mi pasado?
—Seguiré haciendo todo eso aunque esté muerta, ni siquiera la jodida muerte podrá evitar que te siga amando y que siga acompañándote.
—Te amo muchísimo.
—Te amo muchísimo más, mi cielo.
Todo el día nos mimamos más de lo que hacíamos diariamente, miramos películas, nos arreglamos nuestras uñas y consentimos a nuestro rostro con mascarillas.
Ni siquiera quiero imaginar lo que será mi vida sin ella.
[...]
Ha pasado una semana.
Cuando los chicos se enteraron que Matías y yo ya éramos novios hicieron un festejo masivo y exagerado.
Hoy saldré con mamá y con Abby, iremos a una tienda fuera de la ciudad a comprar el vestido para la graduación.
—¿Puedes manejar, hija?
—Sí, mamá, ¿aún estás cansada?
—A partir de ahora siempre estaré cansada, amor.
—No sigas con eso, mamá.
—Debemos admitirlo —rodeé los ojos —y no hagas ese gesto, Kathleen —sonrió.
—Ok, mamá —gruñí.
Encendí el auto, manejé hasta la casa de Abby y toqué 2veces el claxon.
—Hola, señora —dijo Abby al entrar al auto.
—Hola, hija.
—Hey, Kath.
—Hey, Abby —la imité —¿estás lista para las recomendaciones de mamá?
—Sí, seguro tiene buen gusto.
—Suele tener gustos de la Reyna Isabel —mamá se atacó de risa y Abby nos miraba con diversión.
—Entonces será interesante este día —sonrió.
—Verás que sí —la miré fugazmente por el retrovisor.
—Hijas, ¿qué les parece si primero pasamos a desayunar?
—Suena bien, señora.
—Tú mandas aquí, mamá.
Encendí la radio para que el camino se tornara menos aburrido y sonaba una canción que todas nos sabíamos, Abby y yo la cantábamos siempre y mamá se la sabía aunque el género no le gustaba del todo, se la aprendió de tanto que la cantaba en mis tiempos libres.
—Adicto a la distancia crucificando el vuelo. Mi lado más amable se vuelve sólo un sueño. Triste final, nos faltó claridad, quizá ya es tarde para regresar, quedamos expuestos a merced del tiempo —canté.
—Rogando que un verso nos cure al vuelo —completó Abby.
—Que estés lista es como esperar de pronto a que el paisaje cambie el cielo, si entendieras que el acto de amarnos es hacerle al tiempo dos heridas —cantamos todas al unísono con mucho sentimiento.
—Wow, no sabía que se sabía la canción, señora —dijo Abby petrificada.
—No pude evitar aprendermela después de que Kathleen se la pasa cantando día y noche —rio.
—En eso la entiendo, cuando algo se le mete a la cabeza a Kathleen no hay quien se la saque.
—¡Hey! —me quejé y rieron.
El camino se tornó tranquilo y más rápido de lo que imaginamos.
—¿Dónde quieren desayunar?
—Voto por ihop.
—También yo —dijo mi mamá.
—De acuerdo.
Estacioné el auto, bajamos y después de algunos pequeños estiramientos entramos al lugar.
—Buenos días —sonrió cortésmente la mesera —¿qué ordenarán?
—La orden de pancakes y un café —pidió mamá.
—Pan francés y huevos.
—Waffles —fue mi turno de ordenar.
—Enseguida vuelvo —asentimos.
—Y, ¿cómo están tus papás, hija?
—Están bien aunque siguen siendo los mismos ogros de siempre —rodó los ojos.
—La mayoría de los papás son así, sólo debes tenerles paciencia, hija.
—¿Usted es así con Kathleen?
—No —sonrió —Kathleen llegó a mi vida logrando que mi amargura se esfumara.
—Oww, qué linda, mamá.
—Aquí tienen, provecho —nos entregaron nuestra comida.
—Gracias —dijimos al unísono.
