Desafiando Tokio

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CAPITULO 3

Ryo subió la ventanilla de su coche y salió del colegio. Sabía que dejar allí a Mía no era la mejor idea que se le había ocurrido, pero después de lo que le había contado Charlotte no iba a dejar que esa niña pensara que era mejor que él.

—Entonces —dijo Ryo sin mirar a Charlotte—, ella iba diciendo que somos una familia y que mi padre se casará con su madre y ella heredará todo a partes iguales como yo, ¿no?

—Eso es. Esa apariencia de mosquita muerta es solo eso, fachada. Nada más llegar nos buscó y se quiso unir a nuestro grupo de élite, ¿qué te dice eso? —Ryo miró con cara de no saber la respuesta—. Pues está claro, querido. Que ya sabía dónde venia y con quién tenía que juntarse. Pero tranquilo, la puse en su sitio en cuanto empezó a soltarnos todo su rollo familiar, en plan pobrecita de mí.

—¿Rollo familiar? ¿A qué rollo familiar te refieres?

—Pues a por qué estaba aquí. Por lo visto, la secretaria de tu padre es amiga de la hermana de la que viene a hacerme la manicura a casa todos los lunes y viernes, y se enteró de que la madre de Mía sufrió una agresión por parte del que era su novio, por eso vinieron aquí. Nadie sabía nada de ella y, claro, me vi en la obligación de investigar —explicó Charlotte enrollando un mechón de pelo en su dedo—. Resulta que empaquetaron todo y, al día siguiente, estaban cenando con tu padre. Él le consiguió una prueba extraordinaria para entrar al colegio, la aprobó con muy buena nota por lo que tengo entendido.

—No sabía nada de eso. Pensé que simplemente su madre aprovechó una buena oferta de empleo que le ofreció mi padre —contestó Ryo pensativo.

—Pues no, querido. Aunque no dudo que ella quiera algo con él, de algún lado se ha sacado Mía esa familia que quiere formar con tu padre y contigo. Bueno, y ahora dejemos de hablar de ella. ¿Cuándo vamos a volver a quedar tú y yo? —preguntó Charlotte muy melosamente y poniendo ojitos.

—No creo que eso pase, Charlotte. Ya te dije que lo nuestro es pasado.

—Jo, dame una oportunidad —pidió alargando las letras, con cara de pena.

—En serio, olvídalo. Y ahora, por favor, permanece callada hasta que llegues a tu casa.

Ryo aceleró y se escuchó el rugir de su motor. Su mente empezó a volar deprisa, se sentía mal. No le gustaba que esa niña fuera diciendo que iban a ser familia, pero no se imaginaba por lo que habían debido pasar su madre y ella por culpa de ese tipo. No la había tratado bien, y no es que quisiera ser su amigo, pero conocía a la señora Lincon desde pequeño y siempre había sido cariñosa con él y respetuosa con su padre.

Quizá todo era un malentendido. O era verdad y debía tener una conversación con esa jovencita. 

Es difícil ser el nuevo y dejar tu vida de un día para otro, dejar todo atrás sin pestañear y sin quejarse. Porque, desde que ella se había subido al coche por la mañana, pudo ver una gran sonrisa en su cara. Igual esa situación la había empujado a la mentira, que se había hecho más grande sin querer. Aunque, tonta no era, las pruebas de acceso eran difíciles y, por mucho que su padre pidiera favores allí, no bastaba con ser rico para entrar.

Cundo se quiso dar cuenta, llegó a casa de Charlotte. Esta se despidió e intentó darle un beso en la boca, pero Ryo se giró a tiempo y solo rozó la comisura de sus labios.

Charlotte entró en su casa enojada, pero a la vez feliz por conseguir que Ryo la llevara de nuevo en su coche.

Sin mirar, esperó a que subiera la escalinata de la entrada y luego se fue por donde había venido. No sabía qué pensar. ¿Se había equivocado con ella? ¿Debía haberle dado una oportunidad? No le gustaba que se rieran de él, pero quizás había pagado con Mía la bronca que tuvo el día anterior.

Se dirigió hacia la autopista. Cuando necesitaba pensar siempre iba allí, ponía su coche a toda velocidad y sus ideas se despejaban. Cuando quiso darse cuenta eran casi las siete de la tarde, había oscurecido y parecía que la lluvia iba amainando. Llamó a su amigo Daisuke.

—Hola, tío, ¿qué haces? —preguntó Ryo.

—Pues revisando todo lo que tengo este trimestre para organizarme, lo mismo que tendrías que estar haciendo tú, ¿o no es eso lo que estabas haciendo con Charlotte? —rio Daisuke

—Ya sabes que no me interesa, ya no. La llevé a casa por lo que me dijo esta mañana.

—¿Te refieres a lo que te dijo en el patio mientras todas gritaban desde la ventana? —preguntó Daisuke mientras revolvía entre los papeles de su mesa.

—Sí, me tiene rayado —contestó Ryo dando golpecitos en el volante.

—Pues yo no lo tomaría en serio, ha ido diciendo que tú la llamaste a ella para hablar porque la echas de menos. Así que no me creería nada de lo que salga de su boca.

—¡¿Que yo qué?! —gritó Ryo atónito—. Será mentirosa, si fue ella quien se acercó.



RACHELRP

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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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