Desafiando Tokio

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CAPITULO 13

Cuando Meiko vio a Mía en la puerta de su casa sintió un poco de alivio, las últimas horas en clase habían sido eternas. Iba a pasar por casa de Mía antes de ir al restaurante. Meiko se acercó y se sentó a su lado a contemplar el cielo.

—Bonito día, ¿verdad? —dijo Meiko.

—Increíble. Tanto, que me he tenido que refrescar de camino a casa —contestó sonriendo Mía.

—¿Estás bien? —preguntó Meiko mientras se levantaba e indicaba a Mía que la siguiera dentro de la casa.

—No mucho, y, la verdad, el día no ha mejorado desde la última vez que te vi.

—Lo dicho, hace un bonito día —dijo Meiko cerrando la puerta de su habitación.

Tras esto, Mía se sentó en la cama de Meiko y le contó la conversación con el señor Maeda. La habitación de Meiko era pequeña, apenas cabía una cama y una mesa. Estaba adornada con pósters de revistas. No podía imaginarse lo que tuvo que ser pasar de una habitación como la de Mía en la mansión a una que era más pequeña que su cuarto de baño. Cuando terminó de contarle todo, Meiko no sabía qué decir, Mía tenía un mar de problemas y no sabía cómo abordar ninguno de ellos.

—Bueno —dijo Mía—, tengo que empezar por algún lado, así que empezaré por el principio. El problema con Ryo.

—¿Qué vas a hacer con él? —preguntó Meiko.

—Creo que lo de ser amigos no es buena idea, mejor cada uno por su lado y ya —contestó Mía.

—¿Después de todo lo que ha pasado entre vosotros? ¿Estás segura?

—No, segura no estoy, pero cada vez que lo veo me tiraría encima suya —dijo Mía—. Así que me limitaré a saludarlo cuando no pueda evitarlo.

—Está bien —respondió Meiko con dudas—. Ahora pasemos al tema de tu madre.

—Ufff, ese tema tiene casi la misma edad que yo —comenzó a decir Mía—. Creo que ha llegado el momento de cortar el cordón umbilical. Si mi madre quiere vivir su vida, yo no voy a ser una carga.

—¿A qué te refieres? —preguntó Meiko intentando comprender las palabras de Mía.

—Esta vez no me voy con ella, cuando me busque no me va a encontrar —contestó Mía con melancolía.

La voz de Mía era triste, estaba diciendo en voz alta sus pensamientos y, aunque creía firmemente que hacía lo mejor, no podía evitar sentirse mal.

—Eso es muy duro, es tu madre a pesar de todo —dijo Meiko.

—Y eso no va a cambiar nunca, pero esta vez no voy a correr tras ella, tendrá que aprender a vivir con sus elecciones.

—¿Y qué vas a hacer respecto a la escuela y donde vives? Porque si tu madre se despide no querrás quedarte allí, ¿no?

—La verdad es que no, me iría ahora mismo, pero primero voy a buscar un trabajo después del colegio y luego algún cuarto donde quedarme. ¿Sabes si hay posibilidad de ir solo a exámenes? —preguntó Mía.

—Sí que se puede, presentando justificante de trabajo y siendo mayor de edad. ¿Estás segura de poder tener un trabajo y estudiar a la vez?

—No, pero trabajar mantendrá mi mente ocupada, y evitar ir al colegio me ayudará a olvidarme de Ryo —concluyó Mía.

Mía estaba totalmente abatida, decir todo eso en voz alta lo convertía en algo real, algo que no sabía si iba a poder controlar. Se sentía completamente sola, con un vacío por dentro, hasta que tras unos minutos en silencio Meiko habló.

—¿Sabes qué? Me voy contigo a vivir —dijo Meiko.

—¿Qué? —preguntó Mía sorprendida—. No tienes por qué hacerlo, tienes a tus padres y ya has pasado lo tuyo.

—Por eso mismo, yo sé lo que es que todo cambie de un día para otro. A mis padres les han ofrecido comprar el restaurante, ellos quieren vender cuando yo me case, pero, siendo realistas, eso no pasará en mucho tiempo, quiero ir a la universidad.

—¿Entonces de qué vivirán? —preguntó Mía sin entender.

—Si venden aquí, quieren montar un negocio de verduras en el pueblo de mis tíos. Es pequeño y está en la provincia, pero con lo que saquen del restaurante lo abrirán y podrán cultivar sus productos. Si yo me fuera de casa el problema estaría solucionado.

—No te van a dejar ir, eres su niña —dijo Mía intentando hacer entrar en razón a Meiko.

—Y lo seré en cualquier sitio que me encuentre, pero ellos saben que a los hijos hay que dejarlos madurar solos. Si me voy contigo no pondrán problema, mientras les enseñe un lugar donde vivir y un trabajo que nos mantenga no se opondrán.

—Así que hay que buscar un cuarto para dos y dos trabajos para cada una, ¿no? —preguntó Mía sonriendo.

—Yo tengo algo ahorrado —dijo Meiko—. Si juntamos un poco más, podemos rentar algo en poco tiempo. Iremos a clase de mañanas y a trabajar de tardes.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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