—Creo que esto no fue una buena idea, tendremos que ordenar dos tallas extras —dije al mirar los enormes platos y la cantidad de comida.
—Tienes razón —Abby curvó sus labios.
—Niñas, dejen de ser tan dramáticas y pónganse a comer —asentimos.
Después de 3kg más y muchas calorías salimos del lugar y nos dirigimos a la tienda de vestidos.
—Kathleen, tenías razón, los vestidos están muy lindos.
—Debemos agradecerle a mamá, ella fue quien me convenció de venir aquí.
—Gracias, señora.
—No es nada, hija.
Nos medimos varios vestidos y después de horas decidimos cual nos llevaríamos, escogí el que habíamos mirado por internet y Abby escogió un lindo vestido azul marino.
De regreso a la ciudad platicamos acerca de todas las tonterías que querían hacer las chicas del cómite en la graduación y mamá sólo reía de nuestros rostros enfurecidos.
—Sólo quieren sacarnos dinero, mamá.
—Dinero con el que la maestra se comprará un nuevo auto.
—No exageren, hijas.
—Es en serio, mamá, no conoces al tipo de personas que están organizando todo eso.
—Valdrá la pena lidiar con todo esto, cielo.
—Eso espero, mamá.
—Verás que sí.
Llegamos a la ciudad y llevamos a Abby a su casa.
—Bye, muchísimas gracias por llevarme Kathleen y gracias por acompañarnos, señora.
—Gracias a ti por pasar el día con nosotros, nos vemos en la escuela, Abby.
—Bye, hija —salió del auto, nos despedimos y volvimos a casa.
Me lancé a la cama y pensé en todo lo que me estaba sucediendo, si mi vida es buena es gracias a mamá.
Creo que en este momento estaría viviendo de hotel en hotel por no tener dinero para rentar una casa, no tendría estudios, pasaría día y noche trabajando y lo peor de todo es que mi corazón se estaría pudriendo del odio que le tenía a Beatriz.
Aún me duelen muchas cosas, aún siguen ahí muchos miedos y frustraciones, aún no puedo perdonarla del todo, pero he logrado ponerme en su lugar en algunas situaciones gracias a todo lo que me ha contado mamá.
Mi herida aún no sana del todo, aún siento dolor por todo lo que pasé, por todos los malos tratos, tantas noches de humillaciones, pero sé que algún día podré perdonarla, algún día podré ser feliz totalmente, algún día entenderé porque Beatriz actuó así y todas esas respuestas me las dará el tiempo y probablemente la madurez.
[...]
La alarma me despertó provocando que enfureciera «cómo todos los días» porque quería dormir un rato más.
Me levanté a darme una ducha y decidí dejar mi cabello suelto.
Ésta semana es la última en la prepa, eso me pone muy feliz, por fin serán vacaciones y tendré tiempo para meterme a trabajar.
Abrí levemente la puerta de la habitación de mamá y estaba acomodándose para dormirse otro rato.
—Ya me iré a la escuela mamá —besé su mejilla.
—Hija, recuerda que quiero que Matías venga a comer.
—Siempre se me pasa decirle, mamá.
—Espero que hoy te acuerdes, te cuidas mucho, hija. ¿Quieres llevarte el auto?
—Me iré en la bicicleta como siempre, mamá, al rato vuelto.
—Te amo.
—Te amo más.
Salí de casa y una ráfaga de viento choco contra mi rostro, sentir un poco de aire en medio de tanto calor que había hecho las últimas semanas era un verdadero alivio.
Colgué mi mochila, le quité el candado a la bicicleta y me dirigí a la prepa.
**Matías.**
*Me quedé en el estacionamiento de bicicletas esperando a mi bella mujer.
Desde antes que fueramos novios le ofrecí traerla y regresarla en el auto, todas las veces que se lo pedí me rechazó.
Es bueno que le guste transportarse en la bicicleta, lo que me preocupa es que maneja mucha distancia, la escuela no está tan cerca de su casa y no quiero que vaya a caerse o a chocar con algún imbécil que no sepa manejar.
