Desafiando Tokio

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CAPITULO 9

A la mañana siguiente, Ryo desayunó en su habitación porque se quedó toda la noche estudiando. No había salido desde su conversación con Daisuke.

Cuando fue la hora, bajó a esperar a Mía en el coche para ir al instituto. Al aparecer Mía, ya no llevaba el uniforme reglamentario. Se había pasado el día anterior remodelándolo, había cortado su falda, ajustado la camisa y en vez de deportivas llevaba zapatos de tacón con medias, que hacían brillar sus largas piernas y escondían los arañazos que tenía.

Cuando Ryo la vio se le aceleró el pulso, pero guardó la compostura. Esperó a que se pusiera el cinturón y arrancó. Todo el camino evitó mirarla para no dejar caer la vista a sus piernas, ella estaba tan cansada que apenas notó que Ryo no le habló en todo el camino. Al llegar, antes de salir del coche, Ryo miró fijamente a Mía.

—Entonces —empezó a decir Ryo—, está todo bien entre nosotros, ¿no? No quiero que me montes escenas de celos aquí, preferiría que nadie se enterase de lo que ocurrió.

Mia se giró bastante sorprendida.

—¿Qué tipo de chicas has conocido para que estés traumatizado de esa manera? —preguntó Mía con curiosidad—. Bueno, da igual, sigue en pie lo que hablamos ayer, pero no entiendo por qué tiene que ser secreto de Estado, no es que lo vaya a publicar, pero me daría igual si alguien se entera.

—Pues a mí no me daría igual. Hazme caso, es mejor que esto quede entre tú y yo, ¿vale?

—Tranquilo, en público no te tocaré ni con un palito para que nadie sospeche —contestó Mía medio enfadada—. ¡Qué estupidez! ¡Ni que aquí fueran todas vírgenes! —siguió diciendo mientras se bajaba del coche—. Que sepas que deberías estar orgulloso de poder decir que has pasado la noche conmigo, y no esconderte como un cachorro asustado por el qué dirán —siguió farfullando Mía mientras se alejaba sin despedirse.

—Mía, no es eso lo que quería decir —gritó Ryo, pero ya se había alejado demasiado para oírlo.

—Veo que todo va como la seda, ¿no? —preguntó Daisuke, que había contemplado toda la escena.

—¡Aaggg, me va a volver loco! —rugió Ryo—. Solo le he dicho que mejor que esto no se sepa y se ha enfadado, ¡encima que lo hago para que no piensen mal de ella!

—¿Y se lo has dicho así? —preguntó Daisuke—. Me refiero a que es por eso su enfado, porque a mí me hubiera sonado a que te da vergüenza reconocer que pasó algo con ella.

—¡Mierda! Seguro que lo ha entendido así y por eso se ha cabreado. Lo que te digo, me va a volver loco.

—Venga, vamos a clase que hoy va a ser un día muy largo —dijo Daisuke dándole unas palmadas en la espalda a Ryo.

Ryo no entendió el porqué iba a ser un día largo, pero tenía la cabeza en el examen de primera hora y no le dio mayor importancia. Durante la mañana, Ryo no pudo parar de pensar en lo que pasó con Mía, repetía en su cabeza la imagen de su cuerpo una y otra vez, pero ese no era el momento de perder la cabeza por una chica. La situación en su distrito era complicada, habían surgido bandas de nuevos ricos que hacían oscilar el equilibrio al que había llegado con los demás distritos. Ryo era un líder, y no se metía en una guerra que no podía ganar, por eso no sabía cómo abordar la situación de los nuevos, y por eso no sabía lidiar la situación con Mía.

A la hora de comer, Ryo se apresuró a llegar al comedor para ver a Mía. Llevaba toda la mañana esperando el momento. Hubiera querido bajar a verla entre clases, pero no quería que pareciese que él iba tras de ella.

—Venga, Daisuke, apúrate que quiero comer pronto —dijo Ryo.

—¿Y ese repentino interés por comer de los primeros? —preguntó Daisuke riéndose—. ¿No tendrá que ver con cierta chica de ojos redondos que no te interesa para nada?

—Por supuesto que no, es que hoy tengo hambre —respondió Ryo tocándose la tripa mientras bajaban las escaleras.

—Ya. Entonces no te interesa nada sobre ella, ¿no?

—Claro que no —respondió tajante Ryo.

Cuando llegaron al comedor vieron que había una gran fila. Normalmente solo había un par de personas delante, ya que el comedor estaba abierto hasta que todos comían. Pero tal y como se iban acercando, la fila aumentaba. Ellos, al ser de la escuela superior, iban a otro lado del comedor, pero el tumulto casi no les dejaba pasar cuando por fin llegaron a la puerta.

—¿Qué demonios pasa hoy? —preguntó Ryo mirando a todos los chicos de la fila.

—Bueno, te lo contaría, pero no te interesa —respondió Daisuke riéndose mientras se dirigían a su mesa, tratando de esquivar a camareros con sillas que iban de un lado a otro.

—¿Y qué pasa con las sillas? En serio, si sabes algo cuéntamelo.

—Es que me acabas de decir que no te interesa saber nada sobre Mía, así que esto no te interesa —contestó Daisuke con despreocupación.



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В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

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