Desafiando Tokio

Размер шрифта: - +

CAPITULO 22

Cuando Mía abrió los ojos, tardó unos segundos en reconocer el sitio en el que se encontraba. Era una habitación blanca, con unas ventanas por las que entraba la suficiente luz como para iluminar toda la estancia. Giró su cabeza para mirar de frente y se encontró a Hikaru sentado en un sofá negro, y a Meiko recostada sobre su regazo, también dormida bajo una manta. Sintió su cuerpo como si llevara años sin moverlo, entumecido. Comenzó a mover cada una de sus extremidades con cuidado, pero al llegar a su brazo izquierdo notó un gran peso sobre él, al mirar, Mía se encontró con Ryo, que estaba sentado en una silla, apoyando su cuerpo sobre el colchón mientras sostenía la mano de Mía. En ese momento, la puerta se abrió lentamente.

—Bueno días, Bella Durmiente —susurró Daisuke con una sonrisa.

—¿A qué fiesta fuimos? Porque debió ser buena si hemos acabado todos durmiendo en la misma habitación y yo no me acuerdo de nada, seguro que nos dieron garrafón —dijo Mía bromeando.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Daisuke—. Ayer nos diste un buen susto.

—Como si un elefante hubiese bailado salsa sobre mi cuerpo —sonrió Mía—. ¿Qué pasó?

—Estabas en el despacho de Hikaru y te desmayaste. Ryo me llamó histérico cuando te trajeron aquí, no paraba de repetir que no te movías, obligó a los médicos a hacerte pruebas de todo tipo.

—¿Y qué tengo? —preguntó Mía un poco preocupada.

—Agotamiento físico y principio de anemia por falta de una buena alimentación, nada que no se cure con descanso y un buen restaurante.

Daisuke se situó el lado de la ventana, junto a la cama de Mía.

—¿Sabes? Ha estado esperando a que te despiertes toda la noche —dijo Daisuke señalando a Ryo con la mirada—, hace un rato que se quedó dormido.

Mía le miró un poco incrédula.

—¿No me crees? —preguntó Daisuke.

—No del todo.

—Lo dices por Charlotte, ¿verdad? —Mía asintió—. Conozco a Ryo desde hace años, aunque parece que nada le importa lo suficiente no es así, se lo queda todo dentro, y eso le está consumiendo.

—No te entiendo.

—Ni él mismo, hasta hace unos meses todo era fácil, tenía una novia, unos planes, una vida, por así decirlo. Luego apareciste tú en un mal momento de su vida e hiciste que dudara de todo lo que para él era seguro. Te quiere, quiere estar contigo, pero siente que ha traicionado a Charlotte enamorándose de ti, y no sabe cómo compensarla por eso.

—¿Por qué tiene que compensarla? —preguntó Mía frustrada—. Eso es lo que me molesta, es triste cuando algo se acaba pero si uno deja de sentir es mejor dejarlo, no quiero que alguien esté conmigo por rutina. ¿Sabes lo duro que debe ser despertar un día y darte cuenta que tu vida ha pasado y que ya no hay vuelta atrás? Si Charlotte lo quisiera, le dejaría ir.

—Es verdad, pero Charlotte no es tan altruista como tú. No va a dejar que él se escape, y va a hacer lo imposible para que no estéis juntos. Solo te pido que confíes en él y no caigas en las trampas de Charlotte.

—No me importan las trampas de Charlotte, como mujer sé que podemos ser realmente malas si queremos, lo que me molesta es que él se lo permita, eso me duele —dijo Mía con una lágrima recorriendo su mejilla.

Cuando Daisuke se dio cuenta de todo lo que le dolía a ella se le encogió el alma, siempre pensó que Mía podía con todo, pero en ese instante se dio cuenta de que lo único que hacía Mía era ocultar lo que sentía, para hacerle la vida más fácil a los que le rodeaban.

—¿Qué te duele? —preguntó Ryo levantando su cabeza poco a poco.

Mía se limpió la lágrima y llevó un dedo a su boca en un gesto de silencio, Daisuke asintió.

—¿Qué va a ser? La mano de la que te has apropiado, creo que está gangrenada —contestó Mía riéndose.

Daisuke observó cómo Mía pasaba de la tristeza a la alegría en un segundo, y era capaz de hacer bromas mientras se secaba las lágrimas. Era la mejor persona que Daisuke había conocido jamás.

—Lo siento —dijo Ryo, soltándola—, ¿cómo te encuentras? —preguntó apartando un mechón de pelo de la cara de Mía.

—Bien, bien, no hacía falta que te quedaras aquí, tan solo era falta de horas de sueño.

—Y de comida —terminó Ryo—. Siento no haberme dado cuenta...

Los ojos de Ryo se veían tristes, se echaba la culpa de lo sucedido, pero Mía sabía que no la tenía. Simplemente cuando tenía demasiadas cosas en la cabeza se le olvidan las básicas, no era algo que reprochar a nadie.

—Mi cuerpo es mío, y lo que a él le pase es mi responsabilidad, tú no me obligaste a no comer o a trasnochar, ¿o sí? —preguntó Mía mirando directamente a los ojos a Ryo.



RACHELRP

#42 в Joven Adulto
#132 в Novela romántica
#47 в Chick lit

В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

Добавить в библиотеку


Пожаловаться




Books language:
Interface language: