Desafiando Tokio

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CAPITULO 21

En el instante en que sonó el despertador, Mía se dio cuenta de que algo no estaba bien, ese no era el sonido de la alarma de su móvil. Abrió los ojos y confirmó sus sospechas al tiempo que Ryo le daba al snozze para dormir cinco minutos más. Mía se quedó quieta intentado recordar lo que había pasado, como la mañana después de una buena borrachera. Reconstruyó los hechos paso a paso, pero su mente se perdía una vez que estaba sentada en la mesa del comedor y Ryo se levantó a llamar. Levantó las sábanas y vio que no llevaba su ropa, ni su pijama, tan solo una camiseta que no era suya. Miró a Ryo, que dormía plácidamente a su lado con su brazo debajo de la cabeza de Mía, levantó la sábana de su lado y vio que él llevaba sus bóxer. Que ambos estuvieran vestidos era bueno, pero lo que llevaban puesto no indicaba que no hubiese pasado nada.

Se incorporó, pero al momento sintió cómo dos manos agarraban sus hombros y tiraban hacia atrás de ella volviendo a tumbarla mientras Ryo pasaba su mano por encima de su cuerpo.

—Aún quedan unos minutos, Mía —dijo Ryo medio dormido y sin abrir los ojos—, duérmete un poco más.

Con las palabras de Ryo en el aire, Mía se giró y empujó a Ryo tan fuerte que lo tiró de la cama.

—¡Joder!, ¿estás loca? ¿Quieres matarme? —dijo Ryo exaltado, levantándose del suelo y quitándose la ropa de cama que se había enredado en su cuerpo durante la caída.

—¿Cómo he acabado aquí? —preguntó Mía desde encima de la cama.

—Anoche te quedaste dormida en la mesa y te llevé a la cama —contestó Ryo frotándose el culo, que aún le dolía del golpe.

—Me llevaste a TU cama —dijo Mía enfadada—. Así que si quieres salir de aquí caminando por tu propio bien cuéntame qué pasó exactamente.

—¿Era necesario despertarme así para pedirme explicaciones? —preguntó sentándose en la cama de nuevo.

—Tanto como dormir aquí.

—Está bien. Anoche llegamos, estabas cansada, me fui a hacer una llamada, volví y estabas dormida, te cargué, te veías tan tranquila que decidí traerte hasta aquí, te puse el pijama y nada más, ¿contenta?

—¡No! —contestó Mía levantándose de la cama—. ¿Has visto la hora que es? Ya no llego a fregar...

—Veo que no te acuerdas —dijo Ryo estirándose hasta llegar a su cartera encima de la mesita de noche—, desde ayer ya no trabajas ahí —siguió diciendo mientras le daba un papel a Mía.

—¿Qué es esto? —preguntó Mía mientras abría el papel y lo leía.

—Es tu contrato, anoche lo firmaste. Quiero que me enseñes a hacer parcour.

—¿Esto es legal? —Ryo asintió—. Entonces no lo he soñado —dijo Mía recordando la situación—, me despido.

—No puedes, hay una cláusula que te impide hacerlo al menos durante el primer mes, si lo incumples puedo llevarte a juicio y los abogados aquí son muy caros.

—Soy capaz de romperme una pierna para no enseñarte —dijo Mía claramente enfadada.

—Te creo, pero escúchame, de verdad que esto es bueno para ambos. El trabajo de fregar te ocupa demasiado, esto es en casa después de que termines del catering, y pago muy bien —terminó diciendo Ryo con una sonrisa en su cara.

—No entiendo por qué haces esto, ¿para qué necesitas el parcour? Sé que sabes pelear.

—Exacto, pero no todas las peleas se ganan, y a veces es mejor saber escapar, y esto me ayudaría mucho... Venga, porfa —ronroneó.

Ryo tenía a Mía agarrada del brazo y tiraba de la manga de la camiseta como si fuera un niño pequeño suplicando que le compren un juguete nuevo. Mía leyó detenidamente el contrato, la verdad es que era buena oportunidad, un buen sueldo y haciendo algo que realmente le gustaba. Tras unos minutos leyendo el contrato, Mía levantó la cabeza y se quedó mirando a Ryo.

—Está bien, acepto, pero no creas que esto va a ser un paseo en barca porque voy a machacarte y encima te cobraré por ello.

—Yo te dejo que me machaques lo que quieras —contestó Ryo con una sonrisa de medio lado.

—Otra pregunta más, gigoló, ¿se puede saber cómo he acabado con tu camiseta?

—Culpa mía —dijo Ryo con una sonrisa picarona—. No te enfades, no he visto nada que no hubiese visto antes.

—¿Sabes que eres un pervertido? —preguntó Mía riéndose.

—¿Y tú sabes lo increíble que te ves con esa camiseta?

Mía le tiró un cojín a la cara y Ryo se tiró hacia atrás como si un misil le hubiera alcanzado. Ambos se encontraban a gusto, se sentían cómodos el uno con el otro. Mía miró el reloj, recogió su ropa de encima de la silla de Ryo y se fue a la puerta.

—Me voy a vestir que es hora de ir a clase —dijo Mía abriendo la puerta, antes de salir se giró y miró a Ryo a los ojos—. Otra cosa, aún te falta mucho para engañarme, en ese contrato no hay ninguna cláusula que impida que me despida.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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