Desafiando Tokio

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CAPITULO 6

Mía se despertó con un dolor de cabeza terrible. No estaba segura de quién tendría más resaca si Daisuke o ella, aunque la de ella valía doble porque la tenía sin beber.

Le dolía el cuerpo y lo sentía pegajoso del sudor producido tanto por las pesadillas como por la fiebre. Se desperezó en la cama mientras se daba la vuelta. No sabía qué hora era, pero desde luego no era pronto a juzgar por la luz que se veía alrededor de las cortinas. Vio su móvil en la mesilla, tenía un post-it pegado:

«Te he guardado mi número, si necesitas algo, avísame. Ryo».

Cogió el móvil y al encender la pantalla vio que era la una de la tarde. La tripa le rugía como un león, así que decidió enviarle un mensaje a Ryo:

«Si no has comido aún dame 20 min y comemos juntos. Gracias por lo de anoche. Besicos».

Cuac, cuac, cuac, sonaba el móvil de Mía avisando de un mensaje nuevo: «Ok».

«Pues sí que es ahorrador, no gasta ni en palabras», pensó Mía. Salió de la cama y saltó en dirección al baño. Se quitó la ropa, se recogió el pelo con una pinza y se metió a la ducha.

Fue rápida porque el hambre iba en aumento. Decidió ponerse un pantalón de chándal viejo y una camiseta de manga corta. Cuando le apetecía estar cómoda, siempre recurría al mismo modelito.

Se miró al espejo del tocador, tenía un aspecto horrible y su labio aún estaba hinchado. Se cepilló el pelo y lo recogió con un palillo. Se puso los calcetines y las zapatillas de estar por casa y bajó a buscar a Ryo.

Antes de llegar a las escaleras lo vio dirigirse a ella con una bandeja de comida. Se quedó parada mirándolo y con la cabeza ladeada, intentando entender la situación. Cuando llegó hasta ella seguía sin entender así que hizo lo que siempre hacía cuando no entendía algo, preguntó.

—¿No se supone que comemos juntos? —dijo Mía mirando el plato único que había en la bandeja.

—No es para mí... Baja y ahora te alcanzo —contestó Ryo intentando ocultar para quién era, cosa que a Mía no se le pasó.

—¿Para quién es? ¿Has traído a alguna amiguita? —preguntó Mía levantando las cejas muchas veces, intentando ponerlo nervioso.

—No, es para Daisuke —consiguió decir al final Ryo.

—Ammmm. ¿Y por qué no come con nosotros? No tengo nada contagioso —dijo Mía llevándose un dedo a los labios a modo pensativo—. O eso creo —concluyó sonriendo.

—Le da vergüenza lo de anoche, y no sabe cómo pedirte perdón a ti por... por eso... —dijo finalmente Ryo mirando el labio de Mía.

—A ver, ¿dónde está? —preguntó Mía en un tono enfadado.

Ryo se quedó callado. Sabía que su amigo lo estaba pasando mal y, aunque tuviera razón, no quería que Mía echara más leña al fuego. Así que se quedó callado mientras bajaba la mirada al suelo.

Mía no se iba a quedar con las ganas de encontrarlo, así que aprovechando que Ryo tenía una bandeja en la mano echó a correr abriendo las puertas de las habitaciones en busca de Daisuke. Ryo no esperaba eso por lo que tardó en reaccionar. Dejó la bandeja en el suelo y salió tras ella, pero Mía ya había encontrado la habitación correcta y había entrado.

Cuando Ryo llegó, Mía estaba de espaldas a Daisuke, el cual solo llevaba una toalla enrollada a la cintura y estaba totalmente blanco y paralizado en la puerta del baño de la habitación.

—¿Se puede saber qué pasa? —preguntó Ryo mirando a Mía, aunque ya sabía la respuesta.

—A mí no me mires —respondió Mía con las manos levantadas y riéndose—. Solo quería hablar con él.

—¿Y no sabes llamar antes de entrar? —dijo Ryo incrédulo aún de la situación.

—Sí sé, pero es que me encantan los concursos de la tele donde hay que descubrir qué premio te ha tocado abriendo una puerta al azar, y a mí me ha tocado el bueno, con que ganas te hicieron Daisuke —gritó Mía sin poder aguantar la risa por la cara de sorpresa de ambos.

El pobre Daisuke no sabía dónde meterse. Estaba avergonzado por la situación de la noche anterior y ahora también por esta. Se metió al baño con la ropa y se vistió.

Ryo intentó sacar a Mía de la habitación, pero ella sabía que si salía Daisuke se encerraría y no habría manera de entrar. Así que mientras se vestía en el baño, Mía se dedicó a ir corriendo por toda la habitación con Ryo intentando cogerla. Hasta saltó varias veces por encima de la cama, pero al final Ryo la atrapó y la sujetó, abrazándola por detrás mientras la levantaba en el aire. Pero Mía se resistió impulsándose con los pies en el marco de la puerta. El forcejeo duró hasta que Daisuke salió del baño vestido y accedió a hablar con Mía.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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