Desafiando Tokio

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CAPITULO 17

Michael y Hikaru no podían llegar hasta las escaleras que daban al piso superior donde estaba Mía. De repente, dos tipos de seguridad agarraron cada uno de un brazo de Aku y lograron que soltara a Mía.

Desde abajo, podía verse a Mía acurrucada en el suelo, intentado respirar con normalidad de nuevo. La gente empezaba a ponerse nerviosa. Hikaru ordenó por el walkie que subieran a la barra las gogós para que la cosa no pasara a mayores, una pelea en un lugar así podía acabar con muchos heridos. Cambiaron el tema que sonaba por uno mucho más conocido, pero nadie dejaba de mirar la escena.

Mía logró ponerse en pie y se asomó para avisar a Michael de que estaba bien. Al mirar hacia abajo se dio cuenta de que todo el mundo estaba expectante de la situación. Se sentía como en un teatro, solo que a ella no le habían avisado que era la actriz principal.

Empezaron a haber empujones entre pequeños grupos. Cuando Mía y Michael cruzaron miradas, Mía notó un revuelo tras ella. Los amigos de Aku estaban ayudándole a librarse de los de seguridad, y las escaleras que estaban justo en frente para acceder a los demás pisos estaban bloqueadas por la gente que quería ver qué ocurría. Los de seguridad no podían llegar a ayudar a sus compañeros.

Mía se dio la vuelta y entre Aku y ella tan solo había un metro, nadie de por medio y una sonrisa en la cara de este que indicaba que su turno era el siguiente. Mía no iba a quedarse a esperar para ver qué era ese turno, así que puso sus dos manos en la barandilla de piedra y se subió de un salto, quedándose sentada en ella, igual que cuando sales de la piscina. La anchura era la suficiente para que Mía se pusiera a cuatro patas. Miró a Michael, le sonrió y luego miró hacia arriba.

—Hikaru, ¿hay alguna manera de llegar arriba sin usar las escaleras? —preguntó Michael gritando para que le oyera.

—Si, en el otro lado de la sala hay un ascensor VIP para ir directos a la planta de mi despacho.

—Entonces vamos allí, necesito subir rápido.

Hikaru no entendía la situación, pero le dijo que lo siguiera y en pocos segundos estaban fuera del tumulto y subidos en el ascensor.

—Ha sido más fácil salir de ahí que entrar —dijo Michael arreglándose la ropa.

—¿Se puede saber dónde vamos?

—¿Te acuerdas que te dije hace un par de horas que Mía es especial? Bueno, pues vas a ver lo que una chica especial hace para salir de un buen lío. Vas a saber por qué la llamo Kitty.

—Michael, creo que no es el momento de acertijos, la gente empieza a empujarse para ver lo que pasa en la primera planta, y Mía no tiene más ayuda que sus manos. ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —preguntó Hikaru mientras Michael le detenía y le pedía que se asomara.

—Porque me ha sonreído, y cuando ella sonríe todos los problemas se acaban.

Dicho esto, Hikaru buscó con la mirada a Mía y vio cómo esta les sonreía al ver que Michael la había entendido. Se puso de pie y deseó haberse puesto deportivas en vez de tacones.

—Sube el volumen de la música, Mía necesita oír solo eso —dijo Michael.

Inmediatamente después, Hikaru daba el aviso por el walkie y la música subió hasta el punto que no oías ni lo que te gritaban al oído. Hikaru volvió a asomarse y vio a Mía caminar por la barandilla con total seguridad. Aku estaba asomado buscándola y apartando a todo el mundo para llegar hasta ella. La gente creyó que era parte de un espectáculo y comenzó a aplaudir.

Mía llegó hasta el final del lado de esa barandilla. La planta de la discoteca era circular, pero cada pocos metros había un corte en la barandilla que integraba una columna jónica que iba de arriba a abajo de la discoteca, a lo largo de sus tres plantas. En la columna, a la altura de Mía, había un altavoz que le llegaba por los hombros. Puso sus manos para subir, pero se dio cuenta de que era imposible subir a pulso, así que, mientras Aku apartaba a la gente para llegar hasta ella, Mía le pidió con gestos a un chico guapo y alto que colocara sus manos de apoyo. El chico entendió enseguida la idea y le entusiasmó participar en el espectáculo. Puso sus manos y Mía recibió el impulso necesario para subir encima del altavoz.

Aku llegó a tiempo para agarrarla de un pie, pero Mía se tambaleó encima del altavoz, se agachó, apoyó la rodilla del pie que tenía cogido y le dio una patada con el otro. Aku la soltó.

Hikaru y Michael seguían observando desde arriba. Michael no estaba tranquilo del todo, aunque en su cara siempre había una sonrisa para que cuando Mía mirara no le entrara el pánico. Hikaru, por su parte, tenía una cara de espanto al ver esa situación. Llevaba el walkie en su mano, pero no podía articular palabra alguna.

Aku se asomó de nuevo con sangre en la nariz por la patada, miró primero a Mía y luego un poco más arriba de ella. Se volvió hacia su gente e hizo un gesto que a Mía no le gustó nada. Les indicó que dos se quedaran ahí y el resto lo acompañara arriba. Desde la segunda planta se podía acceder hasta donde estaba ella de una manera más segura.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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