Desafiando Tokio

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CAPITULO 20

El día siguiente fue aún más agotador para Mía, se despertó a las cinco, desayunó, se vistió y se fue a fregar platos. No paraba de bostezar y su trabajo era casi mecánico, si no fuera por el agua fría podría haberse quedado dormida de pie. Aun así aguantó como pudo, terminó su tarea y se dirigió a la parada de autobús a esperar a Meiko. En el camino se decidió a llamar a Hikaru, quería pedirle que cambiara a Meiko de puesto, o que la pusiera donde Mía pudiera ayudarla.

—Buenos días, Hikaru, ¿te he despertado? —preguntó Mía esperando no haber empezado con mal pie.

—Para nada, me pillas en el coche camino de una reunión. ¿Qué pasa?

—Bueno, verás... tengo que pedirte algo...

—¿Es sobre Meiko?

—Sí, ¿cómo lo sabes? —preguntó Mía sorprendida.

—Me llamó ayer para renunciar. Le dije que pasara hoy por mi oficina.

—¿Renunciar? ¡Mierda!, sabía que ayer no estaba bien.

—¿Qué pasa, Mía? Cuéntamelo con confianza o no podré ayudarte.

—Bueno, ¿estoy hablando con Hikaru mi amigo o Hikaru mi jefe? —preguntó Mía antes de contar nada.

—Soy el mismo.

—Bueno, técnicamente, si te cuento algo como amigo no puede repercutir en tu actuación como jefe, ¿no?

—Mía, venga, suéltalo, si se lo ocultas a tu jefe no puede ser bueno, y como amigo deberías considerar decírmelo, ¿no?

—¡Qué difícil! De todas maneras lo ibas a saber así que ahí va, Meiko está embarazada —un silencio se hizo al otro lado de la línea—. Sé que debimos contártelo pero necesitamos el trabajo, ella ayer se pasó todo el rato con náuseas y teniendo que cargar peso.

—Por eso me llamó para renunciar... ¿Y por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Hikaru en tono enfadado.

—Porque una mujer embarazada no suele ser la primera elección de recursos humanos, lo siento. ¿Estamos despedidas?

—¿De verdad creíste que no la contrataría por eso?

—Bueno, tu tono indica que no estás muy contento ahora que lo sabes, ¿estás muy enfadado?

—Ahora mismo te daría un par de azotes en el culo si fueras mi hija, ¿cómo se os ocurre ocultármelo? —dijo Hikaru enfadado—. No me importa que esté embarazada, pero si llega a pasarle algo, ¿sabes cómo me hubiera sentido?

—¿Así que estás enfadado por si le hubiera pasado algo? —preguntó Mía incrédula.

—Mía, tengo una hija de cinco años que casi no nace por la inconsciencia de su madre.

—Eso no lo sabía, lo siento.

—Bueno, no le digas nada a Meiko de que hemos hablado que buscaré una solución a esto, ¿de acuerdo?

—¿Te he dicho lo fantástico y maravilloso que eres? —preguntó Mía en tono de alabanza.

—No seas pelota, aún estoy enfadado contigo.

—Pero me quieres, ¿a que si?

—Tanto como una patada en el culo.

Ambos se rieron y el ambiente se relajó. Cuando Mía vio a Meiko bajarse del autobús se despidió de Hikaru y colgó en seguida. Meiko no tenía muy buena cara.

—¿Mala noche? —preguntó Mía sonriendo.

—¿Y tú me preguntas? —contestó Meiko burlándose de ella.

—Espero no dormirme en clase, en cuanto acabe la primera hora entrego el papel y me voy a casa a dormir. ¿Tú que harás? —preguntó Mía mientras emprendían el camino a clase.

—Yo parecido, le entrego el papel y me voy a ver a Hikaru, ayer me despedí —dijo Meiko triste.

—¿Ah, sí? —preguntó Mía como si no supiese nada—. ¿Y a qué vas a hablar con él?

—Bueno, me dijo que no acepta renuncias telefónicas, así que me toca presentarme y pasar un mal rato. En fin, cambiemos de tema, ¿cómo te fue en el trabajo ayer? ¿Alguna sorpresa?

—¿Te refieres a si Ryo vino a buscarme? —Meiko sonrió con culpabilidad—. Sí, vino y hemos quedado como amigos.

—¿Ah, sí? —preguntó Meiko con un tono burlón—. No sabía que quisieras ser su amiga.

—Y no quiero, pero estoy enganchada a la adrenalina que siento cuando está cerca, no lo puedo evitar, tengo mono de él.

—Eres una yonki de Ryo.

—Sí, y no sabes cómo me jode reconocerlo —terminó diciendo Mía, riéndose.

Cuando entraron al edificio, un hombre vestido de mayordomo de la corte se les acercó. Les dijo que el director quería verlas a ambas en ese mismo instante y las escoltó hasta su despacho. Ni Meiko ni Mía sabían qué quería pero con la conciencia tranquila ambas se dirigieron a averiguarlo. Al llegar al despacho vieron salir a Charlotte de él llorando, mientras el director la consolaba dándole palmadas en la espalda.



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В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

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