Desafiando Tokio

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CAPITULO 12

Al sonar el despertador, por un segundo Mía no recordaba lo que sucedió el día anterior y despertó deseando ver a Ryo, pero ese sentimiento duró hasta que un segundo después le vinieron a la mente las palabras de Ryo, y sintió una punzada en el corazón. Se había prometido levantarse de la cama y seguir hacia delante, no se iba a quejar ni a quedar tirada en el sofá lamentándose por lo que pudo ser y no fue, las cosas suceden por algo, y eso Mía no paraba de repetírselo, intentando creérselo.

Se vistió y cogió sus cosas. Tenía pensado bajar a desayunar e intentar averiguar qué pasó con Charlotte, pero lo iba a hacer como si fuera una amiga, aunque le doliera, pero no podía quedarse con la duda. Recogió su habitación y bajó a desayunar más temprano que de costumbre. Iba con tiempo para intentar averiguar con el servicio qué había pasado, si Charlotte fue ayer, cosa que no dudaba ni lo más mínimo, y si oyeron algo que le sirviera a Mía para imaginarse qué se iba a encontrar en el colegio.

Bajó la escalera concentrada en su misión, aunque al llegar al comedor no esperó encontrarse ante esa situación.

—Buenos días, Mía —dijo sonriendo Charlotte sentada en el regazo de Ryo.

—Buenos días —contestó Mía mientras bajaba la cabeza y procesaba todo lo que estaba pasando.

No esperaba verlos por la mañana, eso aclaraba todo y la ropa de Charlotte decía que no había venido de casa a desayunar con Ryo. Unos segundos después, levantó la cabeza sonriendo y dispuesta a salir de allí lo antes posible.

—Hola, Mía —dijo Ryo, tampoco esperaba verla allí—. Hemos bajado antes porque Charlotte aún tiene que pasar por casa a por su uniforme.

—Ya me lo he imaginado al verla... Yo he bajado antes para ver si me podían llevar a buscar a Meiko.

—No tienes por qué pedir que te lleven, iba a acercar a Charlotte y luego iba a volver por ti... —dijo Ryo mirando a Mía.

—No pasa nada, de verdad, había quedado en ir a por Meiko. Además, nunca se me ocurriría ocupar el lugar que no me corresponde —contestó Mía herida.

—¿Ves, cariño? —dijo Charlotte—. Ella entiende que tú me lleves a mí, soy tu novia y tengo preferencias sobre las demás chicas.

—Cállate, Charlotte —le pidió Ryo sin dejar de mirar a Mía.

—Tiene razón, Ryo, después de todo solo soy la hija de la secretaria de tu padre, ¿no?

Ryo se levantó bruscamente, casi tirando al suelo a Charlotte, y se fue directo a Mía mientras Charlotte ardía de rabia sin poder decir nada.

—Sabes que no es así, Mía —dijo Ryo cogiendo del brazo a Mía.

—Sí lo es, elegiste a Charlotte como novia y a mí como amiga, y yo como amiga no me callo lo que pienso —contestó Mía soltando su brazo de la mano de Ryo—. Bueno, mejor me voy que se me hace tarde y aún tienes que llevar a Charlotte a casa.

Dicho esto, Mía se dio la vuelta y salió del comedor. Charlotte se colgó de Ryo de nuevo y lo llevó hasta la mesa para terminar de desayunar, pero Ryo estaba ausente pensando en las palabras de Mía. Charlotte era consciente de que había algo entre ellos, y no tenía intención de dejar que Mía la ridiculizara en cualquier momento si Ryo la dejaba por ella, así que pensó que lo mejor era que Mía se largara de la escuela, y luego de casa de Ryo. Si algo se le daba bien a Charlotte era lograr que la gente huyera, para evitar lo que ella podía llegar a hacerles por conseguir lo que quería.

Mía salió de la mansión buscando a alguien que la llevara a casa de Meiko, la llamó y le dijo que pasaría a por ella. Necesitaba desahogarse antes de ir a clase, necesitaba que ella supiera todo, porque si se derrumbaba iba a necesitar que ella la recogiera. De camino al colegio Mía le explicó todo a Meiko, hasta el último detalle, y Meiko casi llora. Pero lo que más le preocupaba a Meiko era la reacción de Charlotte, la conocía y que Ryo hubiese preferido llevar a Mía no era algo que fuese a pasar por alto, aunque no le dijo nada a Mía porque no quería preocuparla. Quizás con la alegría de volver con Ryo Charlotte no le hiciese nada.

Al llegar, notaron que algo raro pasaba. Todo el mundo las miraba pero nadie les decía nada y eso mosqueaba a Mía, que no tenía un buen día para aguantar ese tipo de cosas. Fueron directas a clase para evitar cruzarse con la nueva pareja, y cuando entraron al aula vieron cómo la pizarra estaba llena de insultos hacia Mía, llamándola de prostituta para arriba. Meiko empezó a borrar todo, pero Mía se dio cuenta de que su silla y su mesa tampoco estaban. Se asomó a la ventana abierta y vio que estaban abajo, así que, con toda serenidad, salió de la clase y se dirigió a buscarlas. En mitad del pasillo se cruzó con Ryo y Charlotte.

—¿Dónde vas, Mía? Ya casi empieza la clase y vas a llegar tarde —preguntó Charlotte, conociendo la respuesta perfectamente.

—Que se me ha olvidado coger algo, ahora subo —respondió sonriendo Mía, sabiendo que Charlotte estaba detrás de todo.



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В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

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