Desafiando a la muerte.

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|Capítulo 8|

Después del largo camino llegamos a la playa que tenía agua muy bella y cristalina.

—Chicos, deberán armar su casa de campaña en este momento, así que váyanse con el grupo de amigos que dormirán —habló la directora —los guardias vigilarán sus pertenencias cuando vayamos a cenar.

—¿Dormirás conmigo, cielo?

—Dormiré con Abby antes de que haga sus cochinadas.

—Mejor duerme conmigo y hacemos cochinadas juntos, ojitos.

—¡Cariño! —le di un codazo.

—Por lo menos deja que arme tu casa de campaña, amor.

—La armaremos juntos, ¿de acuerdo?

—Lo que digas, ojitos —besó mi mejilla.

—Kathleen, dormiremos juntas, ¿¡verdad?! —preguntó Abby con consternación.

—Sí, siempre y cuando no metas a Marcos aquí.

—Descuida, eso no pasará —hizo un gesto "angelical".

Terminamos de armar la enorme casa de campaña, inflamos unos pequeños colchones que trajo Abby «cosa que realmente agradecía» y nuestro hogar temporal ya estaba listo.

—¡Vamos a nadar, tortolitos! —exclamó Adan.

—¿Quieres ir, cielo?

—Sí, espérame un poco —me unté más bloqueador del que ya tenía.

—¿Quieres que te ayude? —me lanzó una mirada perversa.

—No —reí —ya estoy lista.

—¿No te pondrás tu traje de baño, ojitos? —curvó sus labios.

—No, no pasará nada si me meto con este atuendo.

—Amor, deberías ponerte el traje de baño, no es que quiera admirar tu hermoso cuerpo —levantó sus brazos e hizo un gesto a manera de rendición — es que pienso en tu comodidad.

—Claro, mi comodidad —hablé irónicamente.

—De verdad, ojitos.

—Deja de preocuparte por mi comodidad y vamos a nadar, cariño.

—Está bien —su rostro se tornó "triste" y reí nuevamente, como siempre cuando se trataba de él.

Me quité mis tenis y el agua estaba muy fría para mi gusto.

—Aww —me quejé —mejor no quiero meterme.

—¿Por qué, ojitos?

—El agua está muy helada, Mati.

—El frío será momentáneo, amor.

—No quiero, cariño —lo jalé a la arena —aquí te espero.

Adan, Manuel, Matías y los demás chicos se divertían muchísimo entre las olas y cada cierto tiempo hacían estupideces para hacer reír a Abby «quien tampoco se animó a nadar» y a mí.

—Extrañaré a esos bobos.

—También yo.

—Espero que sigamos saliendo aunque no vayamos a la misma universidad.

—Créeme, lo seguiremos haciendo, no será tan fácil librarse de nosotras —sonreí.

—Vaya que no lo será —rio malvadamente.

—¡Vengan a nadar, chicas! —suplicó Manuel.

—¡El agua está fría para nosotras! —fue Abby quien habló.

—Será a las buenas o a las malas —de pronto los chicos corrieron en nuestra dirección y nos lanzaron al agua.

—¡Demonios! —exclamé después de un largo respiro al sentir el agua helada en todo mi ser —van a ver, groseros —los amenacé.

—Lo lamento, mi amor.

—Li liminti, mi imir —lo imité.

Todo mi cuerpo comenzó a temblar, parecía una vil gallina, lo único que me faltaba era cacaraquear, nadé molesta hasta la orilla, seguida de Matías.

—No creí que el agua estuviese tan fría para ti, cielo, lo lamento.

—Sé que no lo hicieron para joderme, lo que me molesta es que hayas sido cómplice —me coloqué en posición fetal.

—Perdóname, mi cielo —sacó una de sus chaquetas y me la colocó —no llores.



ItzelIv23

Editado: 06.12.2019

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