Desafiando Tokio

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CAPITULO 15

Mía y Michael bajaron a desayunar temprano, aunque habían dormido poco. Mía quería empezar a hacer los trámites para dejar de asistir a clase y le había pedido a Michael que fuera con ella esa mañana a hablar con el director. El pie le molestaba un poco, pero la hinchazón había bajado casi hasta desaparecer.

—Mía, es viernes, ¿no puedes dejar esto para el lunes? —preguntó Michael desperezándose mientras terminaban de desayunar.

—Prefiero hacerlo hoy, así puedo saber cuánto tiempo tengo que esperar para buscar trabajo y casa —contestó Mía bostezando.

—Eres una impaciente, lo sabes, ¿verdad? —dijo Michael sonriendo.

Cuando acabaron, se fueron directos al colegio. Esa mañana, Mía se había librado de ver el espectáculo de amor entre Ryo y Charlotte porque, aunque no durmiera anoche con él, no dudaba que fuese a desayunar. Al llegar no había casi nadie, tan solo estaban los profesores y algunos alumnos que tenían hora de tutoría, entre ellos Daisuke.

—¿Qué tal llevas el pie? —preguntó Daisuke mientras ayudaba a Mía a bajar de la moto.

—Mucho mejor, ¿cómo lo sabías? —preguntó Mía, hasta que se dio cuenta por la forma de levantar las cejas de Daisuke que Ryo se lo había contado—. ¡Ah! Bueno, claro, no había caído en eso.

—¿Y qué hacéis por aquí tan temprano, parejita? —preguntó Daisuke intrigado.

—Venimos a hablar con el director sobre unas gestiones administrativas —contestó Mía mientras Michael sonreía por la respuesta.

Daisuke se quedó un poco mosqueado, no se terminaba de creer lo de las gestiones administrativas y, cuando se despidió de ellos, llamó a Ryo por teléfono.

—Qué atine tienes, tío. Llevo esperando que me llames toda la mañana y lo haces justo ahora que no puedo hablar —dijo Ryo bromeando.

—Bueno, si no puedes hablar, ¿al menos puedes decir que sí o que no? —preguntó Daisuke.

De fondo se oía a Charlotte preguntar que quién era tan temprano. Como Mía había supuesto, se presentó allí a desayunar con Ryo y al oír el teléfono se quedó atenta a ver si escuchaba algo.

—Es Daisuke, que necesita saber algo de clase —le contestó Ryo a Charlotte—. Continúa Daisuke, yo te digo sí o no.

—¿Has visto a Mía por la mañana? —comenzó preguntando Daisuke.

—No.

—Pues ha venido aquí con ese tío, Michael, a hablar con el director, ¿tú sabes de qué?

—No.

—Ya me imaginaba, según ella es por gestiones administrativas, pero el curso ha empezado y tu padre dejó todo atado antes de irse, ¿verdad?

—Sí.

—Pues algo no me cuadra, ¿será que viene Michael a estudiar aquí? ¿O que Mía se va a estudiar con él?

—¡No! —gritó Ryo sin poder contenerse.

—Bueno, tú ven pronto que yo intento averiguar algo cuando salga de hablar con el tutor.

Ryo colgó el teléfono preocupado, no le apetecía escuchar a Charlotte hablar de vestidos ni un minuto más, y necesitaba saber qué pasaba con Mía. Meiko no le iba a contar nada, y a Ryo cada vez le costaba más pensar claramente después de la conversación con Michael. Decidió llamar a su padre a ver si él sabía algo sobre las gestiones que estaba haciendo Mía y dejó a Charlotte desayunando sola.

—Hola, papá, espero no interrumpirte —dijo Ryo serio.

—Tú nunca lo haces, igual que nunca me llamas. ¿A qué se debe la sorpresa? —preguntó el señor Maeda.

—Era para preguntarte si sabias qué gestiones administrativas tiene que hacer Mía, se ha ido temprano al colegio para hacerlas y no he podido hablar con ella —explicó Ryo.

—¡Ah! Ya veo, no sé qué pasa exactamente pero algo me imagino —contestó el señor Maeda.

—Cuéntamelo, por favor —le pidió Ryo.

—No sé si debería, no es mi asunto.

—Pero si soy tu hijo. Y te lo pido como tal, solo quiero ayudarla y ella no se deja.

—En ese caso te contaré lo que sé, me preocupa que esa chiquilla ande sola por ahí.

—¿A qué te refieres? —preguntó intrigado Ryo.

—Verás, hace unos días hablé con Mía; su madre ha dejado la compañía para quedarse con su nueva pareja en Corea. Mía me llamó porque sospechaba algo y su madre no le cogía el teléfono —dijo el señor Maeda.

—¿Su madre no le ha dicho que ha dejado el trabajo para quedarse con un hombre? Qué mujer más simpática —interrumpió Ryo.

—Bueno, eso son cosas de cada uno, hijo, y no la podemos juzgar. El caso es que Mía cuando se enteró me dio las gracias por todo y me dijo que iba a dejar la casa, no le parecía bien quedarse allí si su madre no trabajaba más conmigo. Así que las gestiones deben de ser por algo relacionado con eso.



RACHELRP

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В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

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