Sí, soy muy dramático y sobreprotector si se trata de esa chica tan hermosa que robó mi corazón desde hace mucho tiempo.
Cuando menos lo pensé ahí estaba Kathleen tan hermosa como siempre, amo la manera en la que se viste, tiene una manera muy única de hacerlo.
La mayor parte del tiempo se viste con muchos overoles y con look de los 90's, otras veces opta por look más femeninos y elegantes aunque también le gusta vestirse con cosas holgadas, intenta hacerse la masculina pero nadie le cree con ese rostro tan femenino y angelical, con esos ojos tan verdes y con esa voz tan dulce.
Hoy traía puesta una blusa café que dejaba ver sus blancos hombros, traía puesto un pequeño collar, unos jeans, unos botines negros y su cabello estaba al natural, tan ondulado y castaño con destellos color miel, recuerdo que cuando la conocí tenía su cabello muy largo y más rubio de lo que está ahora. Aunque eso sí, siempre ha sido hermosa sin importar el largo o color de su cabello.
—Hola, ojitos —me acerqué y le di un largo beso.
—Hola, cariño —amaba que me llamara así.
—Extrañaba besarte, ojitos.
—¿Ahh, sí? —preguntó anonadada.
—Por supuesto, pequeña —volví a besar sus labios y era sorprendente que hasta sus besos tuvieron un sabor tan único y dulce igual que ella.
Caminamos tomados de la mano, quería llevarla a su aula y hacerle saber al resto de sus pretendientes que por el momento no era libre.
—¿Cómo la pasate el fin de semana, cielo?
—Muy bien, cariño —sonrió dejando ver sus lindos dientes.
—Cada que me llamas así me siento como una oruga apunto de volar, pequeña —rio.
—Los chistes no son lo tuyo.
—Y, ¿por qué te ríes, cielo?
—Por eso mismo —me miró con obviedad —eres malísimo intentando bromear.
—Y tú eres la experta, cielo.
—Eso lo sé —levantó una de sus cejas y sonrió de lado.
—¿Si fueron a comprar lo que necesitaban? —frenó en seco y me miró con mucha dulzura.
—En serio me estabas poniendo atención, cariño —sonrió con mucha emoción, se puso de puntillas y me dio un fugaz beso.
—¿Pensaste que no te había escuchado, pequeña?
—Usualmente escuchar no es el fuerte de los hombres —levantó sus hombros.
—Siempre te escucharé, ojitos.
—Gracias, Matías —apretó más fuerte mi mano —y si, amor, si conseguimos todo lo que necesitábamos.
—¿Cómo me dijiste? —pregunté expectado.
—Matías.
—Y, ¿después? —se ruborizo, pensó unos segundos y cayó en cuenta de que me había llamado "amor".
—Ups, te llamé amor —hizo un tierno gesto.
—¡Por fin!
—No hagas que me arrepienta de llamarte así —me amenazó
—Voy a calmarme, tranquila, cielo.
—Gracias por soportarme aunque sea una odiosa.
—Mí odiosa —corregí.
—Nos vemos luego, amor —se ruborizo al decir la última palabra.
—Espero que te vaya muy bien, cielo —besé sus labios.
—Espero lo mismo para ti, Matías —acarició mi mejilla.
—¡Por cierto!, hoy jugaremos en receso con los de 2do semestre, ¿irás a verme jugar?
—No me perderé tu partido por nada del mundo.
—Te dedicaré todos los goles que pueda, cielo.
—Gracias —dejó un beso en mis labios y entró al salón.
Cuando estaba apunto de sentarse en su mesabanco me miró y mandó un beso con un rostro verdaderamente coqueto.
Esa mujer tenía la capacidad de apagar o encender un incendio con esa sonrisa y ella ni siquiera se daba cuenta de eso.*



ItzelIv23

Editado: 05.09.2019

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