Desafiando Tokio

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CAPITULO 16

Mía y Michael se levantaron tarde, era casi la hora de comer cuando el teléfono de Michael sonó y ambos se despertaron. Michael cogió el teléfono de la mesita y se fue al otro lado de la habitación para hablar. Mía se arrastró por encima de la cama, estirándose para llegar a su mochila y no tener que levantarse. La alcanzó con la punta de sus dedos, la agarró y sacó el móvil. Lo tenía apagado desde el día anterior para evitar que Ryo la localizara. Al encenderlo, tenía más de cincuenta llamadas de Ryo, otras tantas de Daisuke y una de Meiko.

Le empezaron a llegar mensajes del buzón de voz y se dispuso a oírlos mientras Michael hablaba por teléfono. Las primeras eran de Ryo pidiéndole que cogiera el móvil. Cada vez se ponía menos agresivo y más dulce. Eso hizo que Mía pensara en él con una sonrisa en los labios, hasta que en uno de los mensajes escuchó la voz de Charlotte de fondo. Mía se cabreó muchísimo, no entendía cómo podía estar intentado hablar con ella y a la vez tener a la otra en espera, si Ryo pensaba jugar a dos bandas lo tenía difícil con Mía.

Para evitar tentaciones, borró todos los mensajes que faltaban sin escucharlos, excepto el de Meiko. En el mensaje le decía que había ido con sus padres a ver a sus tíos para comprar el local y mirar una casa, sentía no celebrar ese fin de semana su cumpleaños y le prometía compensarla. Antes de despedirse le dijo que Ryo la había llamado y jurado que iba a encontrarla aunque tuviera que llamar a todos los hoteles de Japón, eso hizo que Mía se riera justo cuando Michael cortó la llamada.

—Cuéntame el chiste que yo también me quiero reír —dijo Michael sentándose al borde de la cama junto a Mía.

—Era un mensaje de Meiko, que no puede venir hoy a celebrar mi cumple —dijo Mía mientras se incorporaba y se sentaba al lado de Michael.

—¿Y eso es tan gracioso? —preguntó Michael sin entender el chiste.

—No, lo gracioso es que me ha dicho que Ryo está llamando a los hoteles buscándonos.

En ese momento llamaron a la puerta y ambos se quedaron callados, muy serios, mirándose el uno al otro. Michael se levantó y abrió la puerta. Tras ella, apareció un camarero con el desayuno.

—Buenos días, traigo el desayuno para Marco Antonio y Cleopatra —dijo el camarero.

Mía y Michael estallaron en carcajadas, el camarero no entendía la situación pero guardó la compostura, les dejó el carro con el desayuno y se fue. Desde pequeños, todos consideraban a Michael y Mía una pareja aunque ellos no se vieran así. Por eso, siempre que dormían en un hotel, reservaban un restaurante o alquilaban un coche, daban el nombre de una pareja famosa. Al llegar al hotel el día anterior hicieron lo mismo, no solo por tradición, sino porque sería más difícil de que los localizasen. Por eso Mía y Michael no podían parar de reír imaginándose a Ryo y la factura de teléfono a fin de mes.

—Bueno, despertar así da gusto —dijo Michael secándose las lágrimas de la risa—, pero ahora hay que ponerse serios.

—Sí, Marco Antonio —dijo Mía sin poder parar de reír—. Vale, vale, me sereno. ¿Qué pasa?

—Acabo de hablar con Hikaru, un amigo del instituto, con quien compartía cuarto en París, ¿te acuerdas? —dijo Michael.

—Mmmm... ¡ah! ¡Sí! ¿Qué pasa con él? —dijo Mía haciendo memoria.

—Bueno, dejó los estudios hace un año para dedicarse a los negocios. Tiene una discoteca muy famosa aquí, la Maneki-Neko, y esta noche empiezas a trabajar allí.

—¿De verdad? —preguntó Mía sin creérselo.

—Sí, estás de prueba pero al menos es algo.

—¡Gracias! —dijo Mía tirándose al cuello de Michael para abrazarlo.

—No me las des aún, tienes que pasar la prueba de hoy, es sábado, estará llena de gente y no sé qué es lo que tienes que hacer.

—¿Y? —preguntó Mía con la cabeza alta—. ¿Acaso hay algo que no pueda hacer?

—¿Volver a casa a por ropa adecuada para esta noche? —contestó Michael con una sonrisa.

Mía se dio la vuelta y le señaló la espalda con su dedo.

—Por favor, quítame el puñal que me has clavado que no llego —dijo riéndose—. Aunque tienes razón, y Meiko no está para dejarme nada.

—Qué te parece una tarde de compras, ¿te apuntas? —preguntó Michael enseñándole la American Express Negra.

Mía sonrió y volvió a abrazarlo, le prometió devolverle el dinero por duplicado si así evitaba cruzarse con Ryo. Desayunaron, se vistieron y se fueron a comprar al centro comercial Shibuya 109. A Mía le encantaba ir allí. Era un edificio de ocho plantas lleno de tiendas para mujeres donde podías encontrar de todo a muy buen precio.

Se pasaron el día buscando algo adecuado para ponerse, la discoteca tenia reglas de vestimenta y eso indicaba que allí se movía el dinero; así que Mía tenía que encontrar ropa a buen precio y que pareciese buena.



RACHELRP

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Text includes: instituto, japoneses, tirondepelos

Edited: 14.02.2018

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